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VIDENTE007
02/10/2007, 16:56
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DICCIONARIO EXPOSITIVO
DE PALABRAS DEL ANTIGUO Y DEL NUEVO TESTAMENTO EXHAUSTIVO

A

ABANDONAR, DEJAR
˓azab (עַַזַב, 5800), «dejar, abandonar, aplazar, renunciar, soltar». El vocablo aparece en acádico, en hebreo posbíblico y en arameo. Palabras semejantes aparecen en arábigo y etiópico. El vocablo figura en el hebreo bíblico unas 215 veces y durante todos los períodos.
Básicamente ˓azab significa «salir de algo» o «dejar». Este es el sentido del término la primera vez que aparece en la Biblia: «Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer» (Gn 2.24). El vocablo adquiere particularmente el matiz de «dejar a alguien plantado», o dejar a alguien que depende de sus servicios. Es así como Moisés le dice a Hobab el madianita (ceneo): «Te ruego que no nos dejes [plantado]; porque tú conoces los lugares donde hemos de acampar en el desierto, y nos serás en lugar de ojos» (Nm 10.31).
La palabra también implica «abandonar», o «dejar completamente», en ciertos pasajes que llevan implícito el sentido de finalizar, terminar, acabar. Por eso Isaías predicaría que «la tierra de los dos reyes que tú temes será abandonada» (Is 7.16). En otros pasajes el abandono es completo aunque no necesariamente permanente. Dios dice que llama a Israel «como a mujer abandonada y triste de espíritu … Por un breve momento te abandoné, pero te recogeré con grandes misericordias» (Is 54.6–7). En acádico, la palabra encierra un significado técnico de «completa y permanentemente abandonada» o «divorciada». Isaías lo usa con el mismo sentido en 62.4: «Nunca más te llamarán Desamparada … sino que serás llamada [Mi deleite está en ella] … y tu tierra será desposada».
Otro uso especial del término es «no hacer caso»: «Pero él dejó el consejo que los ancianos le habían dado» (1 R 12.8).
Un segundo énfasis de ˓azab es «abandonar», o sea, dejar algo mientras se sale de algún lugar. En Gn 39.12, José «dejó» su ropa en las manos de la mujer de Potifar y huyó. La palabra también puede significar el acto intencional de «entregar lo que se posee al cuidado de otra persona» o «pasar alguna responsabilidad a otra persona». Potifar «dejó todo lo que tenía en mano de José» (Gn 39.6).
El vocablo tiene un matiz un tanto diferente cuando significa «dejar solo a alguien o algo con un problema»: «Si vieres el asno del que te aborrece caído debajo de su carga, ¿le dejarás sin ayuda?» (Éx 23.5). En forma figurativa ˓azab significa «apartarse de» en un sentido espiritual o intelectual: «Deja la ira, y desecha el enojo» (Sal 37.8).
El tercer énfasis de la palabra es «apartar» o «tomar gran parte de algo y dejar de lado el resto»: «No rebuscarás tu viña, ni recogerás el fruto caído de tu viña; para el pobre y el extranjero lo dejarás [de lado]» (Lv 19.10).
Finalmente, ˓azab puede significar «dejar», «soltar» o «liberar». Las personas «insensatas y necias» son las que no hacen provisión para el futuro; mueren y «dejan a otros sus riquezas» (Sal 49.10). Rut 2.16 matiza el término en el sentido de «dejar caer [sobre el suelo]» algún objeto. ˓Azab puede significar «abandonar»: «Al que encubre sus faltas, no le saldrá bien: el que las confiesa y abandona [deja de lado], obtendrá piedad» (Pr 28.13 BJ). En 2 Cr 28.14 significa «liberar»: «El ejército dejó los cautivos y el botín delante de los príncipes y de toda la multitud». ˓Azab puede significar «soltar» o «hacer que se vaya». Hablando acerca del mal, Zofar observa: «[Al malvado] le parecía bien, y no lo dejaba, sino que lo detenía en su paladar» (Job 20.13).
˓Azab puede significar «dejar hacer», como en 2 Cr 32.31; Dios «dejó» a Ezequías hacer lo que quería. O «quitar» o «eliminar» en el sentido de discontinuar una acción: «Quitémosle este gravamen» (Neh 5.10).
En ciertas ocasiones ˓azab tiene la acepción técnica y jurídica de «ser libre», o sea, lo opuesto de estar en esclavitud. El Señor reivindicará a su pueblo y tendrá compasión de sus siervos «cuando viere que la fuerza pereció, y que no queda ni siervo ni libre» (Dt 32.36).

ABOMINACIÓN
A. Nombre
tô˓ebah (תּוֹעֵבָה, 8441), «abominación; asqueroso, cosa detestable». Aparecen cognados de este vocablo únicamente en fenicio y en el arameo del tárgum. La palabra aparece 117 veces en todos los períodos.
Primero, tô˓ebah define a las personas y los objetos como esencialmente únicos en el sentido de ser «peligrosos», «siniestros», «repulsivos» y «abominables» desde la perspectiva de otros. Este significado lo vemos por primera vez en Gn 43.32: «Los egipcios no pueden comer pan con los hebreos, lo cual es abominación a los egipcios». Debido a sus diferencias culturales o sociales, a los egipcios les repugnaba comer pan con extranjeros (cf. Gn 46.34; Sal 88.8). Otra ilustración clara de este choque fundamental de voluntades aparece en Pr 29.27: «Abominación es a los justos el hombre inicuo; y abominación es al impío el de caminos rectos». Al referirse a Dios, el término adquiere un matiz particular: describe a personas, cosas, hechos, relaciones y características que le son «detestables» o «abominables» porque son contrarias a su naturaleza. Dios abomina lo que tiene que ver con muerte e idolatría: «Nada abominable comerás» (Dt 14.3). Los que tienen hábitos que Dios aborrece también le son detestables: «La mujer no llevará ropa de hombre, ni el hombre se pondrá vestidos de mujer, porque el que hace esto es una abominación para Yahveh tu Dios» (Dt 22.5 BJ). Lo contrario de tô˓ebah son reacciones como «deleite» y «amor» (Pr 15.8, 9 LBA).
En segundo lugar, tô˓ebah se usa en algunos contextos para describir prácticas y objetos paganos: «Las esculturas de sus dioses quemarás en el fuego; no codiciarás plata ni oro de ellas para tomarlo para ti, para que no tropieces en ello, pues es abominación a Jehová tu Dios; y no traerás cosa abominable a tu casa» (Dt 7.25, 26). En otros contextos, tô˓ebah describe repetidos fracasos en la observación de los reglamentos divinos: «Porque vuestro tumulto es mayor que el de las naciones que os rodean, porque no os habéis conducido según mis decretos ni habéis observado mis normas, y ni siquiera os habéis ajustado a las normas de las naciones que os rodean … a causa de todas tus abominaciones» (Ez 5.7, 9 BJ). Tô˓ebah puede representar los propios cultos paganos, como en Dt 12.31, o el pueblo que los practica: «Porque todo el que hace estas cosas es una abominación para Yahveh tu Dios y por causa de estas abominaciones desaloja Yahveh tu Dios a esas naciones delante de ti» (Dt 18.12 BJ). Por otro lado, si los israelitas son culpables de tales idolatrías, su fin será peor que el cautiverio: ser apedreados hasta la muerte (Dt 17.2–5).
En tercer lugar, tô˓ebah se usa en la esfera de la jurisprudencia y de las relaciones familiares y tribales. Ciertos actos o características destruyen la armonía social y familiar; a estos actos y a las personas que los practican se les aplica el término tô˓ebah: «Seis cosas hay que aborrece Jahveh, y siete son abominación para su alma: ojos altaneros, lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente, corazón que fragua planes perversos … y el que siembra pleitos entre los hermanos» (Pr 6.16–19 BJ). Dios dice: «Abominación a los hombres [es] el escarnecedor» (Pr 24.9), porque siembra su amargura entre el pueblo de Dios, quebrantando la unidad y la armonía.
B. Verbo
ta˓ab (תָּעַב, 8581), «detestar o tratar como detestable, causar que sea una abominación, actuar en manera abominable». Este verbo aparece 21 veces, comenzando con Dt 7.26: «No traerás cosa abominable a tu casa».

ACEITE (DE OLIVA)
A. Nombres
shemen (שֶֶׁמֶן, 8081), «aceite (de oliva); aceituna; perfume; madera de olivo». Este vocablo tiene cognados en ugarítico, acádico, fenicio, siríaco, arábigo y arameo. La palabra aparece unas 190 veces y durante todos los períodos del hebreo bíblico.
Shemen significa «aceite» de oliva: «Y se levantó Jacob de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera, y la alzó por señal, y derramó aceite encima de ella» (Gn 28.18). El «aceite» de oliva se usaba también para ungir a un futuro líder (Éx 25.6; 2 R 9.6); se ungían personas en la cabeza como señal de luto (2 S 14.2) o en señal de regocijo (Sal 23.5). También se ungía el lóbulo de la oreja y los pulgares de la mano y del pie como una purificación ritual (Lv 14.17). El shemen se usaba para preservar el cuero de un escudo (2 S 1.21), en el proceso de hacer pan (Éx 29.2) y como un medicamento (Ez 16.9). Por sus múltiples usos, el aceite fue un producto de alto valor comercial (Ez 27.17).
En muchos contextos shemen tal vez puede referirse a la propia oliva o aceituna: «Vosotros tomad el vino, los frutos del verano y el aceite, y ponedlos en vuestros almacenes» (Jer 40.10).
Hay una ocasión en que el término aparece como «manjares suculentos» o platos mezclados con mucho aceite: «Y Jehová de los ejércitos hará en este monte a todos los pueblos banquete de manjares suculentos» (Is 25.6).
Shemen es también «una clase de perfume», o aceite de oliva mezclado con ciertas fragancias para hacer perfume, en pasajes como Cnt 1.3: «A más del olor de tus suaves ungüentos, tu nombre es como ungüento derramado».
Shemen a veces modifica a madera: «Hizo también en el lugar santísimo dos querubines de madera de olivo» (1 R 6.23).
Un nombre cognado mishman aparece 4 veces. Significa personas fuertes o «robustas» (Is 10.16) y «lugares de abundancia» (Dn 11.24).
B. Verbo
El verbo shaman, que aparece 5 veces, tiene cognados en arameo, siríaco y arábigo. El vocablo significa «crecer o engordar» (Neh 9.25 BJ, LBA, BLA; Jer 5.28).
C. Adjetivo
El adjetivo shamen, el cual aparece 10 veces, con cognados ugaríticos, significa «gordo» (Ez 34.16); «sustancioso» (Gn 49.20: la primera vez que aparece); «fértil» (Nm 13.20); «robusto o musculoso» (Jue 3.29 LBA); y «abundante» (Hab 1.16 BL, LBA).

ACEPTAR
ratsah (רָצָה, 7521), «estar contento, ser favorecido, sentirse complacido, ver con agrado, satisfacer». Este es un término común tanto en el hebreo bíblico como en el moderno. Se encuentra aproximadamente 60 veces en el texto veterotestamentario; uno de los primeros ejemplos es Gn 33.10: «Con tanto favor me has recibido». En este texto, «favor» aparece dos veces, siendo el primero una traducción de jen. Cuando ratsah indica que Dios se complace con alguien, generalmente las traducciones en castellano expresan la idea de «deleite», «encanto», «gozo», describen un sentimiento de gran placer (cf. Is 42.1; Sal 44.3). Este matiz se refleja también en Pr 3.12, donde ratsah se expresa paralelamente con ˒ahab, «amar»: «Porque el Señor reprende a los que ama, como un padre al hijo preferido» (NBE).
Por otro lado, cuando uno necesita cumplir con algún requisito para merecer ratsah, puede ser más lógico traducirlo como «agradar» o «aceptar». Por ejemplo: «¿Se agradará Jehová de millares de carneros … ?» (Miq 6.7); «No me complazco en vuestras oblaciones» (Am 5.22 BJ).
Ratsah puede usarse en el sentido de «pagar» o de «cancelar una deuda», en particular cuando se refiere a tierras que están en barbecho durante los años sabáticos (cf. Lv 26.34). La RVR traduce ratsah en este pasaje como «gozar»; la NBE «disfrutar» y la BLA «gozar». La BJ de acuerdo al contexto traduce: «Entonces pagará la tierra sus sábados, durante todos los días que esté desolada … entonces sí que descansará la tierra y pagará sus sábados». En el mismo sentido, la frase «su pecado es perdonado» (Is 40.2), debe significar que «su iniquidad (o deuda) ha sido cancelada» o que su castigo ha sido «satisfactorio».

ACERCAR, APROXIMAR
nagash (נָגָשׁ, 5066), «aproximarse, acercarse, traer, presentar». El término se encuentra mayormente en el hebreo de la Biblia y también se puede encontrar en ugarítico antiguo. Nagash aparece 125 veces en el texto del Antiguo Testamento y por primera vez en Gn 18.23, donde se dice que Abraham se «acerca» a Dios para interceder por Sodoma.
El vocablo se usa a menudo para describir el «contacto» ordinario de una persona con otra (Gn 27.22; 43.19). A veces nagash alude al «contacto» sexual (Éx 19.15). Con mayor frecuencia se usa para hablar de sacerdotes que «se acercarán» a la presencia de Dios (Ez 44.13) o los sacerdotes que «se aproximan» al altar (Éx 30.20). También los ejércitos en contienda «se acercan» para entablar lucha (Jue 20.23; RV «subir»). Objetos inanimados, tales como las escamas del cocodrilo se hallan tan «cerca» que «el uno se junta con el otro, que viento no entra entre ellos» (Job 41.15–16 RV). A veces se usa el término para referirse a «traer» (NBE), «ofrecer» (RV) o «presentar» (BJ, BLA) una ofrenda ante el altar (Mal 1.7).

ACONSEJAR
A. Verbo
ya˓ats (יַעַץ, 3289), «aconsejar, explicar, anunciar, consultar». El vocablo se ha usado durante toda la historia de la lengua hebrea y aparece en el Antiguo Testamento unas 80 veces. Ya˓ats se encuentra primero en Éx 18.19, en donde Jetro le dice a su yerno Moisés: «Te aconsejaré, y Dios estará contigo» (Éx 18.19). El vocablo se encuentra solo una vez más en el Pentateuco, en Nm 24.14: «Te indicaré» (RV), «voy a anunciar» (BJ, BLA), «te explicaré» (NBE).
Aunque ya˓ats describe con mayor frecuencia «ofrecer buenos consejos», a veces ocurre lo contrario. Un ejemplo trágico es el caso de Acab, rey de Judá, cuya madre «le aconsejaba a que actuase impíamente» (2 Cr 22.3). En Is 23.9 se expresa la idea de una «decisión»: «Jehová de los ejércitos lo decretó» (RV, NBE), «planear» (BJ), «tramar» (BLA).
B. Nombres
yo˓ets (יֹעֵץ, 3289), «consejero». Tal vez la forma más conocida de esta raíz sea la modalidad sustantiva que se encuentra en el pasaje mesiánico, Is 9.6: «Admirable-Consejero» (NBE), «Consejero admirable (BLA), «Maravilla de Consejero» (9.5 BJ). El término también se encuentra separado de admirable: «Admirable, Consejero» (RV).
ya˓ats (יַעָץ, 3289), «aquellos que dan consejos». Con frecuencia, ya˓ats se usa en forma de participio, traducido como «los que aconsejan», especialmente a líderes políticos y militares (2 S 15.12; 1 Cr 13.1).

