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P. Pereyra
14/10/2010, 17:30
La oración por sanidad


Santiago 5:13-20 (RV-1960)
(13) ¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas.
(14) ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor.
(15) Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados.
(16) Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.
(17) Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses.
(18) Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto.

Este texto de la Escritura me ha intrigado por mucho tiempo, porque es uno de los pocos pasajes de las Escrituras que hablan sobre qué hay que hacer en caso de que alguno de entre la congregación de creyentes esté enfermo. Uno de los aspectos prácticos más importantes que obtenemos de este pasaje es el de la oración, ante una enfermedad es necesario hacer conocer el caso a los cristianos más maduros de la congregación para que oren por sanidad. Sin embargo, hay otros aspectos descriptos en este pasaje que no son tan claros, uno de estos aspectos es la instrucción a “ungir con aceite”, ¿qué poder especial tiene el aceite para dar sanidad?; el otro aspecto que no es tan claro es la confesión de pecados ¿debe una persona confesar públicamente los pecados para ser sanado?

En este estudio, investigaremos las Escrituras para comprender qué es lo que nos están transmitiendo estos versículos.

Lo primero que haremos será revisar un poco la traducción de estos versículos.

En el 14 la palabra “enfermo” es astheneos, que literalmente significa “sin fuerza”, débil. Puede referirse a cualquier clase de debilidad, tanto física como mental.

En el 15, la palabra “enfermo” es otra palabra griega, es kamno, que significa “sin ánimo”, “desanimado”, “desalentado”.

En el 16, la palabra “confesaos” es la palabra griega es exomologeo, que significa “declarar hacia fuera”, tiene el sentido de hablar abiertamente, sin restricciones. (Se usa en Mt. 3:6; 11:25; Mr. 1:5; Lc. 10:21; 22:6; Hch. 19:18; Ro. 14:11; 15:9; Fil. 2:11; Stg. 5:16).

La palabra “ofensas” ha sido traducida de la palabra griega paraptoma, que aparece en el “Textus receptus” (texto griego de donde se hizo la traducción de la Reina Valera y otras versiones), sin embargo, textos griegos más confiables tienen la palabra griega amartia, que es “pecados”.

La palabra para “orad” es la palabra griega euchomai, que en su raíz significa “desear”, y en el uso bíblico implica orar a Dios por algo que uno desea (los usos bíblicos son: Hch. 26:29; 27:29; Ro. 9:3; 2 Co. 13:7, 9; Stg. 5:16; 3 Jn. 1:2).

La palabra “oración” en este versículo es deesis, que es una oración para pedir algo, se puede traducir como “ruego” o “petición”.

La palabra “eficaz” es en griego energeo, que denota “el uso de energía para hacer algo”. Podríamos traducir aquí como “activa”. Lo que nos dice es que la petición debe ser activa, constante.

En el 17 las palabras “sujeto a pasiones semejantes” es una sola palabra en griego: homoiopathes, que significa “que tiene similares emociones, sentimientos, padecimientos y aflicciones”. En este caso, se usa para señalar que Elías era un hombre como todos los demás, no era un “super-hombre”, por lo tanto, podemos traducir esta palabra como “de-la-misma-naturaleza”.

“Oró fervientemente” en el texto es “con oración oró”. Es una figura de dicción que consiste en hacer una declaración redundante para añadir énfasis. Quiere decir que Elías oró con interés, con deseo, dando continuidad a su oración.

Habiendo hecho estas aclaraciones con respecto a la traducción, podríamos leer este pasaje así:

Santiago 5:13-18 (Mi traducción)
13 ¿Alguno de entre ustedes está-sufriendo-aflicción? Ore. ¿Alguno tiene-buen-ánimo? Cante alabanzas. 14 ¿Alguno de entre ustedes está-débil? Llame a los más-ancianos de la congregación y oren por él ungiéndole de aceite en el nombre del Señor. 15 Y la oración de la fe salvará a el que está-desanimado y el Señor lo levantará, y si existen pecados que ha-cometido le serán-perdonados.
16 Entonces, declaren-abiertamente los pecados unos a otros y continúen-pidiendo-deseosos unos a-favor de otros, para-que sean-sanados. Mucho puede una petición activa de un justo.
17 Elías era un hombre de-la-misma-naturaleza que nosotros y con oración oró que no llueva, y NO llovió sobre la tierra tres años y seis meses; 18 y nuevamente oró y el cielo dio lluvia y la tierra produjo su fruto.

