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P. Pereyra
04/11/2010, 15:16
Mensaje de sabiduría:

Como ya he expuesto, las palabras griegas son logos sophia, estas palabras se encuentran así combinadas sólo aquí en toda la Biblia. “Mensaje de sabiduría” es el uso del caso genitivo, y tiene el sentido de “mensaje que lleva sabiduría” o “mensaje que da sabiduría”. El mensaje de sabiduría consiste en un mensaje dado por Jesucristo al creyente, por medio del don de espíritu santo, que le provee de sabiduría.

Veremos algunos usos de la palabra griega sophia, que nos ayudarán a comprender qué es tener o recibir sabiduría.

En Lucas 21:12-15 Jesús dice a los apóstoles que él les daría sabiduría para hablar cuando tuvieran que comparecer ante reyes y gobernadores por Su causa. Él prometió dar sabiduría “a la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se opongan”.

En Hechos 7:9-10 tenemos el relato de cómo Dios dio sabiduría a José en la presencia del rey de Egipto, esta “sabiduría” consistió en que Dios dio a José la interpretación del sueño de Faraón (Génesis 41:14-39).

Pablo dice, en 1 Corintios 2:

1 Corintios 2:1-16
(1) Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría.
(2) Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.
(3) Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor;
(4) y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder,
(5) para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.
(6) Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen.
(7) Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria,
(8) la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria.
(9) Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman.
(10) Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.
(11) Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.
(12) Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido,
(13) lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.
(14) Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.
(15) En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie.
(16) Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.

Pablo comienza diciendo, en el versículo 1, que cuando fue a los corintios a anunciar el evangelio no fue con excelencia de palabras (logos) o de sabiduría (sophia). En el 4 y 5 dice que su predicación no fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con el poder de Dios. En el versículo 6 leemos que la “sabiduría” es para los que ya han alcanzado madurez, y luego dice que esta sabiduría estuvo oculta, era un “misterio”, un secreto espiritual de Dios. El 10 dice que esta sabiduría fue revelada mediante “el Espíritu”, que en este caso se refiere a Cristo, Quien fue quien le dio la revelación a Pablo con respecto al “secreto espiritual” que Dios tenía oculto. Cristo todo lo escudriña, aún lo profundo de Dios. El 12 nos dice que por medio del espíritu de Dios es que podemos llegar a saber lo que Dios nos ha concedido. El 16 nos dice que nosotros tenemos la “mente de Cristo”. Esto, por supuesto, no quiere decir que cada uno de nosotros tenga una mente tal cual la que tuvo Cristo, sino que, siendo un Cuerpo con Cristo, al estar conectados a Él, que es la Cabeza del Cuerpo, podemos recibir de Sus “pensamientos” y Su sabiduría.

También en 1 Pedro leemos que las epístolas escritas por el apóstol Pablo son producto de la sabiduría dada por Dios:

2 Pedro 3:15-16
(15) Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito,
(16) casi en todas sus epístolas…

Podemos ver que aquello que Dios le reveló a Pablo fueron “mensajes de sabiduría”. En el caso particular de Pablo, la sabiduría que Dios le dio debía ser puesta por escrito para formar parte de nuestra Biblia, la Palabra de Dios escrita, sin embargo, Dios constantemente está dando sabiduría a Sus hijos, ya sea para que conozcan Su verdad o para que sepan cómo actuar conforme a ésta.

Santiago nos dice qué frutos produce una persona que aplica la sabiduría de Dios:

Santiago 3:13-18
(13) ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.
(14) Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad;
(15) porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica.
(16) Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.
(17) Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.
(18) Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.

Podemos ver que la sabiduría dada por Dios no es sólo para sencillamente saber qué hacer, no es para que seamos reconocidos como los “oráculos” o “gurús” del barrio, sino que es para que produzcamos fruto. Tener sabiduría de Dios es un gran privilegio, pero también trae gran responsabilidad, porque esa sabiduría debe conducirnos a producir buen fruto.

Resumiendo, vemos que el “mensaje de sabiduría” consiste en revelación de parte de Dios que nos da a entender Su verdad, Su voluntad, y que conduce a tener una vida más pura, pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Este mensaje proviene de Dios y es dado por Cristo al creyente cristiano mediante el don espíritu santo, y se hace manifiesta en los frutos que un cristiano manifiesta cuando actúa conforme a la sabiduría que Dios provee.

