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P. Pereyra
04/11/2010, 15:18
Fe:

“Fe”, es la palabra griega pistis, que puede entenderse como creencia, confianza o convicción. Bíblicamente, la “fe” consiste en actuar conforme a una información recibida de Dios, porque uno confía en Dios y está convencido de que Él desea lo mejor para nosotros. Cada vez que actuamos conforme a la voluntad de Dios estamos teniendo “fe” en Sus instrucciones, esta fe es nuestra fe. Pero la fe como manifestación del Espíritu es algo diferente, porque es obra de Dios (1 Corintios 12:11), es una fe cuya energía proviene de Dios, por medio de Jesucristo, y la manifestamos mediante el don de espíritu santo en nosotros.

Todas las manifestaciones del espíritu son obra de Dios, pero para operar este poder de Dios es necesario tener “fe” en la instrucción de Dios. En el caso de la manifestación de fe, esta manifestación consiste en una fe que no proviene de nosotros, sino de Dios, pero que requiere una previa fe de nuestra parte, en otras palabras, ¡se requiere fe para tener fe! ¿Cómo es esto? Bien, existen ocasiones en que Dios va a requerir que hagamos algo que va mucho más allá de nuestra capacidad para creer, puede ser hacer un milagro, echar fuera un demonio, ministrar una sanidad, o alguna otra cosa que nos sería imposible llegar a creer. En esos casos, Dios no requerirá que tengamos suficiente fe como para realizar lo que nos pide, sino que teniendo el impulso inicial de fe, con el deseo de obedecerle, Dios edificará nuestra fe a través del don de espíritu santo para que lleguemos a creer en aquello que nos pide.

Para poder comprender mejor este concepto veremos un relato bíblico del libro de Jueces:

Jueces 6:11-14
(11) Y vino el ángel de Jehová, y se sentó debajo de la encina que está en Ofra, la cual era de Joás abiezerita; y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas.
(12) Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente.
(13) Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas.
(14) Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo?

Aquí tenemos a un ángel de Dios, que se presentó ante Gedeón hablando en nombre de Dios. En los versículos previos leemos que el pueblo de Dios había sido asediado por su desobediencia y estaba empobreciendo. A causa de su aflicción clamaron a Dios y Dios les envió un profeta que les instó a dejar la idolatría. Luego, Dios envía a éste ángel para dar instrucciones a Gedeón, quien había sido escogido por Dios para librar al pueblo de Israel. En el 14, Dios, a través del ángel, dice a Gedeón que vaya y enfrente a los madianitas y salve a Israel. Veamos la respuesta de Gedeón:

Jueces 6:15-16
(15) Entonces le respondió: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre.
(16) Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre.

Lógicamente, lo que Dios pedía a Gedeón iba más allá de su capacidad de creer. Gedeón tenía el deseo de servir a Dios y librar a Israel, pero lo que Dios pedía era demasiado para él, entonces él pregunta, en otras palabras: “¿Cómo voy a salvar a Israel, si soy joven, inexperto, y encima pobre?” A lo que Dios responde (por medio del ángel) “Ciertamente yo estaré contigo y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre”. Dios le aseguró que saldría victorioso. Recordemos que Gedeón estaba frente a un ángel, quizá la sola presencia del ángel podría haberle inspirado para cumplir la misión, pero Gedeón aún tenía dudas de si realmente Dios lo iba a acompañar en la pelea.

Jueces 6:17-21
(17) Y él respondió: Yo te ruego que si he hallado gracia delante de ti, me des señal de que tú has hablado conmigo.
(18) Te ruego que no te vayas de aquí hasta que vuelva a ti, y saque mi ofrenda y la ponga delante de ti. Y él respondió: Yo esperaré hasta que vuelvas.
(19) Y entrando Gedeón, preparó un cabrito, y panes sin levadura de un efa de harina; y puso la carne en un canastillo, y el caldo en una olla, y sacándolo se lo presentó debajo de aquella encina.
(20) Entonces el ángel de Dios le dijo: Toma la carne y los panes sin levadura, y ponlos sobre esta peña, y vierte el caldo. Y él lo hizo así.
(21) Y extendiendo el ángel de Jehová el báculo que tenía en su mano, tocó con la punta la carne y los panes sin levadura; y subió fuego de la peña, el cual consumió la carne y los panes sin levadura. Y el ángel de Jehová desapareció de su vista.

Noten que el ángel de Dios quedó esperando a Gedeón, y le fue dando las señales que Gedeón necesitaba para creer. Antiguamente, Dios mostraba su aceptación de una ofrenda por medio del fuego. Aquí la ofrenda de Gedeón fue consumida por el fuego, mostrando a Gedeón que su ofrenda había sido aceptada, y que él había hallado gracia delante de Dios.

Jueces 6:22-23
(22) Viendo entonces Gedeón que era el ángel de Jehová, dijo: Ah, Señor Jehová, que he visto al ángel de Jehová cara a cara.
(23) Pero Jehová le dijo: Paz a ti; no tengas temor, no morirás.