Ahora que tenemos una traducción más adecuada, comenzaremos a ver qué es lo que nos está transmitiendo Dios aquí.

El versículo 13 no es muy difícil de entender, básicamente instruye a que si alguno se siente mal, que ore a Dios al respecto, y si alguien está de buen ánimo, que cante o haga música, lo cual puede ser externamente o internamente, tal como leemos en Efesios:

Efesios 5:18-20 (RV-1960)
(18) No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu,
(19) hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones;
(20) dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

La primera dificultad para entender el pasaje de Santiago está en el versículo 14:

Santiago 5:14 (Mi traducción)
14 ¿Alguno de entre ustedes está-débil? Llame a los más-ancianos de la congregación y oren por él ungiéndole de aceite en el nombre del Señor

La instrucción a seguir cuando alguno está débil (que puede implicar cualquier tipo de enfermedad física, mental, emocional) es llamar a los más ancianos de la congregación. Los “ancianos” no necesariamente son los de mayor edad, sino aquellos que por su conocimiento sobre la Palabra de Dios y por su experiencia en un andar conforme a la voluntad de Dios han llegado a ser espiritualmente maduros. En otras palabras, el versículo dice que si alguien está débil debiera, ante todo, reunirse con aquellos de la congregación que tengan mayor madurez espiritual y contar el asunto para que oren por él.

La segunda instrucción no es para el que está enfermo, sino para los “ancianos”. Ellos, ante el requerimiento de un hermano que está débil o enfermo, deben orar por él para sanidad.

La tercera instrucción es la que ha causado (y causa) gran confusión entre los cristianos: ungir a la persona con aceite. Se han hecho montones de conjeturas al respecto. Algunos atribuyen cierto poder al aceite, otros dicen que esta unción es necesaria para que Dios de sanidad, algunos incluso han forjado todo un “sistema” para otorgar sanidad que incluye al aceite entre los “ingredientes” para poder otorgar sanidad (quizá podrían poner vinagre y sal para darle mayor efectividad a la fórmula).

Pero el cristiano que razona sobre la naturaleza de Dios y ve Su modo de proceder a través de las Escrituras, parece un poco raro que Dios mande a ungir con aceite a alguien para otorgarle sanidad.

Cuando estudiamos sobre los casos de sanidad relatados en la Biblia, vemos que en la gran mayoría de éstos no estuvo presente el aceite. El único caso en que en el Nuevo Testamento se relaciona a la sanidad con la unción en aceite es en Marcos 6:13.

Marcos 6:12-13 (RV-1960)
(12) Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen.
(13) Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban.

Sin embargo, hay muchos casos de sanidad en los que no hubo aceite de por medio, no hace falta hacer una revisión específica, lean sobre la vida de Jesús y las sanidades que ministró y busquen pasajes en los que se diga que Jesús “ungió con aceite” a un enfermo para sanarlo ¡no hay! Tampoco hallaremos que los discípulos de Jesús, ni el apóstol Pablo hayan ungido con aceite a los enfermos para ministrarles sanidad. Este versículo en el libro de Santiago debe entenderse a la luz del contexto cultural de la época.

Volvamos a leerlo:

Santiago 5:14 (Mi traducción)
14 ¿Alguno de entre ustedes está-débil? Llame a los más-ancianos de la congregación y oren por él ungiéndole de aceite en el nombre del Señor

Una de las primeras cosas a notar es que hay dos palabras griegas que en el Nuevo Testamento se traducen como “ungir”. Una es chrio y otra es aleipho. Chrio denota una unción con el fin de dar algún poder o autoridad. En el Nuevo Testamento se usa sólo cinco veces: Lc. 4:18; Hch. 4:27; 10:38; 2 Co. 1:21 y He. 1:9. Todos los usos indican una unción de parte de Dios, dando autoridad, poder o habilidad a la persona ungida para hacer alguna tarea o labor específica. La otra palabra griega para “ungir”, aleipho, se refiere a la aplicación de algún ungüento, esta palabra griega tiene un sentido muy distinto al de chrio, y en el Nuevo Testamento está relacionada con el aseo personal.

Antiguamente, era costumbre de las personas pasarse por el cuerpo aceite de oliva, o algún perfume (que generalmente era aceitoso) como forma de aseo personal. Incluso solían comprar perfumes caros y guardarlos para ungirse con ellos en casos especiales.