ADIVINACIÓN, ADIVINO
qasam (קָסַם, 7080), «adivinar, practicar la adivinación». Cognados de este vocablo aparecen en arameo tardío, en cóptico, siríaco, mandeano, etiópico y arábigo, así como la lengua de Palmira. La raíz hebrea aparece 31 veces en el texto bíblico: 11 veces como verbo, 9 como participio y 11 como nombre.
La adivinación era un paralelo pagano de la profecía: «No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación … Porque estas naciones que vas a heredar, a agoreros y a adivinos oyen; mas a ti no te ha permitido esto Jehová tu Dios. Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a Él oiréis» (Dt 18.10, 14–15: primer uso del término).
El término qasam se refiere al acto de buscar la voluntad de los dioses a fin de conocer sus acciones futuras o conseguir su bendición para alguna acción propuesta (Jos 13.22). Es posible que los adivinadores conversaban con demonios (1 Co 10.20).
En ciertos casos, la práctica de adivinación involucraba ofrendas y sacrificios sobre un altar a la divinidad (Nm 23.1ss). A través de un hueco en la tierra, el adivinador se comunicaba también con los muertos (1 S 28.8). O sacudía saetas, consultaba ídolos domésticos y estudiaba los hígados de animales muertos (Ez 21.21).
La adivinación era uno de los intentos humanos de conocer y controlar el mundo y el futuro, dejando de lado al Dios verdadero. Era lo opuesto a la verdadera profecía, la cual es esencialmente sumisión a la soberanía de Dios (Dt 18.14).
Tal vez el uso más ambiguo y complicado del término aparece en Nm 22—23 y Pr 16.10, en donde parece ser equivalente a «profecía». Balaam tenía fama de adivino entre los paganos; al mismo tiempo, reconocía a Jehová como su Dios (Nm 22.18). Aceptó dinero por sus servicios y probablemente no tenía problemas con ajustar su mensaje al agrado de sus clientes. Esto explicaría el porqué Dios se enojó con él y lo confrontó (Nm 22.22ss), aun cuando ya le había dicho que aceptara la comisión y acompañara a los enviados del rey (22.20). Según parece, Balaam había resuelto agradar a sus clientes. Pero, una vez que esa actitud se volvió sumisión, Dios le permitió seguir su camino (Nm 22.35).

ADORAR
shajah (שָׁחָה, 7812), «adorar, postrarse, bajarse, inclinarse». Esta palabra se encuentra en el hebreo moderno con el sentido de «inclinarse o agacharse», pero no en el sentido general de «adorar». El hecho de encontrarse más de 170 veces en el Antiguo Testamento demuestra un poco de su significado cultural. Lo encontramos por primera vez en Gn 18.2 en donde Abraham «se postró en tierra» delante de los tres mensajeros que le anunciaron que Sara tendría un hijo.
El acto de inclinarse en homenaje o reconocimiento de autoridad y sumisión se hace generalmente delante de un superior o un gobernante. Por eso David se «inclinó» ante Saúl (1 S 24.8). A veces alguien se inclina ante uno que es social o económicamente superior, como cuando Rut se «inclinó» delante de Booz (Rt 2.10).
José vio en un sueño que las gavillas de sus hermanos se «inclinaban» ante su gavilla (Gn 37.7–10). Shajah es el término que comúnmente se usa para llegar ante Dios en adoración (como en 1 S 15.25 y Jer 7.2). A veces se usa otro verbo que significa inclinarse físicamente, seguido por «adorar», como en Éx 34.8: «Y entonces Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró». Otros dioses e ídolos también son objetos de adoración, postrándose delante de ellos (Is 2.20; 44.15, 17).

ADQUIRIR, COMPRAR
qanah (קָנָה, 7069), «obtener, comprar, crear». El vocablo semítico qanah es muy frecuente, tanto en el hebreo antiguo como el moderno, y también en el antiguo acádico y ugarítico. Aparece 84 veces en el Antiguo Testamento hebraico. El primer caso veterotestamentario de qanah está en Gn 4.1: «He adquirido [creado] un varón con la ayuda del Señor» (LBA). En este pasaje, el término expresa el significado fundamental del acto divino de «engendrar» («crear»); o sea, que lo que Eva en realidad dice es: «He adquirido [creado] un varón de parte de Jehová» (LBA). Este significado se confirma en Gn 14.19, 22 en donde ambos versículos se refieren a Dios como «creador del cielo [o «cielos»] y de la tierra» (RVA, NRV, BJ, BLA, NBE, BLP).
En Dt 32.6 a Dios se le llama el «padre» que «creó» a Israel; un padre engendra o «crea» hijos, no los «adquiere». En la versión sapiencial del relato de la creación (Pr 8.22–36), la Sabiduría misma dice que «Jehovah me creó … antes que sus hechos más antiguos» (RVA). La traducción «poseer» (RVR, LBA) no parece ser adecuada al contexto.
Cuando el salmista le dice a Dios «Tú formaste mis entrañas» (Sal 139.13, RVA, BLA), posiblemente quiso decir «crear» (NBE).
Qanah se usa varias veces para expresar la actividad redentora de Dios a favor de Israel, aludiendo una vez más al tema de la «creación» en lugar de «adquisición». Éxodo 15.16 debería traducirse: «El pueblo que tú creaste», en vez de «que tú has adquirido» (RVA; «comprado» BLA, BJ, etc.; cf. Sal 74.2 RVR).
La acepción «comprar» o «adquirir» para qanah la encontramos a menudo cuando dos personas cierran un trato de compra y venta. El término se usa en el caso de «comprar» un esclavo (Éx 21.2) y tierra (Gn 47.20).

AFLICCIÓN
A. Nombres
tsarah (צָרָה, 6869), «aflicción, angustia, aprietos». Los 70 casos de tsarah aparecen durante todos los períodos de la literatura bíblica, aunque la mayoría de los usos son en poesía (literatura poética, profética y sapiencial). Tsarah significa «aprietos» o «aflicción» en un sentido sicológico o espiritual, y este es su significado la primera vez que se usa, en Gn 42.21: «Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no le escuchamos».
tsar (צַר, 6862), «angustia». Este vocablo también aparece mayormente en textos poéticos. En Pr 24.10, tsar significa «escasez» o la «angustia» que esta ocasiona. El énfasis del nombre a veces recae sobre el sentimiento de «consternación» que viene de una situación que causa tensión (Job 7.11). De acuerdo a este uso la palabra tsar se refiere a un estado sicológico o espiritual. En Is 5.30 el vocablo describe condiciones angustiantes: «Entonces mirará hacia la tierra, y he aquí tinieblas de tribulación» (cf. Is 30.20). Este matiz parece ser el uso más frecuente de tsar.
B. Verbo
tsarar (צָרַר, 6887), «envolver, atar, estrecho, estar afligido, sentir dolores de parto». Este verbo, que aparece en el Antiguo Testamento 54 veces, tiene cognados en arameo, siríaco, acádico y arábigo. En Jue 11.7, el vocablo significa «estar en una situación angustiosa».
C. Adjetivo
tsar (צַר, 6862), «estrecho». Tsar describe un espacio angosto que fácilmente puede obstruirse con una sola persona (Nm 22.26).

AFRENTA
A. Nombre
jerpah (הֶרְפָּה, 2781), «afrenta, oprobio». Este nombre se encuentra en el Antiguo Testamento y en hebreo rabínico. En el hebreo moderno se ha reemplazado con otros nombres. Jerpah aparece 70 veces en el Antiguo Testamento hebraico. Son muy pocos los casos en el Pentateuco y en los libros históricos. El nombre aparece con más frecuencia en los Salmos, en los profetas mayores y en Daniel. El primer ejemplo lo encontramos en Gn 30.23: «Ella concibió y dio a luz un hijo, y dijo: Dios ha quitado mi afrenta».
«Afrenta» u «oprobio» tienen un doble uso. Por un lado, los términos denotan una condición social. La mujer soltera (Is 4.1) o la mujer sin hijos (Gn 30.23) cargaban con un sentimiento de deshonra en una sociedad en donde el matrimonio y la fertilidad eran altamente valorados. La destrucción de Jerusalén y el cautiverio trajeron «oprobio» para Judá: «Oh Señor, conforme a tu justicia, apártense, por favor, tu ira y tu furor de sobre Jerusalén, tu ciudad, tu santo monte. Porque a causa de nuestros pecados y por la maldad de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo han sido entregados a la afrenta en medio de todos los que nos rodean» (Dn 9.16 RVA). Por lo mismo, la «afrenta» de una persona o nación les acarreaba desprecio, burlas e insultos y chismes de amplia difusión.
Cualesquiera fueran las causas de la deshonra (derrota militar, cautiverio o enemistad), el salmista ora pidiendo ser liberado de esas «afrentas»: «Aparta de mí el oprobio y el desprecio, porque he guardado tus testimonios» (Sal 119.22 RVA: véase contexto; cf. Sal 109.25). Se puede apreciar el colmo de los insultos que se lanzaban a los que sufrían deshonra si observamos los sinónimos de jerpah que se encuentran en Jer 24.9: «Y haré que ante todos los reinos de la tierra sean objeto de espanto, de oprobio, de refrán, de burla y de maldición en todos los lugares adonde yo los empuje» (RVA). Varios profetas predijeron que el juicio de Israel lo experimentaría en parte por la humillante «afrenta» ante las naciones: «Los perseguiré con espada, con hambre y con peste. Haré que sean motivo de espanto para todos los reinos de la tierra, y maldición, horror, rechifla y afrenta ante todas las naciones a las cuales los he expulsado» (Jer 29.18 RVA; cf. Ez 5.14). Con todo, Dios en su gracia promete que quitará la «afrenta» cuando sus propósitos se cumplan: «Él destruirá la muerte para siempre; el Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y quitará el oprobio de su pueblo de sobre toda la tierra» (Is 25.8 LBA).
Las traducciones en la Septuaginta son: oneidismos («afrenta; injuria; deshonra; insulto») y oneidos («deshonra; oprobio; insulto»).
B. Verbo
jarap (הָרַף, 2778), «hablar ásperamente; afrentar». La raíz de estos términos (que significan «ser ásperos o bruscos») se encuentra en las lenguas semíticas septentrionales y meridionales. En hebreo, el verbo se refiere a una forma de hablar, o sea, de reprochar a alguien. El vocablo se halla unas 50 veces en el Antiguo Testamento, como por ejemplo en Sal 42.10: «Mientras mis huesos se quebrantan, mis enemigos me afrentan diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios?» (RVA).

AGUA
mayim (מַיִם, 4325), «agua; torrente». El término tiene cognados en ugarítico y en sudarábigo. Aparece unas 580 veces y durante todos los períodos del hebreo bíblico.
Primero, «agua» es una de las sustancias básicas originales. Este es su significado cuando aparece por vez primera, en Gn 1.2: «Y el Espíritu de Dios se movía sobra la faz de las aguas». En Gn 1.7 Dios separó las «aguas» de encima de las «aguas» debajo (cf. Éx 20.4) de la bóveda celeste (LVP). Segundo, el vocablo representa aquello que está dentro de un pozo, por ejemplo, «agua» para beber (Gn 21.19). Las «aguas vivas» son las que fluyen: «Cuando los siervos de Isaac cavaron en el valle … hallaron un pozo de aguas vivas» (Gn 26.19). Al agua que se bebe en la prisión se le denomina «agua de aflicción»: «Echad a este en la cárcel, y mantenedle con pan de angustia y con agua de aflicción, hasta que yo vuelva en paz» (1 R 22.27). Job 9.30 habla de agua de nieve: «Aunque me lave con aguas de nieve, y limpie mis manos con la limpieza misma».
Tercero, mayim puede representar figuradamente cualquier líquido: «Dios nos ha destinado a perecer, y nos ha dado a beber aguas de hiel, porque hemos pecado contra Jehová» (Jer 8.14). La frase, en 2 R 18.27, mereglayim («agua de los pies») significa orina: «¿Me ha enviado mi señor para decir estas palabras a ti y a tu señor, y no a los hombres que están sobre el muro, expuestos a comer su propio estiércol y beber su propia orina con vosotros?» (cf. Is 25.10).
Cuarto, en el culto de Israel el «agua» se vertía o rociaba (no se sumergía a nadie) simbolizando la purificación. Es así como Aarón y sus hijos debían lavarse ritualmente con «agua» como parte del rito de consagración al sacerdocio: «Y llevarás a Aarón y a sus hijos a la puerta del tabernáculo de reunión, y los lavarás con agua» (Éx 29.4). Ciertas partes del animal sacrificado debían lavarse con «agua» durante el culto: «Y lavará con agua los intestinos y las piernas» (Lv 1.9). Los ritos israelitas a veces incluían «agua santificada»: «Luego tomará el sacerdote del agua santa en un vaso de barro; tomará también el sacerdote del polvo que hubiere en el suelo del tabernáculo y lo echará en el agua» (Nm 5.17). En el ritual de Israel también se usaban «aguas amargas»: «Y hará el sacerdote estar en pie a la mujer delante de Jehová, y descubrirá la cabeza de la mujer, y pondrá en sus manos la ofrenda recordativa, que es la ofrenda de celos; y el sacerdote tendrá en la mano las aguas amargas que acarrean maldición» (Nm 5.18). Esta era «agua» que causaba maldición y amargura a quien la bebía (Nm 5.24).
Quinto, en nombres propios el vocablo se usa en relación con fuentes, arroyos o mares, y las regiones que están en el vecindario inmediato de estas aguas: «Di a Aarón: Toma tu vara, y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus ríos, sobre sus arroyos y sobre sus estanques, y sobre todos sus depósitos de aguas, para que se conviertan en sangre» (Éx 7.19).
Sexto, el término se usa en sentido figurado de muchas maneras. Mayim alude al peligro o aflicción: «Envió de lo alto y me tomó; me sacó de las muchas aguas» (2 S 22.17). En 2 S 5.20 Mayim representa una fuerza que irrumpe: «Quebrantó Jehová a mis enemigos delante de mí, como corriente impetuosa». Las «muchas aguas» pueden referirse a la insurgencia de las naciones impías en contra de Dios: «Los pueblos harán estrépito como de ruido de muchas aguas» (Is 17.13). El vocablo, por tanto, describe un ímpetu violento y sobrecogedor: «Se apoderarán de él terrores como de aguas; torbellino lo arrebatará de noche» (Job 27.20). En otros pasajes «agua» se usa para representar la timidez: «Por lo que el corazón de ellos desfalleció y vino a ser como agua» (Jos 7.5). Relacionado un poco con este sentido está la connotación de «transitorio»: «Y olvidarás tu miseria, o te acordarás de ella como de aguas que pasaron» (Job 11.16). En Is 32.2 «agua» representa refrigerio: «Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión; como arroyos de agua en tierras de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa». Los remansos apacibles o las aguas quietas simbolizan el descanso y la paz: «Junto a aguas de reposo me pastoreará» (Sal 23.2). Se usan términos semejantes para describir los encantos de la esposa como «aguas de vida» o «aguas vivificantes»: «Bebe el agua de tu misma cisterna, y los raudales de tu propio pozo» (Pr 5.15). El «agua» derramada representa derramamiento de sangre (Dt 12.16), ira (Os 5.10), justicia y juicio (Am 5.24) y sentimientos de dolor (Job 3.24).
tehôm (תְּוֹם, 8415), «aguas profundas, océano; abismos, agua subterránea, aguas, diluvios y torrentes». Se encuentran cognados de esta palabra en ugarítico, acádico (desde Ebla, alrededor de 2400—2250 a.C.) y arábigo. En las 36 veces que aparece el término es en su mayoría en pasajes poéticos en todos los períodos históricos.
El término representa las «aguas profundas» cuyas superficies se congelan por el frío: «Las aguas se endurecen a manera de piedra, y se congela la faz del abismo» (Job 38.30). En Sal 135.6 tehôm significa el océano en oposición a los mares: «Todo lo que Jehová quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos [en todos los océanos]» (cf. Sal 148.7s).
El vocablo se refiere de manera particular a los torrentes profundos o fuentes de las aguas. Cuando los marineros se aventuran al mar en medio de una violenta tormenta, «suben a los cielos, descienden a los abismo» (Sal 107.26). Esta es una expresión hiperbólica o de exageración poética, pero presenta los «abismos» como lo contrario a los cielos. Este énfasis está bien presente en el Cántico de Moisés, en donde el término representa la amenaza de las «profundidades». Los «abismos», que siempre han existido (sin ser eternos), son un elemento de la naturaleza esencialmente peligroso: «Los abismos los cubrieron; descendieron a las profundidades como piedra» (Éx 15.5). Por otro lado, tehôm puede significar nada más que «aguas profundas» en las que los objetos pesados se hunden rápidamente.
Tehôm puede representar también una fuente inacabable de agua o, a manera de comparación poética, de bendición: «Con bendiciones de los cielos de arriba, con bendiciones del abismo que está debajo» (Gn 49.25). En estos casos el término se refiere a «aguas subterráneas» que siempre están disponibles: que se podían explotar cabando pozos de los que brotaban manantiales y que formaban parte de las aguas debajo de océanos, lagos, mares y ríos. Esto fue lo que Dios abrió junto con las aguas por encima de la bóveda celeste (Gn 7.11; cf. 1.7) y que más tarde cerró para terminar el gran diluvio (Gn 8.2; cf. Sal 37.7; 104.6; Ez 26.19). En tales contextos la palabra denota un «montón de aguas»: «Él junta como montón las aguas» (Sal 33.7).
En Gn 1.2 (primer caso del término) tehôm se refiere a «todas las aguas» que en el comienzo cubrían todo el globo terrestre: «Las tinieblas estaban sobre la faz del abismo» (cf. Pr 3.20; 8.24, 27–28).