Se cree que en tiempos antiguos las personas creían que si veían a un ángel de Dios morirían, y es por eso que aquí Dios le dice a Gedeón (por medio del ángel): “…no tengas temor, no morirás”. Nuevamente Dios está trabajando en Gedeón para darle la fe necesaria para llevar a cabo su tarea.

Jueces 6:24-27
(24) Y edificó allí Gedeón altar a Jehová, y lo llamó Jehová-salom; el cual permanece hasta hoy en Ofra de los abiezeritas.
(25) Aconteció que la misma noche le dijo Jehová: Toma un toro del hato de tu padre, el segundo toro de siete años, y derriba el altar de Baal que tu padre tiene, y corta también la imagen de Asera que está junto a él;
(26) y edifica altar a Jehová tu Dios en la cumbre de este peñasco en lugar conveniente; y tomando el segundo toro, sacrifícalo en holocausto con la madera de la imagen de Asera que habrás cortado.
(27) Entonces Gedeón tomó diez hombres de sus siervos, e hizo como Jehová le dijo. Mas temiendo hacerlo de día, por la familia de su padre y por los hombres de la ciudad, lo hizo de noche.

Aquí se ve, nuevamente, que Gedeón tenía el deseo de cumplir la voluntad de Dios, Gedeón tenía el corazón correcto, pero tenía miedo. El miedo no le impidió hacer lo que Dios le pidió, pero lo hizo de noche, escondido.

Más adelante leemos:

Jueces 6:33-37
(33) Pero todos los madianitas y amalecitas y los del oriente se juntaron a una, y pasando acamparon en el valle de Jezreel.
(34) Entonces el Espíritu de Jehová vino sobre Gedeón, y cuando éste tocó el cuerno, los abiezeritas se reunieron con él.
(35) Y envió mensajeros por todo Manasés, y ellos también se juntaron con él; asimismo envió mensajeros a Aser, a Zabulón y a Neftalí, los cuales salieron a encontrarles.
(36) Y Gedeón dijo a Dios: Si has de salvar a Israel por mi mano, como has dicho,
(37) he aquí que yo pondré un vellón de lana en la era; y si el rocío estuviere en el vellón solamente, quedando seca toda la otra tierra, entonces entenderé que salvarás a Israel por mi mano, como lo has dicho.

¡Vean esto! Gedeón quería hacer lo que Dios le pidió, quería salvar a Israel del ataque de los madianitas, sin embargo, tenía dudas e inseguridad. A pesar de que el ángel se le apareció y le habló, a pesar de que su ofrenda fue acepta, él tenía dudas sobre si Dios iba a dar salvación a Israel o no. ¿Qué hizo Dios entonces? ¿Le dijo: “Eres un incrédulo, y todos se perderán”? ¡No! Dios accedió al pedido de Gedeón para poder edificar su creencia, su fe, para que Gedeón llegara al punto de convicción necesario para la acción.

Jueces 6:38-40
(38) Y aconteció así, pues cuando se levantó de mañana, exprimió el vellón y sacó de él el rocío, un tazón lleno de agua.
(39) Mas Gedeón dijo a Dios: No se encienda tu ira contra mí, si aún hablare esta vez; solamente probaré ahora otra vez con el vellón. Te ruego que solamente el vellón quede seco, y el rocío sobre la tierra.
(40) Y aquella noche lo hizo Dios así; sólo el vellón quedó seco, y en toda la tierra hubo rocío.

¡No le bastó el primer milagro! Pidió un segundo milagro para estar seguro, ¡y Dios se lo concedió! Lo que hay que notar es que esto no era un capricho de Gedeón que Dios cumplió, la misión encomendada a Gedeón era verdaderamente temeraria, y Gedeón necesitaba una confirmación del poder de Dios y de Su deseo de ayudarlo a librar a Israel, por eso Dios hizo lo que Gedeón pidió.

Los versículo 1 al 8 del capítulo 7 nos relatan cómo Dios guió a Gedeón para reducir el número de hombres que irían a la batalla, descartando a aquellos que no tenían suficiente fe y que tenían hábitos idolátricos. Luego de este “filtro”, quedaron sólo trescientos hombres, para enfrentar a un ejército ¡incontable! Sin duda se requería gran fe de parte de Gedeón para seguir adelante, por eso, miren lo que Dios hace:

Jueces 7:9-11
(9) Aconteció que aquella noche Jehová le dijo: Levántate, y desciende al campamento; porque yo lo he entregado en tus manos.
(10) Y si tienes temor de descender, baja tú con Fura tu criado al campamento,
(11) y oirás lo que hablan; y entonces tus manos se esforzarán, y descenderás al campamento. Y él descendió con Fura su criado hasta los puestos avanzados de la gente armada que estaba en el campamento.

Bien, noten que aquí Dios le dice: “si tienes temor de descender [a la batalla], baja tú con Fura tu criado al campamento”. ¿Qué hizo Gedeón? Bajó con Fura su criado hasta el campamento. ¿Qué significa esto? Que, efectivamente, Gedeón aún tenía miedo de ir a la batalla. Sin embargo, a pesar de su miedo, Gedeón seguía allí, queriendo hacer la voluntad de Dios, y Dios le dio el “empujón” que le faltaba para ir con valor a la batalla.

