PDA

Ver la Versión Completa : La manifestación del Espíritu - Profecía - Discernimiento de espíritus



P. Pereyra
04/11/2010, 15:23
Profecía:

“Profecía” es la palabra griega propheteia, que significa “la declaración de un mensaje de parte de Dios”. Profetizar significa declarar algo que fue revelado por Dios. Esta declaración puede ser en forma hablada o en forma escrita. Entonces, para que exista profecía tenemos dos pasos: (1) Dios debe revelar Su mensaje a un creyente; (2) El creyente debe expresar ese mensaje a quien corresponda.

Existe una creencia general de que la profecía se refiere a una predicción con respecto a lo que sucederá en el futuro, sin embargo, una profecía de Dios puede hablar sobre el pasado, presente o futuro. Cuando Dios habla, no necesariamente tiene que hablar sobre le futuro, puede hacernos recordar hechos pasados o contarnos cosas presentes, lo importante en la profecía es que provenga de Dios al creyente y que el creyente lo comunique a otros.

En Juan 11:51 y muchos otros pasajes bíblicos leemos sobre profecías sobre hechos futuros, pero hay muchos ejemplos de profecías sobre el presente y sobre el pasado. Por ejemplo, en Mateo 11:13 leemos que “…todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan”. La ley no tenía declaraciones sobre lo que sucedería en el futuro, eran los preceptos dados por Dios, pero la ley es considerada como “profecía” porque fue revelada por Dios para el pueblo. En Lucas 1:67 y siguientes tenemos una profecía de Zacarías, al leerla vemos que es una alabanza a Dios y un recuerdo sobre las promesas que Dios había hecho, no hay predicciones del futuro. En 2 Crónicas 32:32 leemos: “Los demás hechos de Ezequías, y sus misericordias, he aquí todos están escritos en la profecía del profeta Isaías…” Si son “hechos” no son predicciones, claramente vemos que la profecía no sólo consiste en predicciones, sino en cualquier cosas que Dios revele para ser comunicado a otras personas.

Como he dicho, la profecía no necesariamente tiene que ser hablada, también puede ser transmitida en forma escrita. Por ejemplo en 2 Pedro leemos:

2 Pedro 1:19-21 (BTX)
(19) Tenemos también la palabra profética, la más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro hasta que el día amanezca, y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones;
(20) entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura surge por iniciativa propia,
(21) porque la profecía nunca fue traída por voluntad humana, sino que los hombres hablaron de parte de Dios siendo guiados por el Espíritu Santo.

En el 20 leemos que “ninguna profecía de la Escritura surge por iniciativa propia”. Esto significa que las Escrituras de Dios son “profecía” de Dios y nos señala que jamás la profecía surge de la propia iniciativa de una persona, sino que es Dios Quien señaló qué debía ser escrito. El versículo 21 nos resalta este hecho: “…la profecía nunca fue traída por voluntad humana, sino que los hombres hablaron de parte de Dios…” La verdadera profecía jamás es generada por el ser humano, no es invención de una persona, sino que es un mensaje de Dios dado a través de un creyente. La última frase del versículo 21 dice aquí: “…siendo guiados por el Espíritu Santo”, pero el texto griego las palabras “espíritu santo” no tienen artículos, por otro lado, la palabra griega para “por” es hupo, que tiene el sentido de “bajo la influencia de” o “bajo la acción de”, así que podríamos traducir así: “siendo guiados bajo la influencia de espíritu santo”. Esto significa que Dios, a través del espíritu santo en el creyente, actuó para dar Su mensaje profético, tal como estamos viendo que hace ahora, conforme 1 Corintios 12. Su don de espíritu santo en nosotros nos capacita para recibir y transmitir Su palabra profética, al igual que nos capacita para operar las otras manifestaciones.

En Romanos 12:6 se habla de un “don de profecía”, lo cual indica una especial habilidad dada por Dios para profetizar, este don es dado en casos especiales para edificar a la iglesia de un modo particular, sin embargo, todos los cristianos están capacitados para profetizar, y es posible que todos profeticen en una misma reunión, tal como podemos leer en 1 Corintios 14:24 y 31 (veremos esto en detalle más adelante, cuando exponga sobre 1 Corintios 14).

Otro punto a aclarar es que no todo lo que Dios revela a una persona es para ser declarada como profecía. Muchas veces Dios revela cosas que son particulares para el creyente (como vimos en “mensaje de conocimiento” y “mensaje de sabiduría”), la profecía se da cuando Dios revela algo que desea que sea dado a conocer a otras personas. Esta profecía puede ser particular (hacia una persona especial) o general (hacia todos los presentes) y la manera de comunicarla puede ser muy variada dependiendo de la situación.