Mensaje de conocimiento:

Las palabras griegas son logos gnosis que, al igual que lo que sucede con logos sophia, sólo se hallan así combinadas en este único pasaje de la Biblia. Aquí también está presente el genitivo de relación, dando la idea de un “mensaje que lleva conocimiento” o “mensaje que da conocimiento”.

Tener “conocimiento” significa tener la información correcta sobre algún asunto. No obstante, en la Biblia vemos que Dios desea que tengamos conocimiento de algo muy puntual y específico:

Efesios 3:14-19 (RV-1960)
(14) Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo,
(15) de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra,
(16) para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu;
(17) para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor,
(18) seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura,
(19) y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.

Pablo aquí dice que oraba para que los cristianos llegaran a conocer lo extraordinario del amor de Cristo, que excede a todo conocimiento. De hecho, todo objeto que conocemos tiene tres dimensiones (altura, anchura y profundidad), pero aquí se mencionan cuatro dimensiones del amor de Cristo: anchura, longitud, profundidad y altura. ¡Son cuatro dimensiones porque excede a toda comprensión humana! Miren cuán importante es conocer el amor de Cristo que Pablo dice que con este conocimiento los creyentes serán llenos de toda la plenitud de Dios.

Miren este otro pasaje:

Filipenses 3:7-10 (RV-1960)
(7) Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo.
(8) Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo,
(9) y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;
(10) a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte,

Pablo aquí está diciendo que todo lo que era “ganancia” para él, lo estimó como pérdida por la excelencia del CONOCIMIENTO de Cristo. Luego dice que su objetivo era “conocerle” y conocer el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte.

No vamos a analizar el sentido de esta búsqueda de Pablo porque es algo de gran profundidad, pero creo que parte de “ser semejante a él en su muerte” está relacionado con lo dicho en Romanos 6:10, que dice que Cristo “…en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive”. Pablo quería llegar a morir completamente para el pecado y llegar a vivir plenamente para Dios, pero para llegar a esto, él debía conocer más y más quién es Cristo, cuál es la grandeza de su amor y de su poder y lo que padeció por la humanidad.

2 Pedro 3:15-18 (RV-1960)
(15) Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito,
(16) casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición.
(17) Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza.
(18) Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.

Aquí también Pedro alienta a los creyentes a crecer en el conocimiento del Señor Jesús y a no dejarse llevar por falsas doctrinas que puedan alejarnos de creer en la grandeza de Su amor.

¿Por qué Dios está tan interesado en que conozcamos a Cristo y la grandeza de Su amor? ¿Por qué estos versículos hablan de conocer a Cristo y no de conocer a Dios? La respuesta nos la da Juan:

Juan 1:18 (RV-1960)
A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.
Dios no puede ser visto y percibido por el ser humano. Pero Jesús tuvo una relación con Dios y una obediencia tal que manifestó al mundo, en los cinco sentidos, lo que es la naturaleza de Dios. Jesús manifestó el amor de Dios, el poder de Dios, la bondad de Dios, la sabiduría de Dios, el perdón de Dios, etc. Jesús hizo que el mundo pudiera “ver” a Dios, o sea, que pudiera entender quién es Dios y cómo ama Dios.

Algún creyente trinitario podrá decir que Cristo era Dios y que por eso quienes lo vieron estaban viendo a Dios, sin embargo, miren lo que Juan dice más tarde, bastante tiempo después de la ascensión de Jesucristo:

1 Juan 4:11-13 (RV-1960)
(11) Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.
(12) Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros.
(13) En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu.

Juan vuelve a decir que nadie jamás ha visto a Dios. Como Dios no puede ser visto con ojos físicos, la única forma en que podemos llegar a estar confiados de que Él está con nosotros es a través del don de espíritu santo que nos dio. Y la forma de estar en constante contacto con él es manifestando Su amor. Pero ¿cómo sabremos en qué consiste Su amor? Jesús fue y es el fiel reflejo del amor de Dios, por eso es que Dios está tan interesado en que conozcamos a Cristo. El amor de Dios no es fácil de percibir directamente, porque Dios no puede ser visto, pero el amor de Cristo fue claramente visible. Por eso, si conocemos y entendemos el amor de Cristo, estaremos conociendo y entendiendo el amor de Dios que él manifestó, y conocer Su amor nos capacitará para imitar ese amor y andar en amor unos para con otros.