Esta costumbre se ve ya en el Antiguo Testamento:

2 Samuel 12:20
Entonces David se levantó de la tierra, y se lavó y se ungió, y cambió sus ropas, y entró a la casa de Jehová, y adoró. Después vino a su casa, y pidió, y le pusieron pan, y comió.

Vean que dice que David se lavó y se ungió y cambió sus ropas. La unción aquí está relacionada con el aseo personal.

2 Crónicas 28:15
Y se levantaron los varones nombrados, y tomaron a los cautivos, y del despojo vistieron a los que de ellos estaban desnudos; los vistieron, los calzaron, y les dieron de comer y de beber, los ungieron, y condujeron en asnos a todos los débiles, y los llevaron hasta Jericó, ciudad de las palmeras, cerca de sus hermanos; y ellos volvieron a Samaria.

Aquí se dice que tomaron a quienes estaban desnudos y los vistieron, los calzaron, les dieron comida y bebida y los ungieron. En otras palabras, hicieron todo lo necesario para que estuviesen presentables.

Esta unción con aceite o perfumes era una forma especial de cuidado del cuerpo. Es como hoy en día perfumarse, ponerse crema, o, para las mujeres, maquillarse. “Ser ungido” es, entonces, un sinónimo de arreglarse y ponerse presentable.

Mateo 6:16-18 (RVA)
(16) "Cuando ayunéis, no os hagáis los decaídos, como los hipócritas, que descuidan su apariencia para mostrar a los hombres que ayunan. De cierto os digo que ya tienen su recompensa.
(17) Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lávate la cara,
(18) de modo que no muestres a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto. Y tu Padre que ve en secreto te recompensará.

Noten aquí que Jesús está hablando de que cuando se hace ayuno, no hay que descuidar la apariencia para parecer sufrientes. Muchos ayunaban tan sólo para hacerse ver y que los demás dijeran “¡Qué creyente es este! ¡Miren como se sacrifica por Dios!” Jesús les dice que esto no debe ser así, si vamos a hacer alguna renuncia a favor de la voluntad de Dios, que nadie se entere, hay que lavarse la cara y arreglarse como siempre. Quizá nadie se entere lo que estamos haciendo, pero Dios sabrá que estamos haciendo algo por Él.

Juan 12:1-3 (RVA)
(1) Seis días antes de la Pascua, llegó Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús resucitó de entre los muertos.
(2) Le hicieron allí una cena. Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él.
(3) Entonces María, habiendo traído una libra de perfume de nardo puro de mucho valor, ungió los pies de Jesús y los limpió con sus cabellos. Y la casa se llenó con el olor del perfume.

En este relato, María trajo un perfume muy caro y con esto ungió los pies de Jesús y los limpió con sus cabellos. En los tiempos de Jesús las personas iban de una lado a otro caminando, y las calles eran básicamente de tierra, como ellos usaban calzados tipo sandalias los pies frecuentemente quedaban sucios por la caminata. Por esto, era una costumbre limpiar los pies de una persona como señal de respeto y muestra de hospitalidad. En este caso, María mostró su respeto y amor por Jesús limpiando sus pies con perfume y con sus cabellos.

Entonces, teniendo en mente lo que hemos visto, podremos comprender mejor el versículo 14 de Santiago:

Santiago 5:14 (Mi traducción)
14 ¿Alguno de entre ustedes está-débil? Llame a los más-ancianos de la congregación y oren por él ungiéndole de aceite en el nombre del Señor

Si entendemos que el ungirse con aceite era una forma de cuidar el cuerpo y ponerse presentable, podremos entender que Santiago aquí no está dando una fórmula para la sanidad en la que es necesario poner aceite en una persona, sino que instruye a ofrecer un cuidado especial por la persona enferma, que esa persona se sienta “mimada”, cuidada, contenida por los otros creyentes, a la vez que están orando por él. Esto es ejercer el amor de Dios para con otro cristiano en una forma práctica, cuidándolo e interesándose por él. “En el nombre del Señor” tiene el sentido de “de parte del Señor” o “como mandato del Señor”, Santiago dice que esto hay que hacerlo en servicio y obediencia al Señor.

Veamos el siguiente versículo:

Santiago 5:15 (Mi traducción)
15 Y la oración de la fe salvará a el que está-desanimado y el Señor lo levantará, y si existen pecados que ha-cometido le serán-perdonados.