Algo muy importante a tener en cuenta es que una profecía jamás puede contradecir al mensaje de las Escrituras, ni ir en contra de la naturaleza de amor de Dios, por eso deberemos tener cuidado de no tomar a la ligera cualquier palabra o predicación como profecía de Dios, sino evaluar si realmente proviene de Dios y pedir a Dios la confirmación si es que hemos oído alguna profecía de parte de alguien. Veamos la advertencia de Dios a Jeremías:

Jeremías 23:1-4, 10-32
(1) ¡Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de mi rebaño! dice Jehová.
(2) Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de Israel a los pastores que apacientan mi pueblo: Vosotros dispersasteis mis ovejas, y las espantasteis, y no las habéis cuidado. He aquí que yo castigo la maldad de vuestras obras, dice Jehová.
(3) Y yo mismo recogeré el remanente de mis ovejas de todas las tierras adonde las eché, y las haré volver a sus moradas; y crecerán y se multiplicarán.
(4) Y pondré sobre ellas pastores que las apacienten; y no temerán más, ni se amedrentarán, ni serán menoscabadas, dice Jehová.

(10) Porque la tierra está llena de adúlteros; a causa de la maldición la tierra está desierta; los pastizales del desierto se secaron; la carrera de ellos fue mala, y su valentía no es recta.
(11) Porque tanto el profeta como el sacerdote son impíos; aun en mi casa hallé su maldad, dice Jehová.
(12) Por tanto, su camino será como resbaladeros en oscuridad; serán empujados, y caerán en él; porque yo traeré mal sobre ellos en el año de su castigo, dice Jehová.
(13) En los profetas de Samaria he visto desatinos; profetizaban en nombre de Baal, e hicieron errar a mi pueblo de Israel.
(14) Y en los profetas de Jerusalén he visto torpezas; cometían adulterios, y andaban en mentiras, y fortalecían las manos de los malos, para que ninguno se convirtiese de su maldad; me fueron todos ellos como Sodoma, y sus moradores como Gomorra.
(15) Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos contra aquellos profetas: He aquí que yo les hago comer ajenjos, y les haré beber agua de hiel; porque de los profetas de Jerusalén salió la hipocresía sobre toda la tierra.
(16) Así ha dicho Jehová de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no de la boca de Jehová.
(17) Dicen atrevidamente a los que me irritan: Jehová dijo: Paz tendréis; y a cualquiera que anda tras la obstinación de su corazón, dicen: No vendrá mal sobre vosotros.
(18) Porque ¿quién estuvo en el secreto de Jehová, y vio, y oyó su palabra? ¿Quién estuvo atento a su palabra, y la oyó?
(19) He aquí que la tempestad de Jehová saldrá con furor; y la tempestad que está preparada caerá sobre la cabeza de los malos.
(20) No se apartará el furor de Jehová hasta que lo haya hecho, y hasta que haya cumplido los pensamientos de su corazón; en los postreros días lo entenderéis cumplidamente.
(21) No envié yo aquellos profetas, pero ellos corrían; yo no les hablé, mas ellos profetizaban.
(22) Pero si ellos hubieran estado en mi secreto, habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo, y lo habrían hecho volver de su mal camino, y de la maldad de sus obras.
(23) ¿Soy yo Dios de cerca solamente, dice Jehová, y no Dios desde muy lejos?
(24) ¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra?
(25) Yo he oído lo que aquellos profetas dijeron, profetizando mentira en mi nombre, diciendo: Soñé, soñé.
(26) ¿Hasta cuándo estará esto en el corazón de los profetas que profetizan mentira, y que profetizan el engaño de su corazón?
(27) ¿No piensan cómo hacen que mi pueblo se olvide de mi nombre con sus sueños que cada uno cuenta a su compañero, al modo que sus padres se olvidaron de mi nombre por Baal?
(28) El profeta que tuviere un sueño, cuente el sueño; y aquel a quien fuere mi palabra, cuente mi palabra verdadera. ¿Qué tiene que ver la paja con el trigo? dice Jehová.
(29) ¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra?
(30) Por tanto, he aquí que yo estoy contra los profetas, dice Jehová, que hurtan mis palabras cada uno de su más cercano.
(31) Dice Jehová: He aquí que yo estoy contra los profetas que endulzan sus lenguas y dicen: El ha dicho.
(32) He aquí, dice Jehová, yo estoy contra los que profetizan sueños mentirosos, y los cuentan, y hacen errar a mi pueblo con sus mentiras y con sus lisonjas, y yo no los envié ni les mandé; y ningún provecho hicieron a este pueblo, dice Jehová.

Aquí tenemos una severa advertencia de Dios a no proferir palabras de Su parte cuando no lo son. En este caso el pueblo de Israel estaba andando en maldad y estos falsos profetas declaraban “paz” de parte de Dios, mientras que Dios no estaba en paz con ellos a causa de su maldad. Por esta causa, dice Dios, que estaban teniendo escasez y sequía. El verdadero profeta debía corregir al pueblo de su error, pero estos falsos profetas los alentaban a seguir tal como estaban, por lo que Dios les declara que vendría el mal sobre ellos a causa de sus acciones. Por eso, como cristianos, debemos orar a Dios y asegurarnos de estar haciendo Su voluntad cuando decimos: “Dios me dijo que te dijera” o “tengo una palabra de Dios para ti” y también debemos evaluar las “profecías” de otros, esto lo hacemos con las Escrituras y con oración a Dios.