ALA
kanap (כָּנָף, 3671), «ala». El término hebreo también se encuentra en lenguas semíticas (ugarítico, acádico, arameo, siríaco y arábigo) y en egipcio. Kanap ha mantenido su significado también en hebreo rabínico y moderno. En el Antiguo Testamento kanap aparece en el primer relato de la creación: «Y creó Dios los grandes animales acuáticos, todos los seres vivientes que se desplazan y que las aguas produjeron, según su especie, y toda ave alada según su especie. Vio Dios que esto era bueno» (Gn 1.21 RVA; cf. Sal 78.27). La frase idiomática, «todo lo que tiene alas», especifica aves voladoras: «Entraron ellos y todos los animales según su especie, todos los animales domésticos según su especie, todos los animales que se desplazan sobre la tierra según su especie, todas las aves según su especie, y todo pájaro, todo lo que tiene alas» (Gn 7.14 RVA). La última frase se traduce «toda ave de toda especie» (RVR), «toda clase de aves» (LBA), «toda clase de pájaros y seres alados» (BJ), «pájaros de todo plumaje» (NBE), «insectos alados» (BLA).
La palabra «ala» se encuentra 109 veces en el Antiguo Testamento hebraico. Se destacan en particular las descripciones de los dos querubines de madera en el templo de Salomón y la visión de Ezequiel de las dos «criaturas» o querubines. También en otros pasajes la Biblia habla de las «alas» de los querubines (Éx 25.20; 37.9) y serafines (Is 6.2).
Como extensión del uso de «ala», kanap significa «extremo». El borde inferior o costura de un vestido se conocía como kanap. El «doblez» (kanap; «falda» RVR) del vestido servía para portar objetos (Hag 2.12). Saúl rasgó el borde (kanap; «punta» RVR) del manto de Samuel (1 S 15.27). El punto más extremo de una tierra se conocía como kanap y se traduce en la RVR como «confines»: «Él levantará bandera para las naciones, y juntará a los desterrados de Israel. Reunirá a los dispersos de Judá desde los cuatro confines de la tierra» (Is 11.12; cf. Job 37.3; 38.13; Ez 7.2).
En sentido metafórico, se dice que Dios protege a su pueblo como un ave protege a sus polluelos con sus «alas» (Dt 32.11). El salmista describe el cuidado y la protección de Dios en términos de «sombras» y de «alas» (Sal 17.8; cf. 36.7; 57.1; 61.4; 63.7; 91.4). Usando la misma metáfora, Malaquías aguarda una nueva era cuando «nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada» (4.2).
Cuando las naciones se comparan simbólicamente con pájaros, kanap connota la idea de terror y conquista. Esto se expresa con claridad en la parábola de Ezequiel de las dos águilas y la viña: «Di que así ha dicho el Señor Jehovah: Una gran águila de grandes alas, largos miembros y llena de un plumaje de diversos colores, vino al Líbano y tomó la copa del cedro. Arrancó la punta de su renuevo, lo llevó a una tierra de mercaderes, y la puso en una ciudad de comerciantes» (Ez 17.3–4 RVA). Se ordena al creyente procurar el amparo de Dios cuando le acosa la adversidad y los adversarios le rodean: «Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y adarga es su verdad» (Sal 91.4).
La Septuaginta ofrece las siguientes traducciones: pteruks («ala»); pterugion («fin; borde») y pteros («emplumado; alado»).

ALABAR
A. Verbos
halal (הָלַל, 1984), «alabar, celebrar, glorificar, cantar, alardear». El sentido de «alabar» es, en efecto, la acepción de la forma intensiva del verbo hebreo halal, que en su modalidad activa simple significa «alardear». Este último sentido se encuentra en las formas cognadas del acádico antiguo, cuyos dialectos son las lenguas de Babilonia y de Asiria. En ugarítico, el vocablo tiene la acepción de «gritos» y tal vez de «júbilo». Encontramos halal más de 160 veces en el Antiguo Testamento y por primera vez en Gn 12.15, en donde se indica que, debido a la gran belleza de Sara, los príncipes del faraón la «alabaron» («la ponderaron», BJ, NBE) delante de él.
Aunque halal se usa a menudo solo para indicar la «alabanza» que se hace a personas, incluyendo al rey (2 Cr 23.12) o la belleza de Absalón (2 S 14.25), el término se usa mayormente para «alabar» a Dios. Es más, a todo ser viviente y todas las cosas creadas, incluyendo el sol y la luna, se les llaman a «alabar» a Dios (Sal 148.2–5, 13; 150.1). Típicamente, tal «alabanza» se expresa en el santuario, sobre todo durante las grandes fiestas (Is 62.9).
El nombre hebreo para el libro de Salmos es sencillamente el equivalente del vocablo «alabanzas». Tiene un sentido más apropiado que «Salmos», lo cual proviene del griego y tiene que ver con cánticos acompañados por algún instrumento de cuerda. No es de extrañarse que el libro de Salmos contiene más de la mitad de los casos de halal en sus varias modalidades. A los Salmos 113—118 se les denomina tradicionalmente los «Salmos Hallel», pues tienen que ver con la alabanza a Dios por la liberación de la esclavitud egipcia bajo Moisés. Por esta razón, estos salmos forman una parte importante del culto tradicional de la Pascua. No cabe duda que se tratan de los himnos que Jesús y sus discípulos cantaron en la noche en que instituyó la Cena del Señor (Mt 26.30).
De la palabra halal proviene «Aleluya» (aleluya), una expresión hebrea de «alabanza» a Dios que se ha incorporado a casi todos los idiomas del mundo. El término hebreo se traduce más exactamente como «Alabemos a Jah» (o «Ya»), la forma abreviada de «Yahveh» (Jehová), el nombre particular israelita de Dios. El término «Jah» se encuentra en la traducción RVR de Sal 68.4, fiel al texto hebreo y la BJ lo traduce «Yahveh» (Sal 68.5). [La mayoría de las versiones siguen la traducción tradicional de «Señor», según la práctica que comenzó en el judaísmo antes del Nuevo Testamento. El término hebreo «Señor» se sustituía por «Yahveh» (Jehová), que probablemente significaba «El que hace ser».] La transliteración de aleluya en griego se encuentra 4 veces en el Nuevo Testamento en forma de «Alleluia» (Ap 19.1, 3–4, 6). Sin duda, los himnos cristianos quedarían muy empobrecidos si se quitara de repente el término «Aleluya» de nuestro lenguaje de alabanza.
yadah (יָדָה, 3034), «dar gracias, loor y alabanza». Este es un vocablo hebreo muy común a todos los períodos y un término muy importante en el lenguaje de la alabanza. Yadah se encuentra casi 120 veces en la Biblia hebraica. El primero de estos casos lo encontramos en la historia del nacimiento de Judá, el hijo de Jacob y Lea: «Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: Esta vez alabaré a Jehová; por esto llamó su nombre Judá» (Gn 29.35).
Como era de esperarse, esta palabra aparece con mayor frecuencia en el Libro de Salmos (unas 70 veces). Como expresión de gratitud o alabanza, es un elemento natural del culto ritual público, así como de la alabanza personal a Dios (Sal 30.9, 12; 35.18). Muy a menudo las alabanzas se encaminan en nombre del Señor (Sal 106.47; 122.4).
Cierta variación en las traducciones puede percibirse en 1 R 8.33: «confesar» (RV, NBE, BLA), «alabar» (BJ) su nombre.
B. Nombres
tehillah (תְּּהִלָה, 8416), «gloria; alabanza; canción de loor; acciones loables». Tehillah aparece 57 veces durante todos los períodos de la historia bíblica hebrea.
Primero, el término denota una cualidad o atributo de alguna persona o cosa; significa «gloria» o «loable» : «Él es el objeto de tu alabanza, y Él es tu Dios, que ha hecho contigo estas cosas grandes y terribles que tus ojos han visto» (Dt 10.21). Israel es la «gloria» de Dios cuando existe en un estado de exaltación y de bendición divina: «Ni le deis tregua, hasta que restablezca a Jerusalén, y la ponga por alabanza en la tierra» (Is 62.7; cf. Jer 13.11).
Segundo, en algunos casos tehillah representa las palabras o la canción en la que a Dios se alaba en público, o mediante las cuales su «gloria» se declara públicamente: «De ti será mi alabanza [es el Mesías que habla] en la gran congregación» (Sal 22.25). El Sal 22.22 es aun más claro: «Anunciaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la congregación te alabaré».
Tercero, con un matiz particular, tehillah se usa como término técnico musical para una canción (sir) que exalta o alaba a Dios: «Salmo de alabanza de David» (encabezamiento del Sal 145, que en hebreo es el v. 1). Tal vez Neh 11.17 se refiere a un director de coro o alguien que dirige las canciones de «alabanzas»: «Y Matanías … hijo de Asaf, el principal, el que empezaba las alabanzas y acción de gracias al tiempo de la oración [quien al principio dirigía la alabanza a la hora de la oración]».
Por último, tehillah puede representar acciones dignas de «alabanza», o acciones por las que el responsable merece «alabanza y gloria». Esta acepción se encuentra en la primera vez que el vocablo aparece en la Biblia: «¿Quién como tú Jehová entre los dioses? ¿Quién como tú magnífico en santidad, temible en maravillosas hazañas [hechos loables], hacedor de prodigios?» (Éx 15.11).
Dos nombres relacionados son mahaalal e hillûlîm. Mahaalal aparece una vez (Pr 27.21) y se refiere al grado de intensidad de la «alabanza» o bien su ausencia. Hillûlîm, que aparece 2 veces, significa «jubilación festiva» durante la cosecha del cuarto año (Lv 19.24; Jue 9.27).
tôda (תּוֹדָה, 8426), «acción de gracias». Esta importante modalidad sustantiva, que se encuentra unas 30 veces en el Antiguo Testamento, se usa con el sentido de «agradecer». El término se ha preservado en el hebreo moderno como la palabra usual para «dar gracias». En el texto hebreo, tôda se usa para señalar «acción de gracias» mediante canciones de adoración (Sal 26.7; 42.4). A veces el vocablo se usa para referirse a un coro o procesión de alabanza (Neh 12.31, 38). Una de las ofrendas del sacrificio de paz se denominaba la ofrenda «en acción de gracias» (Lv 7.12).

ALCANZAR
nasag (נָשַׂג, 5381), «alcanzar, lograr, llegar». El verbo se encuentra tanto en el hebreo antiguo como en el moderno. Se usa en el texto del Antiguo Testamento unas 50 veces. El primer caso es Gn 31.25: «Alcanzó, pues, Labán a Jacob». Se usa a menudo en relación con el verbo «perseguir» o «seguir», como en Gn 44.4: «Sigue a esos hombres; y cuando los alcances». Nasag se usa a veces con sentido figurado: «ser alcanzado» por lo no deseado (guerra [Os 10.9], espada [Jer 42.16] o maldiciones [Dt 28.15, 45]). Por fortuna, las bendiciones pueden «alcanzar» a quienes son obedientes (Dt 28.2). Nasag puede significar «lograr» algo o «entrar en contacto con», por ejemplo, la espada (Job 41.26). En sentido figurado: «Y los redimidos de Jehová volverán … y tendrán gozo y alegría» (Is 35.10). Jacob se quejó que «los días de los años de mi vida … no han llegado a los días de los años de la vida de mis padres» (Gn 47.9).

ALMA, SER, VIDA
A. Nombre
nepesh (נֶֶפֶשׁ, 5315), «alma; ser; vida; persona; corazón». Este es un término muy corriente tanto en las lenguas semíticas antiguas como en las de hoy. Aparece más de 780 veces en el Antiguo Testamento, distribuido equitativamente entre todos los períodos del texto, aunque con mayor frecuencia en los pasajes poéticos.
El significado fundamental parece tener relación con la forma verbal poco frecuente: napash. El nombre se refiere a la esencia de la vida, la respiración, tomar aliento. Sin embargo, de este concepto concreto se fueron desarrollando una cantidad de significados más abstractos. El nombre aparece por primera vez, en su acepción primaria, en Gn 1.20: «seres vivientes» RV («un bullir de vivientes» NBE). Aparece por segunda vez en Gn 2.7: «ser viviente».
Sin embargo, en más de 400 casos subsiguientes, el término se ha traducido como «alma». Aunque ayuda a entender la mayoría de los pasajes, es en realidad una traducción pobre. Desafortunadamente, las numerosas traducciones no han logrado encontrar un equivalente que les sirva en todos los casos; ni siquiera existe un pequeño grupo de palabras de uso frecuente. Por ejemplo, la RV hace uso de varios términos diferentes para traducir este vocablo hebreo. El problema fundamental es que no existe en castellano un equivalente exacto en hebreo ni del vocablo ni de la idea de «alma». El sistema de pensamiento hebreo no conoce la combinación u oposición de los términos «cuerpo» y «alma» que son de origen griego y latino. Más bien en el hebreo se contraponen dos conceptos que no se encuentran en la tradición grecolatina: «el ser interior» y «la apariencia externa», o puesto de otra manera: «lo que somos para nosotros mismos», en contraposición a «lo que otros creen ver en nosotros». El ser interior es nepesh, mientras que el ser externo, la reputación, es sem, cuya traducción más frecuente es «nombre». En los pasajes narrativos o históricos del Antiguo Testamento, nepesh puede traducirse como «vida» o «ser» (en el sentido de personalidad o de identidad), como en Lv 17.11: «Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación por [vosotros mismos]». Sobra decir que el término «alma» (en la RVR) no tiene sentido en este texto («vidas» BJ, NBE, BLA).
La situación en los numerosos pasajes poéticos paralelos en que aparece el término es mucho más complicada. Tanto la Septuaginta (griego) y la Vulgata (latín) usan los equivalentes de «alma», en particular en los Salmos. El primer caso, Sal 3.2, la LBA traduce: «Muchos son los que dicen de mi alma: para él no hay salvación en Dios» (también NBE; «dicen de mi vida» BJ, BLA). El siguiente caso es Sal 6.3: «Mi alma también está muy turbada; y tú Jehová, ¿hasta cuándo?» En ambos pasajes, el contraste paralelo es entre nepesh y algún aspecto del ser, que en el Salmo 3.2 (RV, BJ, NBE) se traduce «mí» y en 6.3 «alma».
No se distingue si el vocablo corresponde a «A» o «B» en el paralelismo. No obstante, debido a que en la poesía hebrea no se repite el mismo nombre en las dos partes de un verso, a menudo se usa nepesh como paralelo del sujeto principal o personal, y aun para Dios, como en Sal 11.5: «Jehová prueba el justo; pero al malo y al que ama la violencia, su alma [el mismo] los aborrece». Hay muchos pasajes como estos y una comprensión adecuada del término nepesh ilumina muchos pasajes muy conocidos, como por ejemplo Sal 119.109: «Mi vida está de continuo en peligro, mas no me he olvidado de tu ley».
Las lecturas de nepesh en las diversas versiones son muy variadas, particularmente en las más modernas que procuran una mayor amplitud de acepciones.
B. Verbo
Napash significa «respirar; tomar aliento; descansar». Este verbo, que parece tener una relación con nepesh, se encuentra 3 veces en el Antiguo Testamento (Éx 23.12; 31.17). El otro caso es 2 S 16.14: «Y el rey y todo el pueblo que con él estaba, llegaron fatigados, y descansaron allí» (RV, cf. NBE; «tomaron aliento» BJ; «recuperaron las fuerzas» BLA).

