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Ver la Versión Completa : La manifestación del Espíritu - Resultado de la operación de poderes



P. Pereyra
04/11/2010, 15:21
Resultado de la operación de poderes:

Las palabras en griego para describir esta manifestación son energema dunamis. Energema es una palabra derivada de energeia, de donde tenemos nuestra palabra castellana “energía”. Como he explicado al estudiar el versículo 6 de 1 Corintios 12, energema se refiere al resultado obtenido al haber puesto en funcionamiento cierta energía, en toda la Biblia esta palabra griega sólo se usa aquí y en el versículo 6. La palabra dunamis es la palabra griega para “poder”, es la capacidad para hacer algo. Cuando dunamis se usa en plural (como en este caso) se refiere específicamente a poderes sobrenaturales, en este caso es claro que se habla de poderes sobrenaturales provenientes de Dios, distribuidos por Cristo y operados por el cristiano.

Debido a que la operación del poder sobrenatural de Dios suele producir lo que llamamos “milagros”, muchas versiones han traducido estas palabras como “hacer milagros”, sin embargo, la traducción “resultado de la operación de poderes” se acerca más al sentido original de la expresión. Esta operación del poder sobrenatural de Dios puede operarse de muchas maneras y puede evidenciarse de diversas formas.

Veremos algunos ejemplos bíblicos en donde se utiliza la palabra dunamis en plural.

Mateo 13:54-58
(54) Y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros [dunamis: “poderes”]?
(55) ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas?
(56) ¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas?
(57) Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa.
(58) Y no hizo allí muchos milagros [dunamis: poderes], a causa de la incredulidad de ellos.

En este pasaje podemos ver que las personas estaban influenciadas por lo que conocían de Jesús con respecto a su vida humana, conocían a su familia y no podían creer que Jesús tuviera tal sabiduría y poderes de parte de Dios. Debido a esta incredulidad por parte de las personas, él no pudo hacer muchas demostraciones del poder de Dios. Esto nos enseña cuán importante es la fe para poder ver el poder de Dios en acción en nuestras vidas.

Con respecto a la misma situación Marcos escribe:

Marcos 6:5-6
(5) Y no pudo hacer allí ningún milagro [dunamis], salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos.
(6) Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando.

En este caso se nos dice que Jesús no pudo hacer ningún milagro salvo algunas sanidades y se asombró de la incredulidad de ellos. Curiosamente, la palabra “pudo”, en el versículo 5, es la palabra griega dunamai, que está relacionada con dunamis, por otro lado, la palabra “no” es la palabra griega ou, que es un “no” enfático y absoluto. Esto nos dice que Jesús de ningún modo pudo hacer demostraciones del poder sobrenatural de Dios, Jesús no tuvo la capacidad para hacer milagros allí ¿por qué? Por la incredulidad de ellos. Lo que este pasaje nos enseña es que podemos limitar la capacidad de Dios y de Jesucristo para actuar en nuestras vidas cuando no les creemos, aunque ellos desean actuar en nuestras vidas, no podrán hacerlo, o estarán muy limitados, si no les creemos. Si Dios no actúa poderosamente en las vidas de las personas hoy en día no es porque no quiera hacerlo, sino porque las personas no le creen y no le obedecen, ¡pero Él tiene todo el poder y el deseo de ayudar a la humanidad!

Miren lo que Pablo dice a los creyentes de Galacia:

Gálatas 3:1-5
(1) ¡Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado?
(2) Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?
(3) ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?
(4) ¿Tantas cosas habéis padecido en vano? si es que realmente fue en vano.
(5) Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas [dunamis] entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?

Como he explicado en capítulos previos, el versículo 5 mejor traducido leería: “Entonces, el que está-suministrándoles, el Espíritu, y energizando el poder en ustedes ¿lo hace desde obras de ley o desde oír de fe?” Jesús, llamado aquí “el Espíritu” es quien está suministrando a los cristianos el poder de Dios, y esto lo hace no porque hagamos muchas “buenas obras” y nos ganemos el derecho a dar operar el poder de Dios, sino por el oír con fe. Cuando “oímos” a Cristo y actuamos conforme a su voluntad, él da el suministro de poder necesario para hacer aquello que quiere que hagamos. Nuevamente vemos que la fe y la obediencia a la instrucción dada por el Señor son fundamentales para poner en acción el poder de Dios.

Hechos 19:10-17
(10) Así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús.
(11) Y hacía Dios milagros [dunamis] extraordinarios por mano de Pablo,
(12) de tal manera que aun se llevaban a los enfermos los paños o delantales de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían.
(13) Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo.
(14) Había siete hijos de un tal Esceva, judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto.
(15) Pero respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?
(16) Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos.
(17) Y esto fue notorio a todos los que habitaban en Efeso, así judíos como griegos; y tuvieron temor todos ellos, y era magnificado el nombre del Señor Jesús.