Aquí la palabra “salvar” es en griego sozo. Esta palabra tiene una gama amplia de significados, puede significar “ser librado de una situación”, “ser hecho entero o completo”, “obtener integridad, tanto física como mental”. La oración que se hace con fe, o sea aquella que se hace en obediencia a Dios, dará integridad física o mental a la persona débil, la rescatará de la situación adversa en que está. Cuando oramos y actuamos con el amor de Dios, siguiendo estas instrucciones que Dios nos da, el Señor dará sanidad a esa persona, y le levantará, le hará recobrar el ánimo y las ganas de vivir y si cometió pecados que lo llevaron a esa situación, Dios se los perdonará.

Santiago 5:16 (Mi traducción)
16 Entonces, declaren-abiertamente los pecados unos a otros y continúen-pidiendo-deseosos unos a-favor de otros, para-que sean-sanados. Mucho puede una petición activa de un justo.

Aquí hay que hacer una distinción entre este versículo y el anterior. El versículo anterior nos dice que si el enfermo cometió pecados, le serán perdonados. Aquí se nos habla de declarar abiertamente los pecados unos a otros. Algunos malinterpretan este versículo, diciendo que el enfermo es quien debe confesar sus pecados a otros, sin embargo, no es esto lo que se está transmitiendo aquí.

Si leemos sobre las sanidades hechas por Jesús, no veremos muchos ejemplos en los que el enfermo previamente haya tenido que confesar sus pecados para que luego Cristo le de sanidad. Hay pocos casos en que Cristo haya hecho saber al enfermo que sus pecados le eran perdonados. Uno de esos casos es el del paralítico que fue metido en la sinagoga:

Marcos 2:1-11 (RV-1960)
(1) Entró Jesús otra vez en Capernaum después de algunos días; y se oyó que estaba en casa.
(2) E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra.
(3) Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro.
(4) Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico.
(5) Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.
(6) Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones:
(7) ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?
(8) Y conociendo luego Jesús en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones?
(9) ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda?
(10) Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico):
(11) A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.

Noten que Jesús primero dijo a este paralítico que sus pecados le eran perdonados y luego procedió a darle sanidad. Evidentemente, este hombre había hecho algo que lo atormentaba en su conciencia y, quizá, fue la causa de su parálisis. Sin embargo, el relato no nos dice que este hombre haya confesado o expresado abiertamente (y ni siquiera secretamente) cuál fue su pecado. Jesús sencillamente supo que este hombre estaba con carga de conciencia por sus pecados y le dijo “tus pecados te son perdonados”. Pero, como he dicho, este hombre no tuvo que declarar abiertamente sus pecados para ser sano. Ni éste, ni ningún otro versículo, nos dicen que es totalmente necesario confesar los pecados para obtener sanidad de parte de Dios, la realidad que transmite el versículo 16 de Santiago es otra.

Santiago 5:16 (Mi traducción)
16 Entonces, declaren-abiertamente los pecados unos a otros y continúen-pidiendo-deseosos unos a-favor de otros, para-que sean-sanados. Mucho puede una petición activa de un justo.

El versículo nos dice: “declaren abiertamente los pecados unos a otros”. “Unos a otros” incluye a todos los creyentes, incluso los “ancianos” mencionados previamente. Cuando una persona ha sido restaurada por Dios, habiendo previamente vivido en un estado de pecado, esta persona puede dar cuenta de lo que hizo y cómo Dios lo perdonó y restauró, para edificar a otro cristiano más débil, que quizá se encuentre en una situación de pecado similar.

Por ejemplo, supongamos que un alcohólico ha sido liberado por Dios, y dejó su adicción y luego fue restaurado mentalmente y físicamente y ahora vive una vida plena para Dios. Esta persona puede abiertamente declarar sus pecados pasados y cómo Dios lo restauró para dar aliento a otros alcohólicos que estén en la congregación. Hay veces en que una persona siente que su pecado es muy grande y que Dios no podrá perdonarlo y restaurarlo, entonces, si oye el testimonio de alguien que estuvo en una similar situación y fue restaurada por Dios, dirá en su corazón “Si Dios restauró a esa persona, quizá pueda restaurarme a mí. Si Dios lo perdonó, quizá me perdone a mí”. De este modo la persona débil de fe puede edificar su creencia por el testimonio de otros.