ALTAR
misbeaj (מִזְבֵּחַ, 4196), «altar». Este nombre tiene cognados en arameo, siríaco y arábigo. En cada una de estas lenguas la raíz es mdbj. Misbeaj se encuentra unas 396 veces en el Antiguo Testamento.
El vocablo denota un lugar alto en el que se hacen sacrificios, como en Gn 8.20 (el primer caso): «Y edificó Noé un altar a Yahveh, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar». Más adelante el término se referirá a una mesa sobre la que se quema incienso: «Harás asimismo un altar para quemar el incienso; de madera de acacia lo harás» (Éx 30.1).
Desde la alborada de la historia humana se hicieron ofrendas sobre una mesa levantada de piedra o montículo de tierra (Gn 4.3). Al principio, los altares de Israel debían hacerse de tierra, o sea, de un material hecho directamente por la mano de Dios. Si los judíos querían labrar piedras para construir altares en el desierto, tendrían forzosamente que usar herramientas de guerra. (Es más, en Éx 20.25 el término que se usa para «herramienta» es jereb, «espada».)
En Sinaí, Dios ordenó que los israelitas tallasen altares de maderas y metales finos. Esto era para enseñarles que el verdadero culto requiere lo mejor y que debía de estar estrictamente de acuerdo con las ordenanzas divinas. Dios, y no los seres humanos, origina y controla el culto. El altar que se encontraba delante del Lugar Santo (Éx 27.1–8) y el altar de incienso dentro del mismo (Éx 30.1–10) tenían «cuernos». Estos cumplían funciones vitales en algunas ofrendas (Lv 4.30; 16.18). Por ejemplo, el animal sacrificial se ataba a estos cuernos de modo que se desangrara completamente (Sal 118.27).
Mizbeaj se usa también en relación con altares paganos: «Derribaréis sus altares, y quebraréis sus estatuas, y cortaréis sus imágenes de Asera» (Éx 34.13).
El nombre se deriva del verbo hebreo zabaj, el cual significa literalmente «matar para comer» o «matar para sacrificar». Zabaj tiene cognados en ugarítico y arábigo (dbj), acádico (zibu) y fenicio (zbj). Otro nombre veterotestamentario derivado de zabaj es zebaj (162 veces), que generalmente se refiere a un sacrificio que establece comunión entre Dios y los que comen del sacrificio.

ALTO, EXALTADO
A. Adjetivo
gaboah (גָּבֹהַּ, 1364), «alto; exaltado». Este adjetivo aparece unas 24 veces. La raíz del vocablo, que se encuentra también en el verbo gabah y en el nombre gobah, lo encontramos en todos los períodos del hebreo bíblico.
El término significa «alto, elevado, de estatura alta»: «Y las aguas subieron mucho sobre la tierra; y todos los montes altos que había debajo de todos los cielos, fueron cubiertos» (Gn 7.19, primer caso). Cuando se aplica a una persona, gaboah significa «alto de estatura»: Saúl «sobrepasaba a cualquiera del pueblo» (1 S 9.2 RV; «aventajaba» BJ; «sobresalía» NBE; cf. 16.7). En Dn 8.3, gaboah describe la longitud de los cuernos de un carnero: «Y aunque los cuernos eran altos, uno era más alto que el otro; y el más alto creció después».
El vocablo significa «alto o de posición exaltada»: «Así ha dicho Jehová el Señor: Depón la tiara, y quita la corona; esto no será más así; sea exaltado lo bajo, y humillado lo alto» (Ez 21.26). En Ec 5.8, la connotación de una persona de «alto rango» (RV: «uno más alto») puede traducirse como «dignidad» y «más digno» (BJ, v. 7).
Gaboah puede referirse a un estado sicológico como «altivez»: «No multipliquéis palabras de grandeza y altanería [el doble uso del término sirve de énfasis]; cesen las palabras arrogantes de vuestra boca» (1 S 2.3).
˓elyôn (עֵלְיוֹן, 5945), «elevado; encima; más alto; superior; altura». Los 53 ejemplos de este vocablo están esparcidos por toda la literatura bíblica.
El término indica «lo más alto» (en contraposición a «lo más bajo»): «Veía tres canastillos blancos sobre mi cabeza. En el canastillo más alto había de toda clase de manjares de pastelería» (Gn 40.16–17). En Ez 42.5, ˓elyôn describe el piso «más alto»: «Y las cámaras más altas eran más estrechas; porque las galerías quitaban de ellas más que de las bajas y de las de en medio del edificio». En 2 Cr 7.21 encontramos un lenguaje figurativo que se aplica a la dinastía (casa) de Salomón. El rey davídico, el Mesías, será el primogénito de Dios, «el más excelso de los reyes de la tierra» (Sal 89.27).
En muchos pasajes, ˓elyôn significa «por encima» o lo que es «más alto» entre dos: «El límite de su heredad al lado del oriente fue desde Atarot-adar hasta Bet-orón la de arriba» (Jos 16.5; cf. 2 Cr 8.5).
El vocablo se usa a menudo en un nombre de Dios (el ˓elyôn): Lo describe como «El Altísimo», «más alto» y único «Ser Supremo». Lo que se enfatiza no es la exclusividad de Dios sino su supremacía: «Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino» (Gn 14.18, primer uso del término). Este nombre de una divinidad también se encuentra en documentos extrabíblicos palestinos. En 1 R 9.8, ˓elyôn se aplica metafóricamente a la «casa» o dinastía de Israel en sentido insólito, en donde se habla de un «elevado asombro» respecto al reino: «Y esta casa, que estaba en estima, cualquiera que pase por ella se asombrará (RV; «quedarán estupefactos» BJ; «pasmados» BLA), y se burlará, y dirá: ¿Por qué ha hecho así Jehová a esta tierra y a esta casa?»
B. Verbo
gabah (גָּבָהּ, 1362), «ser alto, ser exaltado, ser elevado». Este verbo, que aparece 38 veces en la Biblia, tiene cognados en acádico, arameo y arábigo. Sus acepciones son paralelas a las del adjetivo. Puede significar «ser alto, estar elevado». En este sentido se aplica a los árboles (Ez 19.11), los cielos (Job 35.5) y a un hombre (1 S 10.23). Puede significar «ser exaltado» con dignidad y honor (Job 36.7), o simplemente «ser elevado» en el sentido positivo de «ser animado» (2 Cr 17.6) o «enaltecido» o «ensoberbecido» en sentido negativo (2 Cr 26.16, RV, BJ).
C. Nombre
gobah (גֹּבַהּ, 1363), «altura; exaltación; grandeza; altanería; orgullo». Este nombre, que aparece 17 veces en el hebreo bíblico, se refiere a la «altura» de objetos (2 Cr 3.4) y personas (1 S 17.4). Puede referirse además a «exaltación» o «grandeza» (Job 40.10), así como a «soberbia» u «orgullo» (2 Cr 32.26).

ALUMBRAR
A. Verbo
˒ôr (אוֹר, 216), «ser luz, rayar (despuntar) el alba, alumbrar, encender». Este verbo se encuentra también en acádico y cananeo. Aunque el vocablo acádico urru significa «luz», por lo general se refiere a «día».
˒ôr quiere decir «rayar el alba» en Gn 44.3: «Cuando rayó el alba, fueron despedidos los hombres con sus asnos». El término significa «alumbrar» en Nm 8.2: «Las siete lámparas deberán alumbrar hacia la parte delantera del candelabro».
B. Nombres
˒ôr (אוֹר, 216), «luz». El primer caso de ˒ôr está en el relato de la creación: «Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz» (Gn 1.3). En este caso, la «luz» es lo contrario de «tinieblas». La contraposición de «luz» y «tinieblas» no es un fenómeno aislado. Aparece a menudo como un mecanismo literario: «¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!» (Is 5.20); también: «Y bramará sobre él en aquel día como bramido del mar: entonces mirará hacia la tierra, y he aquí tinieblas de tribulación, y en sus cielos se oscurecerá la luz» (Is 5.30). Varios antónimos de ˒ôr se usan en hebreo en construcciones paralelas: «El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz: los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos» (Is 9.2).
˒ôr significa básicamente «el amanecer» (cf. Gn 1.3). Según la forma de pensar de los hebreos, el «día» comenzaba al salir el sol: «Es como la luz matutina cuando sale el sol en un amanecer sin nubes; es como el resplandor tras la lluvia que hace germinar la hierba de la tierra» (2 S 23.4). La luz de los astros también se conocía como ˒ôr: «Y la luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol siete veces mayor, como la luz de siete días, el día en que vendare Jehová la herida de su pueblo, y curare la llaga que Él causó» (Is 30.26).
Metafóricamente, ˒ôr significa la vida en contraposición a la muerte: «Porque has librado mi vida de la muerte y mis pies de la caída, para que ande delante de Dios en la luz de la vida» (Sal 56.13). Andar en el «resplandor» del rostro de un superior (Pr 16.15) o de Dios (Sal 89.15) expresa una vida gozosa y bendecida con una calidad de vida más intensa.
El creyente tiene la seguridad de la «luz» de Dios aun en períodos de dificultad; cf. «Tú, enemiga mía, no te alegres de mí. Aunque caí, me levantaré; aunque more en tinieblas, el Señor será mi luz» (Miq 7.8 NRV; cf. Sal 23.4).
En la Septuaginta ˒ôr se traduce de muchas formas, de las cuales la más frecuente es phos («luz»).
El nombre ˒ûr significa «brillo». El término aparece poco y una vez en Is 50.11: «He aquí que todos vosotros encendéis el fuego y prendéis las antorchas. ¡Andad a la luz de vuestro propio fuego, y de las antorchas que habéis encendido!» (RVA).
˒ôrah se refiere a «luz», como en Sal 139.12: «Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día. Lo mismo te son las tinieblas que la luz».
Ma˒ôr también quiere decir «luz». Este nombre se encuentra unas 20 veces. En Gn 1.16 ma˒ôr aparece más de una vez: «E hizo Dios las dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para dominar en el día, y la lumbrera menor para dominar en la noche. Hizo también las estrellas» (RVA).

ALZAR
A. Verbo
nasa˒ (נָשָׂא, 5375), «alzar; partir; remover; llevarse». Este verbo se encuentra en todas las lenguas semíticas, incluyendo en arameo bíblico y hebreo en todos los períodos, unas 650 veces.
La acepción «alzar» o «levantar» se puede ver, por ejemplo, en Gn 7.17 (primera mención del el término), donde se informa que las aguas «alzaron» («levantaron, elevaron») el arca. Un uso especial de este énfasis aparece en Job 6.2, donde Job ora que sus tribulaciones sean puestas («alzadas» RV) en la balanza porque considera que sus penas pesan más que su pecado. También encontramos la connotación de «cargar o soportar», como cuando un asno «carga» con su fardo (Gn 45.23). Nasa˒ puede usarse con el sentido de «remover» o «llevarse» algo. David y su gente «se llevaron» los ídolos abandonados de los filisteos, o sea, que los «alzaron, cargaron y removieron» (2 S 5.21 RVA). Este mismo matiz se encuentra en «tomar para sí mujer» (Rt 1.4) incluyendo robar o raptarla (Jue 21.23). La frase «alzar las cabezas» a veces significa «censar» («tomar el número» RVR): el Señor ordenó a Moisés que «alzara las cabezas» de los hijos de Israel (Éx 30.12). Esta frase bien puede ser un caso de influencia directa de la lengua acádica.
Nasa˒ a menudo se usa en relación con un gesto, por ejemplo, «alzar la mano». Este gesto puede ser hostil (2 S 20.21), parte de un juramento (Éx 6.8) o de una oración (Sal 28.9), o servir de señal (Is 49.22). «Alzar la cabeza» puede indicar una actitud o declaración de autonomía de autoridad y control (Jue 8.28), o bien señal de libertad (2 R 25.27; cf. Gn 40.13), mientras «perder la cabeza» puede referirse a la muerte (cf. Gn 40.19). «Alzar el rostro» quiere decir «mirar en los ojos», tener la conciencia limpia en cuanto a alguna relación o situación (2 Sam 2.22), o bien esperar que todo va a salir bien (Job 22.26). Dios dice que «aceptará» la petición de Lot; le asegura que las cosas andarán como él desea (Gn 19.21). La misma frase puede indicar que se «está bien dispuesto» hacia alguien o que se le «respeta» (2 R 3.14), y también «parcialidad» hacia una persona (Job 13.8). Dios «levanta su rostro» hacia un ser humano en señal de su buena voluntad (Nm 6.26). «Alzar (poner) los ojos» significa ver (Gn 13.10) o codiciar a alguien (Gn 39.7).
Nasa˒ aparece también en compañía de vocablos que indican sonido y comunicación oral. «Elevar» la voz a menudo quiere decir gemir (Gn 21.16). También puede significar clamar a viva voz (Jue 9.7), contar un proverbio o parábola (Nm 23.7), declarar un oráculo (2 R 9.25), calumniar (Sal 15.3), «levantar» un falso rumor (Éx 23.1) y pronunciar un nombre (Éx 20.7).
«Elevar el alma» significa «entregarse totalmente a otro» o «depender de alguna persona o situación». El pobre «alza su alma» [«pone su corazón»] por su salario (Dt 24.15 LBA).
A veces nasa˒ indica «sostener». Génesis 13.6 dice que la tierra «no era suficiente» [para sostener, o brindar el sustento necesario] para Abraham, Lot y la gente de ambos.
La Biblia, en Éx 28.38, habla de cargar con el pecado y la iniquidad. Dice que Aarón «cargará con la culpa relacionada con las cosas sagradas» (RVA); el pecado de estos objetos sagrados estará sobre Aarón porque es «Consagrado a Jehovah» (v. 36 RVA). En Gn 18.24, Abraham ruega a Dios que perdone y «quite» el pecado de Sodoma y Gomorra.
Nombres
nasî˒ (נָשִׂיא, 5387), «líder elegido». Este nombre aparece 130 veces con relación a una persona que públicamente la han «alzado» u «honrado»: «Doce príncipes engendrará, y haré de él una gran nación» (Gn 17.20; cf. Nm 1.44).
Hay otros nombres, menos frecuentes, que se relacionan con el mismo verbo. Massa˒ se encuentra 45 veces con el significado de «carga» (Nm 11.11) y 21 veces como «pronunciamiento» (2 R 9.25; «sentencia»). Mas˒et, que aparece 16 veces, se refiere a la acción de «alzar» (cf. Sal 141.2), así como a alguna cosa que se ha «alzado» (Gn 43.34). Se˒et aparece 14 veces con dos significados: (1) «levantamiento» (Job 41.25) y «dignidad» (Gn 49.3), y (2) «hinchazón o mancha [levantamiento] en la piel» (Lv 13.2). Nesî˒îm se halla 4 veces y tiene el significado de «humedad, neblina, nubarrones» (Jer 10.13). Tanto massa˒ah, «carga» (Is 30.27), como sî˒, «altivez» (Job 20.6) aparecen una sola vez.