Entonces, volvamos al concepto de “mensaje de conocimiento” que estamos estudiando. Si bien es cierto que el Señor Jesucristo puede darnos conocimiento sobre cualquier cosa, vemos que el interés primordial de Dios está puesto en que conozcamos mejor quién es Cristo y cuál es la grandeza de Su amor.

De todos modos, en la experiencia personal sabemos que Cristo puede darnos todo tipo de información. El Señor puede avisarnos, por medio del espíritu, que no debemos tomar tal camino al ir a algún sitio, para protegernos de algún peligro; también puede darnos sabiduría sobre qué carrera elegir o sobre cómo administrar nuestro dinero y bienes; o ayudarnos a comprender cierto pasaje de la Escritura que nos causa dificultades. La provisión de conocimiento y sabiduría de Dios para el cristiano es muy amplia y abarcativa, pero siempre nos llevará a amarlo más y comprender mejor Su amor y el amor de Cristo.

Si bien las manifestaciones de “mensaje de sabiduría” y “mensaje de conocimiento” pueden transmitirse a otros creyentes, creo que estas manifestaciones son más bien individuales. Conforman el trabajo interno que Dios, por medio de Cristo, para que una persona comprenda Su voluntad, Su amor y Su verdad. El Señor dio sabiduría a Pablo en cuanto al secreto espiritual que Dios había mantenido oculto y, si bien Pablo lo escribió, no basta con sólo leer las epístolas para comprender este mensaje, Dios debe trabajar en cada cristiano para darle sabiduría, de otro modo el cristianismo no estaría tan dividido.

Proverbios 2:1-10
(1) Hijo mío, si recibieres mis palabras, Y mis mandamientos guardares dentro de ti,
(2) Haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; Si inclinares tu corazón a la prudencia,
(3) Si clamares a la inteligencia, Y a la prudencia dieres tu voz;
(4) Si como a la plata la buscares, Y la escudriñares como a tesoros,
(5) Entonces entenderás el temor de Jehová, Y hallarás el conocimiento de Dios.
(6) Porque Jehová da la sabiduría, Y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia.
(7) El provee de sana sabiduría a los rectos; Es escudo a los que caminan rectamente.
(8) Es el que guarda las veredas del juicio Y preserva el camino de sus santos.
(9) Entonces entenderás justicia, juicio Y equidad, y todo buen camino.
(10) Cuando la sabiduría entrare en tu corazón, Y la ciencia fuere grata a tu alma,

El 6 nos dice que es Dios Quien da la sabiduría, pero no es gratis, los versículos 1 al 4 nos dicen que hay ciertos pasos a seguir para llegar a obtener esta sabiduría, realmente es necesario valorar la sabiduría de Dios y hacer cierto esfuerzo para conocerlo. Incluso la conducta es fundamental, el versículo 7 dice que Dios provee de sana sabiduría a los rectos. Si bien es cierto que podemos aprender mucho del trabajo e investigación de otros creyentes, este pasaje nos está mostrando que la obtención del conocimiento y la sabiduría es una cuestión personal, Dios debe proveer de sabiduría a cada persona, y para eso tenemos que valorar y reverenciar a Dios (Prov. 1:7) y Dios debe hacer Su obra en nosotros.

Entonces, el “mensaje de sabiduría” y “mensaje de conocimiento”, si bien pueden ser transmitidos a otros, es más bien un trabajo individual de Dios en cada cristiano. En una reunión, Dios puede dar conocimiento y sabiduría a Quien enseña sobre aquello que está enseñando y éste transmitir lo que aprendió. Si los oyentes están en comunión con Dios, probablemente recibirán también conocimiento y sabiduría de Dios que les confirme la enseñanza, o incluso que la amplíe, edificándose así unos a otros.