Aquí tenemos dos situaciones distintas. Por un lado leemos que Pablo predicaba la Palabra y Dios hacía milagros extraordinarios por medio de Pablo. En el texto griego no dice: “extraordinarios” sino que dice: “no comunes”, o sea no eran los milagros que se esperarían que hiciera un hombre de Dios, no eran los que habitualmente había hecho Dios por medio de otros hombres de Dios. El versículo 12 nos cuenta un poco de cuáles eran algunos de estos milagros (demostraciones del poder de Dios) que no eran comunes: algunos llevaban paños o delantales que habían estado en contacto con la piel de los enfermos y por medio de estos, Dios sanaba a los enfermos y echaba fuera espíritus malignos. Esto no significa que el pañuelo o delantal en sí sirvan para dar sanidad a una persona, pero la creencia de Pablo y la creencia de las personas en la predicación de Pablo hacía posible que Dios sanara sin la presencia de la persona, algo similar que lo que hemos visto previamente, cuando el centurión pidió a Jesús que sólo dijera la palabra para que su siervo sanase. Dios no necesita pañuelos o delantales para sanar a una persona, pero muchas veces actúa conforme a la fe de la persona, la “ayuda” a creer para recibir la liberación.

Pero, por otro lado, tenemos también el relato de siete judíos que invocaron el nombre de Jesús sobre un hombre con un espíritu maligno y fueron atacados por este espíritu. Esto es una advertencia contra el tomar a la ligera los asuntos espirituales de Dios. Pablo conocía a Dios, conocía a Cristo y tenía una relación con ellos. Pablo predicaba la Palabra de Dios y sanaba conforme el Señor le iba indicando que lo hiciera. Estos judíos, en cambio, no conocían a Jesús, ni tenían una relación con él (de otro modo serían llamados “cristianos” y no “judíos”), pero intentaron invocar su nombre para echar un demonio, como si el nombre de Jesús tuviera poder por sí mismo. Pero Jesús no estaba avalando esa situación y no actuó para echar fuera ese demonio, por lo que el demonio terminó por atacar a estos hombres. Jesús actuará con autoridad a favor de los cristianos, los miembros de Su cuerpo, cuando éstos están conectados con él y actuando conforme a su voluntad, pero tan sólo decir: “en nombre de Jesús…” no hace que las cosas sucedan mágicamente.

Si bien es maravilloso poder tener el poder de Dios en evidencia en nuestras vidas, veremos un pasaje que pone a las demostraciones de poder de Dios en la perspectiva correcta:

Mateo 11:20-24
(20) Entonces comenzó a reconvenir a las ciudades en las cuales había hecho muchos de sus milagros [dunamis], porque no se habían arrepentido, diciendo:
(21) Ay de ti, Corazín! Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros [dunamis] que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza.
(22) Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón, que para vosotras.
(23) Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida; porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros [dunamis] que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy.
(24) Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti.

Aquí tenemos un caso para reflexionar. En estas ciudades Jesús había hecho muchos milagros, muchas demostraciones del poder de Dios, sin embargo las personas no se habían arrepentido tras la predicación de Jesús y no habían cambiado sus conductas para seguir a Jesús. Esto quiere decir que ellos habían creído en Jesús como un hombre lleno del poder de Dios para sanar y dar liberación física, pero no habían creído en él como el Señor y Salvador. Lo que vemos aquí es una “fe” selectiva, creyeron en algunos aspectos de la predicación de Jesús (lo referido a la sanidad y liberación física) pero no en otros (el Señorío de Jesús y su función de Salvador). Estos hombres aceptaron gustosamente las sanidades y demostraciones de poder que hizo Jesús, pero no quisieron cambiar sus vidas para hacer la voluntad de Dios, por eso Jesús les dijo que en el día del juicio no iban a tener excusa como para decir: “no creímos porque nos faltaron pruebas del poder de Dios”.

Con esto podemos ver que si bien el poder de Dios manifestado a través de milagros y sanidades son muy deseables para nuestras vidas, nuestra meta final no debe ser tan sólo el manifestar ese poder, sino ir cambiando nuestras vidas en obediencia a Cristo, nuestro Señor, para tener un andar agradable a nuestro Padre, ganando una relación cada vez más estrecha y más viva con Dios y con el Señor Jesús, lo cual también nos aprovechará en el futuro, obteniendo una mayor recompensa de parte de Dios. Recordemos que Dios juzga nuestro corazón (Pr. 21:2; Mt. 5:8; Mr. 12:30; Ap. 2:23), así que, más importante que manifestar milagros es el crecer en nuestro amor y obediencia hacia Dios, aunque si hacemos esto, el poder de Dios será manifestado en nuestro vida de modo inevitable.