AMAR
A. Verbo
˒ahab (אָהַב, 157) o ˒aheb (אָהֵב, 157), «amar; querer». Este verbo se ha encontrado en textos moabitas y en ugarítico durante todos los períodos de la lengua hebrea y unas 250 veces en la Biblia.
En términos generales, este verbo equivale al vocablo «amar» en castellano, o sea, un marcado sentimiento de atracción y deseo hacia algo o alguien que se quiere poseer o estar con él. Primero, el vocablo se refiere al amor que un hombre siente por una mujer y una mujer por un hombre. Dicho «amor» se basa en el deseo sexual, que en general se mantiene dentro de los límites de relaciones lícitas: «Y la trajo Isaac a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca por mujer y la amó» (Gn 24.67). El término puede referirse a un amor erótico aunque legal fuera del matrimonio. Tal emoción implica el deseo de casarse y de cuidar del objeto de ese amor, como en el caso del «amor» de Siquem por Dina (Gn 34.3). En contados ejemplos ˒ahab (o ˒aheb) no pasa de pura lascivia: un deseo desmesurado de tener relaciones sexuales con el objeto (cf. 2 S 13.1). Por otro lado, puede consumarse el matrimonio sin que exista amor por una de las partes (Gn 29.30).
Contadas veces se refiere ˒ahab (o ˒aheb) al propio acto sexual: hacer el amor. Por lo general, el término para esto es yada˓, «conocer», o shakab, «acostarse con». No obstante, en 1 R 11.1, ˒ahab pareciera asimilar esta connotación adicional: «Pero el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres extranjeras» (cf. Jer 2.25). El mismo matiz podría estar presente en Os 3.1 cuando escribe que Dios le ordenó: «Vé, ama a una mujer amada de su compañero, aunque adúltera». Este mismo significado predomina cuando el verbo aparece en su modalidad causativa (participio). Con solo una excepción (Zac 13.6), ˒ahab (o ˒aheb) denota aquellos con los que uno ha hecho el amor o piensa hacerlo: «Sube al Líbano y clama, y en Basán da tu voz, y grita hacia todas partes; porque todos tus enamorados son destruidos» (Jer 22.20; cf. Ez 16.33).
˒Ahab (o ˒aheb) denota también el amor entre padres e hijos. La primera vez que aparece en la Biblia expresa el cariño que sentía Abraham hacia su hijo Isaac: «Toma ahora a tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas» (Gn 22.2). ˒Ahab (o ˒aheb) pudiera referirse al amor de familia que una nuera siente hacia su suegra (Rt 4.15). Este tipo de amor se expresa también con la palabra rajam.
˒ahab (o ˒aheb) a veces representa un apego especial que un siervo puede sentir hacia su señor bajo cuya dominación quiere permanecer: «Y si el siervo dijere: yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos, no saldré libre» (Éx 21.5). Tal vez haya aquí matices de amor en familia; «ama» a su señor como un hijo «ama» a su padre (cf. Dt 15.16). El mismo énfasis parece encontrarse en 1 S 16.21, donde leemos que Saúl «amó mucho [a David]». Israel llegó a «amar» y admirar profundamente a David que «salía y entraba delante de ellos» (1 S 18.16).
Una acepción particular de ˒ahab es cuando hay un apego especial entre amigos: «El alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo» (1 S 18.1). En Lv 19.18: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (cf. Lv 19.34; Dt 10.19), ˒ahab (o ˒aheb) se refiere a esta misma clase de amor fraternal o entre amigos. El término sugiere, además, que uno debe procurar relacionarse con su hermano y el prójimo de acuerdo a lo que especifica la legislación que Dios dio a Israel. Este debería ser el estado normal entre los seres humanos.
«Amar» se usa en sentido político para describir la lealtad de un vasallo o subordinado hacia su señor: como Hiram de Tiro «amó» a David en el sentido de serle totalmente leal (1 R 5.1).
El fuerte deseo y atracción emocional que sugiere ˒ahab (o ˒aheb) puede concretarse también en objetos, circunstancias, acciones y relaciones.
B. Nombre
˒ahabah (אַהֲבָה, 160), «amor». Este nombre aparece unas 55 veces con referencia a diferentes tipos de «amor». La primera vez que se usa ˒ahabah en la Biblia es en Gn 29.20; aquí el vocablo trata del concepto general del «amor» entre marido y mujer. En Os 3.1 el término se refiere al «amor» como actividad sexual. En 1 S 18.3, ˒ahabah significa «amor» entre amigos: «E hicieron pacto Jonatán y David, porque él le amaba como a sí mismo». En 1 R 11.2 el término se refiere al «amor» de Salomón y en Dt 7.8 al «amor» de Dios.
C. Participio
˒ahab (אַהָב, 157), «amigo». Como participio, el término puede significar «amigo»: «Muchos son los que aman al rico» (Pr 14.20).

AMIGO
rea˓ (רֵעַ, 7453), «amigo; compañero; camarada». Este nombre aparece cerca de 187 veces en la Biblia. En 2 S 13.3 el término se refiere a un «amigo»: «Y Amnón tenía un amigo que se llamaba Jonadab». La misma palabra puede usarse para un marido (Jer 3.20) o un amante (Cnt 5.16).
En otro sentido, rea˓ puede referirse a cualquier persona con la que uno tiene relaciones recíprocas: «Y dijeron cada uno a su compañero: Venid y echemos suertes» (Jn 1.7). El término se halla además en frases como «unos a otros», tal es el caso de Gn 11.3: «Y se dijeron unos a otros» (cf. Gn 31.49).
Otros nombres cognados que aparecen con menos frecuencia son re˓eh, que significa «amigo» (unas 5 veces; p. ej. 1 R 4.5) y re˓ah, que se traduce «compañero o asistente» (Jue 11.38; Sal 45.14).

ANCHURA
rojab (רֹחַב, 7341), «amplitud, anchura, expansión». Este nombre aparece 101 veces durante todos los períodos del hebreo bíblico.
Primero, rojab se refiere a la anchura de una expansión plana. En Gn 13.17, leemos: «Levántate, ve por la tierra, a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti te lo daré». Rojab a veces representa el concepto de largura y anchura, o sea, la totalidad de un territorio: «Y extendiendo sus alas, llenará la anchura de tu tierra, oh Emanuel» (Is 8.8). En Job 37.10 se da el mismo uso («anchas aguas» RV, «extensión de las aguas» BJ).
De manera similar, aunque en forma metafórica, se describe en 1 R 4.29 las dimensiones de la sabiduría de Salomón: «Y Dios dio a Salomón sabiduría y prudencia muy grandes, y anchura [rojab] de corazón como la arena que está a la orilla del mar».
Segundo, rojab se usa para indicar lo «grueso» o lo «ancho» de un objeto. La primera vez que aparece el término se usa en relación con el arca de Noé: «De trescientos codos la longitud del arca, de cincuenta codos su anchura, y de treinta codos su altura» (Gn 6.15). En Ez 42.10, el término denota el «grosor» de los muros del edificio en los cuales había cámaras (cf. Ez 41.9).
Rojab se deriva del verbo rajab, así como el nombre rehôb o rehob.
rehôb (רְחוֹב, 7339) o rehob (רְחֹב, 7339), «plaza». Rehôb (o rehob) aparece 43 veces en la Biblia. El nombre tiene cognados en ugarítico, acádico y aramaico. Rehôb es la «plaza» más próxima a la puerta de una ciudad, como en Gn 19.2 (BJ; primera mención del término). La «plaza» servía a menudo para funciones sociales como son las asambleas, los tribunales y las proclamaciones oficiales.

ANCIANO
zaqen (זָקֵן, ,), «anciano, anciana, viejo». Zaqen aparece 174 veces en el Antiguo Testamento hebreo como nombre y adjetivo. Se usa primero en Gn 18.11: «Y Abraham y Sara eran viejos, de edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres». En Gn 19.4, el término «viejo» se usa como antónimo de «joven»: «Pero antes que se acostasen, rodearon la casa los hombres de la ciudad, los varones de Sodoma, todo el pueblo junto, desde el más joven [na˓ar, hombre joven] hasta el más viejo» (cf. Jos 6.21). Como estos, hay otros pasajes que relacionan zaqen con «joven»: «Pero [Roboam] dejó el consejo que los ancianos le habían dado, y pidió consejo de los jóvenes [yeled, muchacho, niño] que se habían criado con él» (1 R 12.8). «Entonces la virgen se alegrará en la danza, los jóvenes [bajûr] y los viejos juntamente; y cambiaré su lloro en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor» (Jer 31.13). El «hombre viejo» es de «edad avanzada» (Gn 18.11), o sea, «anciano y lleno de años» (Gn 25.8). El género femenino de zaqen es zeqenah («anciana»).
El término «anciano», en el sentido de «mayor», es un uso más especializado de zaqen (más de 100 veces). El pueblo reconocía al «anciano» por sus dones de liderazgo, sabiduría y justicia. Se consagraba para administrar justicia, resolver disputas y guiar a las personas bajo su responsabilidad. Se conoce también a los ancianos como oficiales (shotrîm), príncipes (jefes de tribus) y jueces. Nótese el uso paralelo: «[Josué] llamó a todo Israel, a sus ancianos, sus príncipes, sus jueces y oficiales, y les dijo: Yo ya soy viejo y avanzado en años» (Jos 23.2). El rey consulta a los «ancianos» antes de tomar decisiones (1 R 12.8). En una ciudad cualquiera, el consejo gobernante lo constituyen «ancianos» que tienen la responsabilidad de velar por el bienestar de la población: «Hizo, pues, Samuel como le dijo Jehová; y luego que él llegó a Belén, los ancianos de la ciudad salieron a recibirle con miedo, y dijeron: ¿Es pacífica tu venida?» (1 S 16.4). Los ancianos sesionaban en la puerta de la ciudad (Rt 4.1–2). El lugar de «reunión» (BLA) se llegó a conocer como «congregación» (RV), «consejo» (BJ, NBE) o «asamblea» (Sal 107.32).
La Septuaginta traduce el término como: presbutera («hombre de antaño; anciano; presbítero»), presbutes («hombre viejo, de edad»), gerousia («consejo de ancianos»). La RV traduce a zaqen de diversas maneras, según el contexto. Zaqan quiere decir «barba». Este es el caso en Salmo 133.2: «Es como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras» Esta asociación entre «edad» y «barba» es legítima, aunque no se debe enfatizar. El verbo zaqen («ser viejo») surge de este nombre.

ANDAR
A. Verbo
halak (הָלַךְ, 1980), «ir, andar, caminar, comportarse». Este verbo se encuentra en la mayoría de los idiomas semíticos (aunque su significado es diferente en arábigo). Se encuentra también en todos los períodos del hebreo y en el Antiguo Testamento, 1550 veces, así como varias veces en arameo.
Esencialmente esta raíz tiene que ver con el movimiento de personas (Gn 9.23), bestias (Gn 3.14) u objetos inanimados (Gn 2.14, la primera vez que figura), sin dirección específica. Halak se puede traducir «ir» cuando no se refiere al «caminar» de seres humanos. A veces se usa con un énfasis particular en el fin u objetivo de la acción que se tiene en mente; los seres humanos son «carne, soplo que va y no vuelve» (Sal 78.39). Cuando tiene que ver con la existencia humana, el término sugiere «caminar hacia la muerte», como en el caso de Abram: «Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo que ando [hacia la tumba] sin hijo … ?» (Gn 15.2). El vocablo puede usarse con relación al «comportamiento», a la manera en que «caminamos» en la vida. «El que camina en justicia» Dios le bendecirá (Is 33.15). Esto no se refiere a caminar erguido, sino a vivir una vida justa.
La raíz tiene varias acepciones particulares. Sirve para enfatizar una acción; Jacob fue y consiguió los cabritos que le pidió su madre, o sea, que en realidad cumplió con la acción (Gn 27.14). En Gn 8.3 las aguas del diluvio fueron «retrocediendo» (BJ) poco a poco de la superficie de la tierra. A veces el verbo connota alejarse de, como en Gn 18.33, cuando el Señor «se fue» después de hablar con Abraham.
Hay tres sentidos en que Dios «camina» o «va». Primero, el caso donde Él asume algún tipo de forma física. Por ejemplo, Adán y Eva oyeron la voz de Dios que «se paseaba» en el huerto de Edén (Gn 3.8). «Anda» sobre las nubes y «las alas del viento» (Sal 104.3) o en los cielos (Job 22.14). Estos son probablemente antropomorfismos (se habla de Dios en forma corporal). Con mayor frecuencia se dice que Dios acompaña a su pueblo (Éx 33.14), que Dios «va» para rescatarlo de Egipto (2 S 7.23) y que «viene» a salvarlo (Sal 80.2). La idea de que Dios «va» («camina») delante de su pueblo en columnas de nube y de fuego (Éx 13.21) lleva a la idea de que este pueblo debe «andar» en pos de Él (Dt 13.5). A menudo se dice que Israel ha «ido», o bien se les advierte que no «vayan», tras dioses ajenos (Dt 4.3). De esta manera, la idea más o menos concreta de seguir a Dios en el desierto da lugar al concepto de «andar detrás» de Él espiritualmente. Algunos estudiosos sugieren que «andar detrás» de dioses paganos (o del Dios verdadero) surge del culto pagano en que los dioses se cargaban delante del pueblo al entrar al santuario. Jerusalén dejará de «andar» tras «la dureza de su malvado corazón» (Jer 3.17). Las personas piadosas que siguen o practican los mandamientos de Dios «caminan» en justicia (Is 33.15), en humildad (Miq 6.8 BJ) y en integridad (Sal 15.2). También «andan con Dios» (Gn 5.22 BJ), viven en su presencia y «andan» (en el sentido de vivir responsablemente) delante de Él (Gn 17.1).
B. Nombres
halîkah (הֲלִיכָה, 1979), «trayecto; obras, grupo de viajeros; caravana; procesión». El nombre aparece 6 veces en el Antiguo Testamento.
El vocablo tiene varios matices. En Nah 2.5 halîkah se refiere a un «trayecto»: «Se acordará Él de sus valientes; se atropellarán en su marcha». En Pr 31.27, el término tiene la acepción de «obras». Puede también significar «compañeros de viaje» o «caravana» como en Job 6.19 (RVA) o una «procesión» como en Sal 68.24 (LBA).
Varios nombres relacionados aparecen con poca frecuencia. Mahalak, que aparece 5 veces, significa «corredor» (Ez 42.4) y «viaje» (Neh 2.6). Helek aparece un par de veces con el significado de «visitante» (2 S 12.4 BJ). Halîk aparece una vez con la acepción de «pasos» (Job 29.6). Tahalukot aparece sola una vez significando «procesión», particularmente de acción de gracias (Neh 12.31).

ÁNGEL
mal˒ak (מַלְאָךְ, 4397), «mensajero; ángel»). En ugarítico, arábigo y etiópico, el verbo le˒ac significa «enviar». Aun cuando le˒ac no existe en el Antiguo Testamento hebraico, se puede percibir la relación etimológica con mal˒ak. Es más, el Antiguo Testamento usa el vocablo «mensaje» en Hag 1.13 (RVA), término que incorpora el significado de la raíz le˒ac, «enviar». Otro nombre derivado de la misma raíz es mel˒ac̆, «trabajo», que aparece 167 veces. El nombre Malaquías (malachi), literalmente «mi mensajero», se basa en el nombre mal˒ak.
El nombre mal˒ak se encuentra 213 veces en el Antiguo Testamento hebraico. Es más frecuente en los libros históricos, donde generalmente tiene la acepción de «mensajero»: Jueces (31 veces), 2 Reyes (20 veces), 1 Samuel (19 veces) y 2 Samuel (18 veces). Los libros proféticos se valen de mal˒ak con moderación, con la notable excepción de Zacarías, donde el ángel del Señor comunica su mensaje al profeta. Por ejemplo: «Respondí entonces y dije al ángel que hablaba conmigo: Señor mío, ¿qué es esto? Y el ángel me respondió y me dijo: Estos son los cuatro vientos [pl. de mal˒ak] de los cielos, que salen después de presentarse delante del Señor de toda la tierra» (Zac 6.4–5).
El vocablo mal˒ak denota a alguien que ha sido enviado a través de una gran distancia por algún individuo (Gn 32.3), o por una comunidad (Nm 21.21), con el fin de comunicar un mensaje. A menudo se envían varios mensajeros juntos: «Y Ocosías cayó por la ventana de una sala de la casa que tenía en Samaria; y estando enfermo, envió mensajeros [pl. de mal˒ak] y les dijo: Id y consultad a Baal-zebub dios de Ecrón, si he de sanar de esta enfermedad» (2 R 1.2). La fórmula introductoria del mensaje que porta el mal˒ak contiene a menudo la frase «Así ha dicho», o «Esto es lo que … dice», lo cual avala la autoridad del mensajero al comunicar el mensaje de su señor: «Jefté ha dicho así: Israel no tomó tierra de Moab, ni tierra de los hijos de Amón» (Jue 11.15). Como representante del rey, el mal˒ak cumpliría las funciones de un diplomático. En 1 R 20.1ss leemos que Ben-adad envió mensajeros con los términos de su rendimiento: «Envió mensajeros a la ciudad a Acab rey de Israel, diciendo: Así ha dicho Ben-adad» (1 R 20.2–3).
Estos pasajes confirman la posición importante del mal˒ak. Honores para el mensajero equivale a rendir pleitesía a quien lo envía. Lo contrario también es cierto. El insulto de Nabal a los siervos de David fue como si lo insultaran a él (1 S 25.14ss); y cuando Hanún, rey de Amón, humilló a los siervos de David (2 S 10.4ss), este no tardó en enviar a su ejército en contra de los amonitas.
Dios también envía mensajeros. En primer término están los mensajeros proféticos: «Y Jehová el Dios de sus padres envió constantemente palabra a ellos por medio de sus mensajeros, porque Él tenía misericordia de su pueblo y de su habitación. Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaron sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió la ira de Jehová contra su pueblo, y no hubo ya remedio» (2 Cr 36.15–16). Hageo se autodenominó el «mensajero del Señor» (mal˒ak Yahveh).
También hubo mensajeros ángelicales. El vocablo castellano ángel está relacionado etimológicamente al término griego angelos, cuya traducción es similar al hebreo: «mensajero» o «ángel». El ángel es un mensajero sobrenatural del Señor con un mensaje particular. «Los dos ángeles llegaron a Sodoma al anochecer. Lot estaba sentado junto a la puerta de Sodoma, y al verlos se levantó Lot para recibirlos postrándose a tierra» (Gn 19.1 RVA). Los ángeles también tienen la comisión de proteger al pueblo de Dios: «Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos» (Sal 91.11).
En tercer y más significativo lugar están las frases mal˒ak Yahveh, «el ángel del Señor», y mal˒ak elohîm, «el ángel de Dios». Estas siempre se usan en singular y denotan un ángel que sobre todo tiene la función de salvar y proteger: «Porque mi ángel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir» (Éx 23.23). El ángel puede también ser mensajero de maldición: «Y alzando David sus ojos, vio al ángel de Jehová, que estaba entre el cielo y la tierra, con una espada desnuda en su mano, extendida contra Jerusalén. Entonces David y los ancianos se postraron sobre sus rostros, cubiertos de cilicio» (1 Cr 21.16).
La relación entre el Señor y el «ángel del Señor» a menudo es tan cercana que es difícil separar a los dos (Gn 16.7ss; 21.17ss; 22.11ss; 31.11ss; Éx 3.2ss; Jue 6.11; 13.21s). Esta identificación ha contribuido a que algunos intérpretes concluyan que el «ángel del Señor» era el Cristo preencarnado.
Por lo general, en la Septuaginta el término mal˒ak se traduce como angelos y la frase «ángel del Señor» por angelos kuriou. Las versiones en castellano hacen esta misma distinción al traducir mal˒ak simplemente como «ángel» o «mensajero».