Jueces 7:12-15
(12) Y los madianitas, los amalecitas y los hijos del oriente estaban tendidos en el valle como langostas en multitud, y sus camellos eran innumerables como la arena que está a la ribera del mar en multitud.
(13) Cuando llegó Gedeón, he aquí que un hombre estaba contando a su compañero un sueño, diciendo: He aquí yo soñé un sueño: Veía un pan de cebada que rodaba hasta el campamento de Madián, y llegó a la tienda, y la golpeó de tal manera que cayó, y la trastornó de arriba abajo, y la tienda cayó.
(14) Y su compañero respondió y dijo: Esto no es otra cosa sino la espada de Gedeón hijo de Joás, varón de Israel. Dios ha entregado en sus manos a los madianitas con todo el campamento.
(15) Cuando Gedeón oyó el relato del sueño y su interpretación, adoró; y vuelto al campamento de Israel, dijo: Levantaos, porque Jehová ha entregado el campamento de Madián en vuestras manos.

¡Esto es impresionante! ¿Quién le dijo a aquél hombre cuál era la correcta interpretación del sueño? Recuerden que estos eran hombres de pueblos enemigos, idólatras. Dios generó en uno de ellos un sueño con imágenes que ellos podían reconocer, ya que era común identificar a Israel con la cebada. Dios no sólo dio este sueño, sino que hizo que Gedeón escuchase su interpretación y así edificase su fe y valor para marchar a la batalla. Noten que luego de que esto suceda Gedeón adoró y volvió rápido al campamento y, con todo coraje dijo a sus hombres “Levantaos”, Gedeón volvió lleno de ánimo y fe, a través de este suceso Dios dio a Gedeón aquella fe que le faltaba para ir a la batalla.

Los versículos siguientes relatan cómo Gedeón venció a sus enemigos sin que ninguno de los israelitas tuviera que siquiera desenvainar la espada. Pero lo importante para este estudio es ver cómo Dios obró para que Gedeón llegase a tener la fe que necesitaba para hacer Su voluntad a favor del pueblo israelita.

En el Antiguo Testamento, Dios no daba Su don de espíritu santo tal como lo hace ahora, y, por la ausencia del espíritu santo como nueva naturaleza, los creyentes no podían establecer una comunión con Dios tan estrecha como la que hoy podemos disfrutar por medio del Señor Jesucristo. Entonces, muchas veces debía actuar a través de Sus ángeles para dar mensajes a los hombres, como vimos en el caso de Gedeón.

Como venimos viendo en este estudio, en la actualidad Dios obra dentro nuestro a través del don de espíritu santo que nos ha dado. Dios da la energía, Cristo la distribuye, y nosotros la operamos a través del espíritu santo que hay en nosotros.

Entonces, hoy en día, Dios está capacitado para edificar nuestra fe a través de Su don de espíritu santo. Dios edificó la fe de Gedeón a través de actos externos, para que él llegase a creer al punto de hacer sin miedo lo que Dios le encomendaba. Hoy en día, Dios puede edificar nuestra fe no sólo con actos externos, sino de modo interno a través del don de espíritu santo. Esto no significa que Dios va a hacer que yo haga lo que Él me pida siempre, como si me manejara con hilos, de ser así, veríamos milagros y sanidades todos los días en todo lugar en el mundo en donde haya un cristiano.

Así como en el caso de Gedeón, esto es un proceso paso a paso con Dios. Gedeón tenía la voluntad de hacer la voluntad de Dios, Gedeón tomó la iniciativa de obedecer a pesar de sus miedos, y Dios le fue quitando los miedos para que él pudiese completar efectivamente la misión. Sin embargo, Gedeón tuvo que responder positivamente a las acciones de Dios, de lo contrario, la historia hubiese sido otra. Del mismo modo, Dios puede hoy en día pedirnos que hagamos algo que va más allá de nuestra capacidad para creer, y puede edificar nuestra creencia al punto necesario, sin embargo, nosotros debemos tener el deseo e iniciativa de hacer la voluntad de Dios; debemos dar los pasos de fe que podemos y hacerle saber a Dios de nuestros miedos. Si tenemos la actitud correcta Dios edificará nuestra fe para poder hacer aquello que nos pide que hagamos.

Como habíamos visto, la manifestación de fe en 1 Corintios 12 se encuentra en el grupo de manifestaciones que opera un cristiano para edificar a otro cristiano. Esto nos hace pensar que Dios energiza esta manifestación de fe específicamente cuando se trata de ayudar a otros. Hay veces en que una persona en una reunión de cristianos está deseosa de recibir, por ejemplo, una sanidad o una liberación demoníaca. Dios entonces puede mandar a cierto líder o ministro a dar sanidad, pero puede que ese ministro no se sienta seguro de hacerlo. Entonces Dios puede dar un “impulso” extra de fe para dar esa sanidad o liberación. En esto consiste, a mi entender, la manifestación de fe.