Este es el sentido de este pasaje, es por esto que Santiago instruye a declarar abiertamente los pecados unos de otros. Contrariamente, los ministros que tratan de parecer intachables y perfectos delante de los demás, suelen generar falsas expectativas en las personas, sus fieles pueden pensar que son “superhombres” y que sería imposible llegar a tener “la fe” que ellos tienen. Sin embargo, incluso el mismo apóstol Pablo declaró abiertamente sus pecados pasados (1 Ti. 1:13-14) y reconoció que aún le faltaba para tener un perfecto andar (Fil. 3:12-14).

Santiago 5:16 (Mi traducción)
16 Entonces, declaren-abiertamente los pecados unos a otros y continúen-pidiendo-deseosos unos a-favor de otros, para-que sean-sanados. Mucho puede una petición activa de un justo.

Luego dice “continúen pidiendo deseosos unos a favor de otros, para que sean sanados”. La palabra “sanados” aquí es iaomai, que es una sanidad dada por Dios y frecuentemente implica una sanidad inmediata. En una comunidad o grupo de creyentes que ejercen amor de Dios unos por otros, ellos van a preocuparse por el otro, les contarán cómo Dios los restauró en otras situaciones, estarán continuamente orando unos por otros, con el deseo genuino de bienestar en la otra persona, y los creyentes podrán ver más seguido cómo Dios brinda inmediata sanidad.

La última parte de este versículo: “Mucho puede una petición activa de un justo” es un aliento a los creyentes a ser constantes en la oración y a mantener sus vidas lo más “justas” posible. En este caso, “justo” se refiere a aquella persona que está viviendo conforme a la voluntad de Dios. Por supuesto, nadie vive una vida en perfecta obediencia a Dios, las 24hs del día, los 365 días del año, pero Dios considera como “justo” a aquél que vive por fe en Dios (Ro. 1:17), obedeciéndole todo lo que sea posible. Si mantenemos una estrecha comunión con Dios, y le oramos continuamente, nuestras oraciones tendrán mucha fuerza y veremos más y más la acción de Dios en nuestras vidas y las vidas de otros creyentes de nuestra congregación y comunidad.

Sigamos leyendo:

Santiago 5:17-18 (Mi traducción)
17 Elías era un hombre de-la-misma-naturaleza que nosotros y con oración oró que no llueva, y NO llovió sobre la tierra tres años y seis meses; 18 y nuevamente oró y el cielo dio lluvia y la tierra produjo su fruto.

Aquí Santiago da un ejemplo práctico de lo que viene diciendo. Sin embargo, aquí hay más de lo que se ve a simple vista. En principio, Santiago comienza diciendo que Elías era un hombre como todos, con la misma naturaleza humana, con los mismos sentimientos, emociones y aflicciones; Elías comía, dormía, lloraba, reía, y sentía del mismo modo que lo hace todo ser humano. Elías no era un “superhombre”, no tenía superpoderes, pero su oración cambió la historia de su nación.

Pero cuando leemos el relato al que se refiere este pasaje, en 1 Reyes capítulos 17 y 18, vemos que no se menciona a Elías orando, ni para que deje de llover ni para que vuelva a llover, en el relato de 1 Reyes se dice solamente que Dios envió a Elías a anunciar la sequía y luego de los tres años se presentó ante el pueblo de Israel para hacerlo volver hacia Dios y quitar la idolatría. Recién aquí, en Santiago 5:17 y 18, Dios revela que Elías había orado para que no lloviese. Cuando leemos las acciones tomadas por Elías, en 1 Reyes 17 y 18, vemos que Elías estaba en comunión con Dios y fue siguiendo las instrucciones de Dios. Es probable que Elías no haya específicamente orado por lluvia, sino por la liberación de Israel de manos de sus reyes malignos (leer 1 Reyes 16) y luego Dios le haya revelado orar por el cese de la lluvia, para así poner en marcha su plan para cambiar la situación de Israel. Pero sea como fuere, lo cierto es que la constante oración de un hombre que obedecía a Dios cambió la historia de toda la nación.

Esto debe servirnos de aliento y exhortación para interesarnos más unos por otros; para orar más unos por otros, y por las distintas aflicciones que se presentan en nuestras vidas y en nuestras comunidades, y en nuestros países; y para desarrollar una más estrecha e íntima relación con Dios, nuestro Padre celestial y con Jesús, nuestro amado Señor. Si seguimos las instrucciones dadas por Dios, tenemos la promesa de Dios de que él actuará dando sanidad y liberación en nuestras vidas ¿Qué tal si empezamos hoy?

Pablo Pereyra
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