En 1 Corintios 14:29 leemos: “Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen”, esto quiere decir que quizá no todas las profecías de una reunión de cristianos sean realmente reveladas por Dios y los que están presente deberán “juzgar” si la profecía es correcta. Debido a que somos seres humanos imperfectos a veces sucede que Dios nos revela algo para transmitir a otros y esto lo transmitimos mezclado con nuestras propias palabras, entonces, no todo lo que hablamos es profético y transmitimos una mezcla de verdad y error en lo dicho, por eso, otros cristianos maduros pueden “juzgar” lo expuesto y separar lo que es de Dios de lo que no.

Muchas veces también sucede que profetizamos sin enterarnos que lo estamos haciendo. A veces estamos hablando a una persona sobre Dios, quizá para enseñar, quizá para dar aliento o consuelo, y suele pasar que en medio de lo que estamos hablando Dios nos da las palabras exactas para transmitir a esa persona. En esos momentos estaremos dando una palabra profética en medio de nuestra charla, y quizá ni nosotros ni el o los que escuchan se den cuenta que hubo una profecía, pero el beneficio de ésta estará allí. Las personas tendemos a categorizar las cosas y así separamos en forma ordenada las manifestaciones de poder de Dios y armamos ciertas “fórmulas” para operar tal o cual manifestación del espíritu santo. Entonces decimos: “la profecía es esto y se opera así, las sanidades son esto y se operan así, etc.”, sin embargo, Dios muchas veces actúa a través nuestro fuera del marco de lo convencional, porque Dios no necesita estructuras para actuar, sino un corazón de amor a Él dispuesto a edificar a otros, y con la profecía suele suceder que Dios nos da las palabras justas en medio de una conversación “normal”. A veces podemos darnos cuenta de que lo que dijimos fue de parte de Dios a causa del efecto que tiene sobre otra persona. Quizá dijimos justo aquella palabra que tocó el corazón de una persona para creer y ser sanada físicamente o emocionalmente, o que le inspiró una nueva fe en Dios, o que la edificó de algún modo u otro en su relación con Dios. La profecía no necesariamente son palabras “nuevas”, a veces consiste tan sólo en referir un versículo bíblico, o una promesa de Dios que viene a nuestras mentes, siempre que sea de parte de Dios para ser transmitido a otros podemos considerarlo como “profecía”.

Discernimiento de espíritus:

El “discernimiento” es la habilidad para discernir, diferenciar, evaluar y decidir. Por lo tanto, el discernimiento de espíritus sería una habilidad dada por Dios, por medio del don de espíritu santo, con la cual podemos discernir o diferenciar distintos espíritus que hay en una persona, animal (Marcos 5:13), o en el ambiente. Esta habilidad frecuentemente está acompañada con alguna instrucción de Dios sobre cómo actuar en tal situación, a veces Dios puede darnos la instrucción de echar fuera un espíritu demoníaco, produciéndose así un milagro y una sanidad. No siempre estará disponible echar fuera un espíritu maligno de una persona, muchas veces el discernimiento de espíritus nos sirve para alejarnos de una persona, o evitar ser engañados por ésta (por ejemplo, si es un falso predicador o falso profeta de la Palabra que tiene un demonio dentro). Por medio del discernimiento de espíritus Dios también puede avisarnos si una persona tiene espíritu santo o no, para que luego sepamos cómo conducirnos con esa persona.

Esta manifestación podemos verla constantemente evidenciada en la vida de Jesús, y también la vemos operada en los apóstoles, a través del libro de Hechos.

Mateo 8:16
Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos;

Mateo 10:1
Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.

Hechos 5:16
Y aun de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados.

Hechos 8:7
Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados;

En estos pasajes podemos ver cómo Jesús anduvo con poder para echar fuera espíritus demoníacos y cómo delegó autoridad para hacerlo, tanto durante su vida en la Tierra como también luego de su ascensión. El poder de Dios no ha disminuido, y la autoridad de Cristo para administrar ese poder no ha variado, así que, como miembros de Su Cuerpo, tenemos la capacidad potencial de echar fuera toda clase de espíritus inmundos (malignos) y luchar contra las huestes espirituales de maldad (Ef. 6:12), sin embargo, siempre debemos recordar que este poder sólo se manifestará en la medida que lo operemos conforme a la voluntad de nuestro Señor, el poder no es nuestro, sino de Dios por medio de Cristo, por lo tanto, siempre será Cristo quien nos señale qué hacer y cómo hacerlo. Como hemos visto en el relato de Hechos 19:13-16, puede ser peligroso actuar sin el aval e instrucción de Cristo.