AÑADIR
yasap (יָסַף, 3254), «añadir, continuar, rehacer, aumentar, sumar, realzar, sobrepasar». Este verbo aparece en los dialectos semíticos del noroeste y en arameo. Se encuentra en el hebreo bíblico (unas 210 veces), en el hebreo posbíblico y en el arameo de la Biblia (una vez).
Básicamente, yasap significa incrementar un número. Puede también indicar «añadir» una cosa a otra, por ejemplo: «Y el que por yerro comiere cosa sagrada, añadirá a ella una quinta parte, y la dará al sacerdote» (Lv 22.14).
El término se usa también para significar la repetición de un hecho estipulado por otro verbo. Por ejemplo, la paloma que Noé envió «no volvió ya más a él» (Gn 8.12). Es usual que la acción que se repite se indique por un infinito absoluto precedido por la preposición le: «Y nunca más la conoció» (Gn 38.26).
En algunos contextos yasap significa «incrementar» o «crecer» aunque no en sentido numérico. Dios dice: «Entonces los humildes crecerán en alegría en Jehová» (Is 29.19). El mismo énfasis aparece en Sal 71.14: «Y te alabaré más y más [yasap]». Literalmente: «Añadiré a todas tus alabanzas». En casos como este, el autor no alude solamente a una cantidad adicional de gozo ni alabanza. Se refiere a una nueva calidad de gozo o alabanza (o por añadidura).
«Sobrepasar» es otra acepción de yasap. La reina de Sabá le dijo a Salomón: «Es mayor tu sabiduría y bien, que la fama que yo había oído» (1 R 10.7).
El verbo puede también usarse en fórmulas de pacto, p. ej., Rut se jugó la maldición de Dios sobre su persona al decir: «Así me haga Jehová, y aun me añada [yasap], que solo la muerte hará separación entre nosotras dos» (Rt 1.17; cf. Lv 26; Dt 27–28).

AÑO
shanah (שָׁנָה, 8141), «año». Esta palabra tiene cognados en ugarítico, acádico, arábigo, arameo y fenicio. En el hebreo bíblico aparece unas 887 en todos los períodos. El término significa «año» en hebreo: «Dijo luego Dios, haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años» (Gn 1.14; el primer caso). Hay varias formas de determinar lo que significa «año». Primero, puede ser el «año» solar, basado en la relación entre las estaciones y el sol. Segundo, puede referirse al «año» lunar o la correlación entre las estaciones y la luna. Tercero, el «año» puede decidirse en base a la relación entre el movimiento de la tierra y las estrellas (año estelar). En varios momentos el pueblo del Antiguo Testamento fijó las estaciones de acuerdo con el clima y con hechos relacionados con la agricultura; el año concluía con la vendimia y la cosecha de frutas en el mes de Elul: «[Guardarás] también la fiesta de la siega, los primeros frutos de tus labores, que hubieres sembrado en el campo, y la fiesta de la cosecha a la salida del año, cuando hayas recogido los frutos de tus labores del campo» (Éx 23.16).
El calendario de Gezer demuestra que, durante el período en que se escribió (aproximadamente en el siglo diez a.C.), algunos pueblos en Palestina usaban el calendario lunar, pues se nota el intento de correlacionar la agricultura con los sistemas lunares. El calendario lunar comenzaba en la primavera (el mes de Nisán, marzo-abril) y consistía de doce lunaciones o períodos entre las lunas nuevas. Periódicamente, era necesario añadir un mes decimotercero con el fin de sincronizar el calendario lunar con el número de días en el año solar. Tal parece que el calendario lunar subyace en el sistema religioso israelita, pues se celebraba cada primer día de un mes lunar (Nm 28.11–15; Ez 46.6, 7; Is 1.13, 14). Sin embargo, las fiestas mayores se basarían en el ciclo agrícola y, por ende, la fecha de celebración variaba de año en año según las labores en el campo (p. ej., Dt 16.9–12). El año solar-agrícola que se iniciaba en la primavera se parece al calendario babilónico, y tal vez se derive de él, porque los nombres de los meses proceden de esta lengua. Estos dos sistemas, por tanto, existieron lado a lado a lo menos desde los tiempos de Moisés. Es difícil, cuando no imposible, obtener un cuadro exacto del «año» en el Antiguo Testamento.

APRESURAR
mahar (מָהַר, 4116), «apresurar, apresurarse». Este verbo y sus varios derivados están tanto en el hebreo antiguo como en el moderno. Mahar figura aproximadamente 70 veces en la Biblia hebraica. Se encuentra en dos ocasiones en el primer texto donde aparece: «Entonces Abraham fue de prisa a la tienda a Sara, y le dijo: Toma pronto tres medidas de flor de harina» (Gn 18.6).
Con frecuencia, mahar se usa como adverbio a manera de complemento de otro verbo; este es el caso en Gn 18.7: «Se dio prisa» (o «no tardó») en preparar el becerro. Cualquier persona que cede ante la seducción, dice el hombre sabio, es semejante a un ave que se apresura al lazo (Pr 7.23).

ARAR
jarash (חָרָשׁ, 2790), «arar, grabar, trabajar metales». La palabra aparece tanto en el antiguo ugarítico así como en el hebreo moderno donde tiene el sentido primario de «arar». Se encuentra 50 veces aproximadamente en el Antiguo Testamento hebreo. Un término muy adecuado a la cultura agrícola de Israel, jarash se usa a menudo por «arar» un campo, normalmente con bueyes (1 R 19.19). La imagen de cortar o surcar el campo con arado se prestó fácilmente al uso metafórico de la palabra en el sentido de maltratar a otros: «Sobre mis espaldas araron los aradores» (Sal 129.3). En Pr 3.29, el vocablo se usa también para significar una trama (BJ) contra un amigo: «No intentes mal [literalmente, «no ares el mal»] contra tu prójimo que habita confiado junto a ti».
Tal vez por el mandamiento en contra de las imágenes (Éx 20.4), jarash, en el sentido de «grabar», no aparece con frecuencia en el Antiguo Testamento como hubiese sido el caso si Israel se hubiese dedicado como sus vecinos a labrar metales. El vocablo se usa en 1 R 7.14: «Su padre, que trabajaba en bronce, era de Tiro». La primera vez que se usa jarash es en Gn 4.22 donde se habla de un «artífice de toda obra de bronce y de hierro». Es dramática la descripción del alcance del pecado de Israel, con el uso metafórico de «grabar»: «El pecado de Judá escrito está con cincel de hierro y con punta de diamante; esculpido está en la tabla de su corazón» (Jer 17.1).
B. Nombre
jarash (חָרָשׁ, 2796), «grabador; artífice». Los profetas denunciaron la artesanía de los que trabajaban en metal cuando fabricaban imágenes (Is 40.20; Os 8.6). Un sentido más positivo del término se encuentra en 1 Cr 29.5: «Oro pues para las cosas de oro … y para toda la obra de las manos de los artífices. ¿Y quién quiere hacer hoy ofrenda voluntaria a Jehová?»

ÁRBOL
˓ets (עֵץ, 6086), «árbol; bosque; madera; palo; tallo». El vocablo tiene cognados en ugarítico, acádico, fenicio, arameo (˓e˓), y arábigo. Aparece unas 325 veces a través de todo el Antiguo Testamento hebreo.
La primera vez que se usa ˓ets, en forma de nombre colectivo, representa todos los árboles frutales (Gn 1.11). En Éx 9.25 el término significa llanamente «árbol»: «Y aquel granizo hirió en toda la tierra de Egipto … asimismo destrozó el granizo toda la hierba del campo, y desgajó todos los árboles del país». Dios prohíbe a Israel destruir los huertos próximos a las ciudades asediadas: «Cuando sities a alguna ciudad, peleando contra ella muchos días para tomarla, no destruirás sus árboles … porque de ellos podrás comer» (Dt 20.19).
El término puede significar un solo «árbol», como en el caso de Gn 2.9: «El árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal».
El vocablo también se aplica al género «árbol». Es así como Is 41.19 menciona el «olivo» con «cipreses» y «bojes» en medio de una larga lista de varias especies de árboles.
˓ets puede significar «bosque», como en Dt 16.21, que debería leerse: «No plantarás para ti mismo un bosque (asera) de cualquier clase de árbol» («ninguna clase de árbol» BJ). El término puede representar «madera» como un material con el que se construyen cosas o como materia prima para tallar: «Y en artificio de madera; para trabajar en toda clase de labor» (Éx 31.5). Los grandes troncos de madera de construcción están implícitos también en ˓ets: «Subid al monte y traed madera, y reedificad la casa» (Hag 1.8). ˓Ets puede indicar el producto final de la madera que se ha procesado y formado en algún producto: «Y todo aquello sobre que cayere algo de ellos después de muertos, será inmundo; sea cosa de madera» (Lv 11.32). En Ez 37.16, la palabra significa «palo» o «pedazo de madera»: «Hijo de hombre, toma ahora un palo, y escribe en él». Puede referirse a un «poste» u «horca»: «Al cabo de tres días quitará Faraón tu cabeza de sobre ti, y te hará colgar en la horca» (Gn 40.19).
˓Ets tiene una vez la acepción de «tallo»: «Mas ella los había hecho subir al terrado, y los había escondido entre los manojos de lino que tenía puestos en el terrado» (Jos 2.6).
˒ayil (אַיִל, 352), «árbol grande, frondoso». El vocablo aparece 4 veces y solo en pasajes poéticos. No significa un género ni especie particular de árbol, pero sí un árbol grande, frondoso. La primera vez que se usa es en Is 1.29: «Entonces os avergonzarán [los árboles frondosos] que amasteis» [la mayoría de las versiones lo traducen «encinas»].
˒elon (אֵלוֹן, 436), «árbol grande». Es probable que el nombre se relacione con ˒ayil o árbol grande. ˒Elon se encuentra 10 veces y únicamente en relación con lugares de adoración. Bien puede ser que estos fueran antiguos lugares cúlticos. El término no se refiere a ningún género ni especie de árbol, pero, como el nombre con el que se relaciona, simplemente un «árbol grande»: «Volvió Gaal a hablar, y dijo: He allí gente que desciende de en medio de la tierra [Ombligo de la Tierra, BJ, BLA], y una tropa viene por el camino de la encina de los adivinos» (Jue 9.37). En Jue 9.6, la BJ habla del «Terebinto de la estela» y RV dice «llanura del pilar» en Siquem, donde los hombres de Siquem y la casa de Milo coronaron a Abimelec.

ARCA
˒arôn (אָרוֹן, 727), «arca; ataúd; cofre; caja». El vocablo tiene cognados en fenicio, arameo, acádico y arábigo. Se encuentra unas 203 veces en el hebreo bíblico durante todos los períodos.
En Gn 50.26 la palabra representa un ataúd o sarcófago (tiene el mismo significado en fenicio): «Y murió José a la edad de ciento diez años; y lo embalsamaron, y fue puesto en un ataúd en Egipto». Este sarcófago fue quizás uno bien trabajado, como los tantos que se han encontrado en Egipto.
Durante el reinado de Joás, cuando se reparó el templo, el dinero de los trabajos se depositaron en un «cofre» con un agujero en la tapa. El sumo sacerdote Joiada lo preparó y colocó en la entrada del templo (2 R 12.9).
En la mayoría de los casos, ˒arôn se refiere al «arca del testimonio». Este mueble funcionaba principalmente como un receptáculo. Como tal, la palabra se modifica a menudo por los nombres o atributos divinos. En 1 S 3.3, el nombre divino modifica primero a ˒arôn: «Samuel estaba durmiendo en el templo de Jehová, donde estaba el arca de Dios». El nombre de Dios que se relaciona con el pacto, Jehová (Yahveh), modifica a ˒arôn por vez primera en Jos 4.5. En Jue 20.27 se encuentra la primera ocasión en que figura la frase el «arca del pacto de Elohîm». Primero de Samuel 5.11 usa la frase «el arca del Dios [˒elohîm] de Israel» y 1 Cr 15.12 emplea «el arca de Jehová [Yahveh] Dios [˒elohîm] de Israel».
A veces los atributos divinos reemplazan el nombre divino: «Levántate, oh Jehová, al lugar de tu reposo, tú y el arca de tu poder» (Sal 132.8). Otro grupo de adjetivos enfocan en la redención divina (cf. Heb 8.5). Es así como ˒arôn se describe a menudo como «el arca del pacto» (Jos 3.6) o «el arca del pacto de Jehová» (Nm 10.33). Como tal, el arca contenía las evidencias de los hechos redentores de Dios: las tablas en las que estaban inscritos los Diez Mandamientos, un gomer (1, 76 litros) de maná y la vara de Aarón (cf. Éx 25.21; Dt 10.2; Éx 16.33–34; Nm 17.10). Ya por los tiempos de Salomón solamente las tablas quedaban en el arca (1 R 8.9). El cofre también se llamaba «el arca del testimonio» (Éx 25.22), porque contenía las dos tablas que eran evidencia de la redención divina.
Éxodo 25.10–22 nos dice que el arca se construyó de madera de acacia con una medida de 1,80 m (largo) por 1,35 (ancho) por 1.35 (alto). Estaba forrado de oro por dentro y por fuera, y con su moldura de oro. En cada una de sus cuatro patas había una argolla de oro en la parte superior atravezadas con varas de acacia en oro, que no podían quitarse y que servían para cargar el arca. La tapa de oro o propiciatorio tenía las mismas dimensiones que la superficie del arca. Dos querubines de oro estaban sentados encima del arca frente a frente, en representación de la majestad celestial (Ez 1.10) que rodea al Dios viviente.
Además de contener memoriales de la redención divina, el arca representaba la presencia de Dios. Estar delante del arca equivalía a estar en la presencia de Dios (Nm 10.35), aunque su presencia no se limitaba a la misma (cf. 1 S 4.3–11; 7.2, 6). El arca dejó de tener esta función sacramental cuando Israel comenzó a considerarlo como una caja mágica con poder sagrado (palladium).
Dios prometió reunirse con Moisés frente al arca (Éx 25.22). De esta manera, el arca funcionaba como un lugar donde se recibía la revelación divina (Lv 1.1; 16.2; Nm 7.89). El arca sirvió de instrumento mediante el cual Dios guiaba y defendía a Israel durante su peregrinaje en el desierto (Nm 10.11). En fin, fue sobre esta misma arca que el más insigne de los sacramentos de Israel, la sangre de propiciación, se presentaba y recibía cada año (Lv 16.2ss).

ARREPENTIRSE
najam (נָחַם, 5152), «arrepentirse, consolar». A grosso modo, najam significa «arrepentirse» aproximadamente 40 veces y «consolar» unas 65 veces en el Antiguo Testamento. Con el objetivo de comprobar el significado de najam, los estudios presentan varias perspectivas: conectan el vocablo con un cambio de corazón o de disposición, de mente, de propósito, o enfatizan un cambio de conducta.
La mayoría de los usos del término en el Antiguo Testamento tienen que ver con el arrepentimiento divino: «Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra» (Gn 6.6); «Entonces Jehová se arrepintió [«cambió de parecer»] del mal que dijo que había de hacer a su pueblo» (Éx 32.14 RV; «renunció» BJ, BLA, LVP). A veces el Señor «se arrepintió» de la disciplina que se había propuesto llevar a cabo con las naciones: «Pero si esos pueblos se convirtieren de su maldad contra la cual hablé, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles» (Jer 18.8). «Pero si hiciere lo malo delante de mis ojos, no oyendo mi voz, me arrepentiré del bien que había determinado hacerle» (Jer 18.10). «Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira … y que se duele [«se arrepiente» NBE] del castigo» (Jl 2.13). Se pueden dar otros ejemplos del cambio de parecer del Señor. Sin embargo, queda claro que Dios cambia cuando el ser humano cambia y toma la decisión buena, pero no puede cambiar su actitud hacia el mal cuando el ser humano sigue un camino errado. Aunque las acciones de Dios pueden cambiar, Él siempre permanece fiel a su propia justicia.
En algunas situaciones, Dios está cansado de «arrepentirse» (Jer 15.6), lo cual sugiere que puede haber un punto más allá del cual Dios no tiene otro recurso más que implementar su disciplina. Un ejemplo de esto se ve en las palabras de Samuel a Saúl, que Dios había quitado el reino del primer rey de Israel y se proponía entregarlo a otro. Samuel declara: «Además, el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá, porque no es hombre para que se arrepienta» (1 S 15.29).
A menudo Dios cambia de parecer y «se arrepiente» de sus acciones debido a la intercesión y arrepentimiento de las malas acciones humanas. Moisés suplicó a Dios en favor de su pueblo: «Vuélvete del ardor de tu ira, y arrepiéntete de ese mal contra tu pueblo» (Éx 32.12). El Señor hizo esto cuando «se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo» (Éx 32.14). Como el profeta de Dios predicó al pueblo de Nínive: «Vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo» (Jon 3.10). En estos casos, Dios «se arrepintió», cambió de parecer y de planes, sin embargo se mantuvo fiel a lo absoluto de su justicia en relación con el ser humano.
Otros pasajes tienen que ver con un cambio de actitud (o la ausencia de ello) en el ser humano. Cuando este no «se arrepiente» de su maldad, opta por rebelarse (Jer 8.6). En un sentido escatológico, el día en que Efraín (como representante de la fracción norteña de Israel) «se arrepienta», Dios tendrá misericordia (Jer 31.19–20).
Los seres humanos también se arrepienten en relación con sus prójimos. La tribu de Benjamín sufrió grandemente por el crimen de inmoralidad (Jue 19–20): «Y los hijos de Israel se arrepintieron a causa de Benjamín su hermano, y dijeron: Cortada es hoy de Israel una tribu» (Jue 21.6; cf. v. 15).
Najam puede también tener la acepción de «consolar». Los refugiados en Babilonia serían «consolados» cuando los sobrevivientes de Jerusalén llegaran (Ez 14.23); aquí, el vínculo entre «consolar» y «arrepentirse» es el resultado de la calamidad que Dios trajo sobre Jerusalén como testimonio de la veracidad de su Palabra. David «consoló» a Betsabé después de la muerte de su hijo, fruto del pecado (2 S 12.24); es quizás un indicio de su arrepentimiento por lo acontecido.
Además, el vocablo significa «consolar» dentro de las relaciones interpersonales. Job pregunta a sus tres compañeros: «¿Cómo, pues, me consoláis en vano, viniendo a parar vuestras respuestas en falacia?» (Job 21.34). O sea, que la actitud de ellos era cruel e insensible. El salmista se volvió a Dios en busca de «consuelo»: «Aumentarás mi grandeza, y volverás a consolarme» (Sal 71.21). Con sentido escatológico, Dios indicó a su pueblo que «consolaría» a Jerusalén cuando restaurara a Israel, como una madre consuela a sus polluelos (Is 66.13).

ASAMBLEA
A. Nombre
qahal (קָהָל, 6951), «asamblea; congregación». Cognados que se derivan de este nombre se encuentran en arameo y siríaco. Qahal aparece 123 veces en todos los períodos del hebreo de la Biblia.
En muchos contextos, el vocablo significa una asamblea que se congrega para planificar o llevar a cabo un consejo de guerra. Uno de los primeros ejemplos se encuentra en Gn 49.6. En 1 R 12.3, «toda la congregación de Israel» pidió que Roboam aligerase la carga de impuestos que les había dejado Salomón. Cuando Roboam rehusó, se apartaron de él y rechazaron su alianza feudal (militar) con él. Qahal tiene la acepción de «ejército» en Ez 17.17: «Y ni con gran ejército ni con mucha compañía hará Faraón nada por él en la batalla».
A menudo, qahal sirve para denotar una reunión para juzgar o deliberar. Este énfasis aparece primero en Ez 23.45–47, donde la «tropa» (RV) o «asamblea» (BJ) juzga y ejecuta el juicio. En muchos pasajes el vocablo significa una asamblea que representa a un grupo mayor: «Entonces David tomó consejo con los capitanes de millares y de centenas, y con todos los jefes. Y dijo David a toda la asamblea de Israel» (1 Cr 13.1–2). Aquí «toda la asamblea» se refiere a los líderes reunidos (cf. 2 Cr 1.2). Es así como en Lv 4.13 encontramos que el pecado de toda la congregación de Israel puede pasar inadvertido por la «asamblea» (los jueces o ancianos que representan a la congregación).
A veces qahal representa todos los varones de Israel con derecho a ofrecer sacrificios al Señor: «No entrará a la congregación de Jehová el que tenga magullado los testículos, o amputado su miembro viril» (Dt 23.1). Los únicos con derecho a pertenecer a la asamblea eran varones que estaban ligados ritualmente bajo el pacto, que no eran ni extranjeros (residentes no permanentes), ni residentes permanentes no hebreos (Nm 15.15). En Nm 16.3, 33 se pone de manifiesto que la «asamblea» consistía de una comunidad adorante y votante (cf. 18.4). En otros pasajes, el término qahal significa todo el pueblo de Israel. Toda la congregación de los hijos de Israel se quejaron de que Moisés los había llevado al desierto para matar de hambre a toda la asamblea (Éx 16.3; «multitud» RV). La primera vez que se usa el vocablo tiene también un significado de un grupo grande: «Y el Dios omnipotente te bendiga, y te haga fructificar y te multiplique, hasta llegar a ser multitud [qahal] de pueblos» (Gn 28.3).
B. Verbo
qahal (קַהָל, 6950), «congregar». El verbo qahal, que aparece 39 veces, se deriva del nombre qahal. Al igual que el nombre, el término se usa en todos los períodos del hebreo bíblico. Significa «congregarse» como un qahal en situaciones de conflicto o guerra, con fines religiosos y para juicios: «Entonces Salomón reunió ante sí en Jerusalén los ancianos [qahal] de Israel» (1 R 8.1).

ASERA
˒asherah (אֲשֵׁרָה, 842), «Asera; Aserim (pl.)». Este nombre, que tiene un cognado ugarítico, aparece primero en la Biblia en pasajes que anteceden el asentamiento en Palestina. Sin embargo, el término es más frecuente, por lo general, en la literatura histórica. De los 40 casos, 4 están en el código legal de Israel, 4 en Jueces, 4 en los libros proféticos y el resto en 1 Reyes y 2 Crónicas.
El ˒asherah era un objeto cúltico que representaba la presencia de la diosa cananea Asera. Cuando el pueblo de Israel entró a Palestina, debían guardarse totalmente de las religiones idolátricas de sus habitantes. Es más, Dios les ordenó: «Derribaréis sus altares y quebraréis sus estatuas, y cortaréis sus imágenes de Asera [˒asherim]» (Éx 34.13). Su objeto cúltico estaba hecho de madera (Jue 6.26; 1 R 14.15) y debía quemarse (Dt 12.3). Algunos estudiosos opinan que este era un palo o poste sagrado que se levantaba cerca de los altares a Baal. Puesto que solo había una diosa con el nombre de ˒asherah, su forma plural (˒asherim) probablemente se refiera a varios palos.
La diosa se llama ˒Asherah: «Envía, pues, ahora y congrégame a todo Israel en el monte Carmelo, y los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, y los cuatrocientos profetas de Asera (los ˒asherim), que comen a la mesa de Jezabel» (1 R 18.19). Los cananeos creían que Asera gobernaba el mar, era la madre de todos los dioses, incluyendo a Baal, de quien a veces era enemigo mortal. Aparentemente, la mitología de Canaán colocó a Asera como consorte de Baal, quien desplazó al supremo dios El. Por lo tanto, sus objetos sagrados (palos) se encontraban junto a los altares de Baal y ella se adoraba junto con él.

ATAR
˒asar (אָסַר, 631), «atar, aprisionar, amarrar, ceñir, uncir, ligar». Este es un término semítico común que se encuentra tanto en el acádico antiguo y ugarítico como durante toda la historia de la lengua hebraica. Las formas verbales del vocablo aparecen unas 70 veces en el Antiguo Testamento. La primera vez que se usa ˒asar en el texto hebraico es en Gn 39.20, que relata cómo «aprisionaron» a José después que la mujer de Potifar lo calumnió.
Término común para «atar» o «amarrar» por cuestiones de seguridad, ˒asar se usa a menudo en relación con caballos y asnos (2 R 7.10). Los bueyes se «uncen» a carros (1 S 6.7, 10; «enyugar» NBE). Es frecuente el uso de ˒asar en el sentido de «atar» a prisioneros con cuerdas y grillos (Gn 42.24; Jue 15.10, 12–13). Sansón engañó a Dalila, cuando esta buscaba el secreto de sus fuerzas, diciéndole que debía «atarle» con cuerdas de mimbre verde (Jue 16.7) y nuevas (v. 11), ninguno de lo cual consiguió sujetarle.
En un sentido abstracto ˒asar se refiere a quienes están «atados» espiritualmente (Sal 146.7; Is 49.9; 61.1), o a un hombre que se siente «cautivado» emocionalmente por los cabellos de una mujer (Cnt 7.5). Es sorprendente, pero el uso figurado del término como obligación de «atar» [«ligar» RV, «comprometerse» BJ, BLA] a un voto o juramento se halla únicamente en Nm 30, donde, sin embargo, aparece varias veces (vv. 3, 5–6, 8–9, 11–12).

ATARDECER, ANOCHECER
˓ereb (עֶרֶב, 6153), «atardecer, anochecer, noche». El nombre ˓ereb se encuentra unas 130 veces y en todos los períodos. El término se refiere a la etapa del día inmediatamente antes y después de la puesta del sol. Durante este tiempo, la paloma regresó al arca de Noé (Gn 8.11). Las mujeres iban a los pozos a buscar agua al «atardecer» (RVA), cuando estaba más fresco (Gn 24.11). Fue «al caer la tarde» que David anduvo en la azotea de su palacio para refrescarse y observó a Betsabé que se bañaba (2 S 11.2). La primera vez que aparece en la Biblia, ˓ereb indica el «inicio de un día»: «Y fue la tarde y la mañana un día» (Gn 1.5). La frase «entre las dos tardes» significa el período entre la caída y la puesta del sol, el «crepúsculo» (Éx 12.6; «atardecer» RVA, NBE; «anochecer» BLA).
Segundo, según uso poético tardío, el vocablo puede significar «noche»: «Cuando estoy acostado, digo: ¿Cuándo me levantaré? Mas la noche es larga y estoy lleno de inquietudes hasta el alba» (Job 7.4).

ATRIO, CAMPAMENTO
jatser (חָצֵר, 2691), «atrio; recinto». Este vocablo está relacionado con un verbo semítico común que tiene dos significados: «estar presente», en el sentido de morar en un lugar determinado (campamento, asentamiento, residencia), y «encerrar, rodear, apretar». En el hebreo veterotestamentario, jatser aparece unas 190 veces bien distribuidas por todo el texto, excepto en los profetas menores. En algunos diccionarios hebreos el uso de jatser como «morada permanente», «poblado» o «aldea» se trata aparte de «atrio». Sin embargo, la mayoría de los diccionarios modernos identifican solo una raíz con dos significados relacionados.
Jatser aparece por primera vez en la Biblia en Gn 25.16: «Estos fueron los hijos de Ismael y sus nombres según sus aldeas y campamentos: doce jefes según sus naciones». Aquí jatser se refiere al primer significado del radical hebreo, que aparece con menor frecuencia que «atrio». El jatser («asentamiento») era un lugar en el que moraba el pueblo sin un recinto que le protegiera. En Lv 25.31 se explica el término: «Mas las casas de las aldeas que no tienen muro alrededor, serán consideradas como campo abierto; tienen derechos de redención, y son recuperadas en el jubileo» (LBA).
Jatser significa «asentamientos» de pueblos seminómadas: ismaelitas (Gn 25.15), aveos (Dt 2.23) y Cedar (Is 42.11). Jatser también denota un «asentamiento» extramuros. Las ciudades de Canaán eran relativamente pequeñas y no tenían capacidad para toda la población. En tiempos de paz, los residentes de la ciudad podían construir sus casas y talleres formando un sector aparte. Si la población aumentaba, el rey o gobernador a menudo decidía encerrar el nuevo barrio con un muro y así lo incorporaba a la ciudad existente a fin de proteger la población de bandidos y guerreros. Jerusalén fue creciendo paulatinamente hacia el oeste; en tiempos de Ezequías llegó a ser una ciudad grande. Hulda la profetiza moraba en un asentamiento como este, conocido en hebreo como misneh: «En el Segundo Barrio de Jerusalén» (2 R 22.14 RVA; «segundo sector», LBA).
El libro de Josué incluye las victorias de Israel sobre las ciudades principales de Canaán, con sus suburbios: «Ayin, Rimón, Eter y Asán; cuatro ciudades con sus aldeas» (19.7 LBA; 15.45, 47; 21.12).
La acepción principal de jatser es «atrio», ya sea de una casa, un palacio o un templo. Por lo general, cada casa tenía un «atrio» o patio rodeado por un muro o varias casas compartían uno: «Pero un muchacho los vio e informó a Absalón. Por tanto, los dos se dieron prisa y llegaron a la casa de un hombre en Bajurim, quien tenía un pozo en su patio, y se metieron dentro de él» (2 S 17.18 RVA). El palacio de Salomón tenía varios «atrios»: un «atrio» exterior, un «atrio» que rodeaba el palacio y un «atrio interior» en medio del palacio. En forma similar, el templo tenía varios atrios. El salmista expresa su gozo por estar en los «atrios» del templo, donde las aves construían sus nidos (Sal 84.3); «Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos: Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad» (Sal 84.10). El pueblo de Dios anhelaba la reunión de todo el pueblo en los «atrios» de Dios: «En los atrios de la casa de Jehová, en medio de ti, oh Jerusalén. ¡Aleluya!» (Sal 116.19).
Las traducciones en la Septuaginta son: aule («patio; granja; casa; atrio exterior; palacio»), epaulis («granja; estancia; residencia») y kome («aldea; pueblo pequeño»). En la RV encontramos «atrio; aldea; pueblo».

AYUDAR
˓azar (עָזַר, 5826), «ayudar, asistir, auxiliar». Este vocablo y sus derivados son comunes tanto en el hebreo antiguo como en el moderno. El verbo se halla unas 80 veces en el texto bíblico. ˓Azar se encuentra por primera vez en el Antiguo Testamento en la bendición de Jacob a José sobre su lecho de muerte: «El Dios de tu padre, el cual te ayudará» (Gn 49.25).
La ayuda o la asistencia proviene de varias fuentes: Treinta y dos reyes «ayudaron» («auxiliaron» BJ, «apoyaron» NBE) a Ben-adad (1 R 20.16); una ciudad «ayuda» a otra (Jos 10.33); se espera «ayuda» aun de dioses falsos (2 Cr 28.23). Por supuesto, la mayor fuente de ayuda es Dios mismo: Él es «el amparo del huérfano» (Sal 10.14 RV; «socorro» BJ, NBE). Dios promete: «Siempre te ayudaré» (Is 41.10); «Jehová los ayudará y los librará» (Sal 37.40).

VIDENTE007
02/10/2007, 19:12
B

BAAL, SEÑOR
ba˓al (בַּעַל, 1167) «señor; baal». En acádico, el nombre belu («señor») dio lugar al verbo belu («gobernar»). En otras lenguas del semítico nordoccidental, el nombre ba˓al tiene un significado un tanto diferente, puesto que otros términos han asumido el significado de «señor» (cf. heb. ˒adôn.) con los cuales el vocablo hebreo ba˓al parece guardar relación.
La palabra ba˓al aparece 84 veces en el Antiguo Testamento hebreo; 15 veces significa «marido» y 50 veces se refiere a una divinidad. El nombre ba˓al aparece por primera vez en Gn 14.13: «Y vino uno de los que escaparon, y lo anunció a Abram el hebreo, que habitaba en el encinar de Mambre el amorreo, hermano de Escol y hermano de Aner, los cuales eran aliados de [literalmente «ba˓ales» del pacto con] Abram».
El significado primario de ba˓al es «poseedor». Isaías usa a ba˓al con sentido paralelo a qanah, lo cual pone en claro el significado básico de ba˓al: «El buey conoce a su dueño [qanah], y el asno el pesebre de su señor [ba˓al]; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento» (Is 1.3). Un individuo puede ser dueño [ba˓al] de un animal (Éx 22.10), una casa (Éx 22.7), una cisterna (Éx 21.34) y hasta de una esposa (Éx 21.3).
Una acepción secundaria, «marido», se expresa con claridad mediante la frase ba˓al ha-ishshah (literalmente, «dueño de la mujer»). Por ejemplo: «Si algunos riñen, y hieren a una mujer embarazada, y esta aborta, pero sin causarle ningún otro daño, serán penados conforme a lo que les imponga el marido [ba˓al ha-ishshah] de la mujer y juzguen los jueces» (Éx 21.22 RV-95). El significado de ba˓al está estrechamente ligado al de ish («hombre»), como se puede apreciar en dos ejemplos en el pasaje siguiente: «Oyendo la mujer de Urías que su marido [is] Urías era muerto, hizo duelo por su marido [ba˓al]» (2 S 11.26).
El término ba˓al junto con otro nombre puede significar una característica o cualidad peculiar: «Y dijeron el uno al otro: He aquí viene el soñador» (Gn 37.19; literalmente, «el maestro de sueños»).
En tercer lugar, la palabra ba˓al puede denotar cualquier divinidad ajena al Dios de Israel. Baal fue un nombre común para el dios de la fertilidad de Canaán, sobre todo en la ciudad cananea de Ugarit. El Antiguo Testamento registra que «Baal» era el dios de los cananeos. Durante el tiempo de los jueces, los israelitas adoraron a Baal (Jue 6.25–32) y también durante el reinado de Acab. Elías se levantó en oposición a los sacerdotes de Baal en el monte Carmelo (1 R 18.21ss). Muchas ciudades consagraron a Baal como un dios local mediante actos especiales de culto: Baal-peor (Nm 25.5), Baal-berit en Siquem (Jue 8.33), Baal-zebub (2 R 1.2–16) en Ecrón, Baal-zefón (Nm 33.7) y Baal-hermón (Jue 3.3).
Entre los profetas, Jeremías y Oseas mencionan a Baal con mayor frecuencia. Oseas describe a Israel que se ha vuelto a los baales y que solo se vuelve al Señor después de un tiempo de desesperación (Os 2.13, 17). Dice que el nombre de ba˓al no se usará más, ni siquiera con el significado de «Señor» o «amo», por la contaminación del término por prácticas idólatras: «En aquel tiempo, dice Jehová, me llamarás Ishi, y nunca más me llamarás Baali. Porque quitaré de su boca los nombres de los baales [ba˓alim], y nunca más se mencionarán sus nombres» (Os 2.16–17). En días de Oseas y Jeremías aún se adoraban ídolos de ba˓al porque la gente sacrificaba, construía lugares altos y fabricaba imágenes de ba˓alim (plural).
En la Septuaginta, el término ba˓al no se traduce de manera uniforme: curios («señor», «dueño»); aner («hombre», «marido»); la simple transliteración; y ba˓al. La RV lo traduce así: «Baal, hombre, dueño, marido, señor».

BANDA, EJÉRCITO
gedûd (גְּדוּד, 1416), «banda (de asaltantes, de merodeadores); invasores; ejército; unidades (de un ejército, tropas; bandidos, asaltos)». Los 33 ejemplos de este nombre están distribuidos en todo el hebreo bíblico.
Básicamente, el vocablo se refiere a individuos, o a una banda de individuos, que asaltan y saquean a un enemigo. Los cuerpos que realizan estos asaltos pueden ser «bandidos» al margen de la ley, una unidad especial de algún ejército o bien todo un ejército. En la antigüedad se sufría mucho de los asaltos de pueblos vecinos. Cuando los amalecitas «asaltaron» a Siclag, quemando, saqueando y llevándose a las mujeres y a las familias de los seguidores de David, este consultó con Dios: «¿He de perseguir a esa banda? ¿La podré alcanzar?» (1 S 30.8 RVA). La «banda de saltantes» consistía de todo el ejército de Amalec. Esta acepción de gedûd aparece por primera vez en Gn 49.19: «Salteadores lo asaltarán» (LBA). El término aquí es un nombre colectivo que se refiere a toda la «banda de asaltantes» que vendría. Cuando Job describe las glorias del pasado, comenta que «moraba como rey entre las tropas» (Job 29.25 LBA; «ejército» RV). Cuando a David y a sus seguidores se les llama un gedûd, se les tilda de bandidos al margen de la ley, hombres que vivían luchando y asaltando (1 R 11.24).
En algunos pasajes, gedûd significa un destacamento de tropas o unidad o división de un ejército: «El hijo de Saúl tenía dos hombres, los cuales eran jefes de (2 S 4.2 RVA). Dios envió contra Joacim «unidades» del ejército caldeo «tropas de los caldeos, de los sirios, de los moabitas y de los amonitas» (2 R 24.2). El término también puede significar los individuos que integran estas bandas de asaltantes o unidades militares. Los individuos en la casa de Israhías, descendiente de Isacar, integraban una unidad militar: «Había con ellos en sus linajes, por las familias de sus padres, treinta y seis mil hombres de guerra» (1 Cr 7.4). Bildad hace la pregunta retórica acerca de Dios: «¿Tienen número sus tropas?» (Job 25.3 RVA).
El verbo gadad significa «reunirse en contra de» (Sal 94.21), «sajarse el cuerpo» (Dt 14.1), «girar» (Jer 30.23 NBE; «irrumpir» RVA; «cernir» NEV; «descargar» LBA, BLA) o «reunir en tropas» (Miq 5.1).

BEBER
shatah (שָׁתָה, 8354), «beber». Este verbo aparece en casi todas las lenguas semíticas, aunque en el arameo de la Biblia no se usa como verbo (la forma sustantiva mishete sí aparece). El hebreo bíblico usa el término unas 215 veces.
En primer lugar, este verbo significa «beber» o «consumir un líquido» y se usa con relación a objetos inanimados así como a personas y animales. Lo mismo acontece con el verbo shaqah, cuyo significado se aproxima al de shatah. En la primera vez que se usa el término encontramos que Noé «bebió del vino y se embriagó» (Gn 9.21). Los animales también «beben»: «También para tus camellos sacaré agua, hasta que acaben de beber» (Gn 24.19). Dios dice que no bebe «sangre de machos cabríos» (Sal 50.13).
La metáfora de «beber un cáliz» significa consumir todo lo que el vaso contiene (Is 57.17). No solo se beben los líquidos, puesto que shatah se usa como figura para «beber» iniquidad: «¿Cuánto menos el hombre abominable y vil, que bebe la iniquidad como agua?» (Job 15.16). A menudo el verbo se usa en relación a sujetos inanimados, como en Dt 11.11: «La tierra a la cual pasáis para tomarla … bebe las aguas de la lluvia del cielo».
Shatah puede significar probar una copa; «ingerir» sin necesariamente consumir: «¿No es esta en la que bebe mi señor, y por la que suele adivinar?» (Gn 44.5).
El vocablo se puede usar para referirse a una actividad comunitaria: «Y entrando en el templo de sus dioses, comieron y bebieron, y maldijeron a Abimelec» (Jue 9.27). La frase «comer y beber» puede referirse a «tomar una comida»: «Y comieron y bebieron él y los varones que venían con él, y durmieron» (Gn 24.54). El verbo también puede significar «banquetear» (que incluye muchas actividades además de comer y beber) o «participar en un banquete»: «Y he aquí están comiendo y bebiendo delante de él, y han dicho: ¡Viva el rey Adonías!» (1 R 1.25). En un caso, shatah de por sí solo quiere decir «participar en un banquete»: «Vino, pues, el rey con Amán al banquete que Ester dispuso» (Est 5.5).
La frase «comer y beber» puede referirse a una comida cúltica, o sea, una comida de comunión con Dios. Los setenta ancianos en el monte Sinaí «vieron a Dios, y comieron y bebieron» (Éx 24.11). Este acto los unió sacramentalmente con Dios (cf. 1 Co 10.19). En contraste con esta comunión con el Dios verdadero, el pueblo al pie del monte tuvo comunión con un dios falso: «Se sentó a comer y beber, y se levantó a regocijarse» (Éx 32.6). Sin embargo, cuando Moisés se presentó ante Dios, no comió cosa alguna durante los cuarenta días y cuarenta noches en el monte (Éx 34.28). Más bien su comunión fue cara a cara en vez de una simple comida.
A los sacerdotes se les mandó un ayuno parcial antes de que sirvieran en la presencia de Dios: no debían beber vino ni bebida embriagante (Lv 10.9). Ni ellos ni los demás de Israel podían comer comida inmunda. Estas restricciones fueron más estrictas para los nazareos, quienes vivían constantemente en la presencia de Dios. Se les ordena no comer ni beber producto alguno de la vid (Nm 6.3; cf. Jue 13.4; 1 S 1.15). De esta manera, Dios exige su autoridad sobre los procesos ordinarios y necesarios del quehacer humano. En todo lo que lleva a cabo, el ser humano está obligado a reconocer el control de Dios sobre su existencia. Todos debemos reconocer que comemos y bebemos en la medida en que vivimos bajo el reinado de Dios; y los fieles deben reconocer a Dios en todos sus caminos.
La frase «comer y beber» puede también referirse a la vida en general: «Judá e Israel eran muchos, como la arena que está junto al mar en multitud, comiendo, bebiendo y alegrándose» (1 R 4.20; cf. Ec 2.24; 5.18; Jer 22.15). Shatah, que significa también «beber con abundancia» o beber para emborracharse, está estrechamente ligada al verbo «estar borracho» o intoxicado. Cuando José ofreció un banquete a sus hermanos, «bebieron y se alegraron con él» (Gn 43.34).

BEBER, DAR DE
shaqah (שָׁקָה, 8248), «dar de beber, irrigar, regar». Este verbo se encuentra en acádico y ugarítico antiguo, al mismo tiempo que en el hebreo bíblico moderno y antiguo. El vocablo se encuentra generalmente en sentido causativo, mientras su contraparte mucho más común, satah, se usa primordialmente en su forma activa simple o sea «beber». La primera vez que aparece, shaqah expresa la idea de «irrigar» o «regar»: «Subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda la faz de la tierra» (Gn 2.6). En vista del antecedente mesopotámico de este pasaje, tanto lingüístico como agrícola, el término hebreo para «bruma» tal vez esté relacionado con la idea de un canal o sistema de irrigación.
El clima seco en el Medio Oriente hace que shaqah sea un término muy importante, puesto que expresa el acto de «irrigar» o «regar» las cosechas (Dt 11.10). Dios riega la tierra y causa que crezcan las plantas (Sal 104.13–14). Metafóricamente, Él «riega» su viñedo, Israel (Is 27.3).
Un uso frecuente de shaqah expresa la idea de «dar agua de beber» a los animales (Gn 24.14, 46; 29.2–3, 7–8, 10). A las personas se les ofrece una variedad de cosas para beber, como agua (Gn 24.43), vino (Gn 19.32; Am 2.12), leche (Jue 4.19) y vinagre (Sal 69.21). A manera de símbolo del juicio divino se dice que Dios «nos ha dado a beber aguas envenenadas [«aguas de hiel» RVR]» (Jer 8.14; 9.15; 23.15 RV-95). Durante este período de juicio y luto Israel no recibiría «vaso de consolación» (Jer 16.7).
Una persona sana es alguien cuyos huesos serían «regados» (literalmente «irrigados») de tuétano (Job 21.24).

BENDECIR
A. Verbo
barak (בָּרַךְ, 1288), «arrodillarse, bendecir, ser bendecido, maldecir». La raíz de esta palabra se encuentra en otras lenguas semíticas, las cuales, como la hebrea, lo usan con mayor frecuencia con referencia a un dios. Existen también paralelos del vocablo en egipcio.
Barak aparece unas 330 veces en la Biblia, comenzando por Gn 1.22: «Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos». Las primeras palabras que Dios dirige al hombre comienza de la misma manera: «Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos» (v. 28). De esta manera se demuestra que toda la creación depende de Dios para su continua existencia y multiplicación (cf. Sal 104.27–30). Barak se usa otra vez en relación al género humano en Gn 5.2, al principio de la historia de los hombres de fe, y de nuevo después del diluvio en Gn 9.1: «Bendijo Dios a Noé y a sus hijos». El elemento central del pacto de Dios con Abram es: «Te bendeciré … y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren … y serán benditas en ti todas las familias de la tierra» (Gn 12.2–3). Esta «bendición» sobre las naciones se repite en Gn 18.18; 22.18; y 28.14 (cf. Gn 26.4; Jer 4.2). En todos estos casos, la bendición de Dios se dirige a las naciones a través de Abraham o su simiente. La Septuaginta traduce todos estos casos de barak en el pasivo, como lo hacen también algunas traducciones modernas. Pablo cita la traducción en la Septuaginta de Gn 22.18 en Gl 3.8.
La promesa del pacto convocó a las naciones a buscar la «bendición» (cf. Is 2.2–4), pero dejando bien en claro que la iniciativa para la bendición proviene de Dios, y que Abraham y su simiente debían ser instrumentos de bendición. Dios, ya sea en forma directa o a través de sus representantes, aparece más de 100 veces como el sujeto de este verbo. La bendición levítica está basada en esta orden: «Así bendeciréis a los hijos de Israel … Jehová te bendiga … y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré» (Nm 6.23–27).
Se usa la forma pasiva de barak cuando Melquisedec pronuncia la «bendición de Dios sobre la humanidad»: «Bendito sea Abram del Dios Altísimo» (Gn 14.19). «Bendito por Jehová mi Dios sea Sem» (Gn 9.26) es una expresión de alabanza. «Bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano» (Gn 14.20) es alabanza con acción de gracias.
Una forma común de saludarse era: «Bendito seas tú de Jehová» (1 S 15.13; cf. Rt 2.4). Saúl «salió a recibir [a Samuel], para saludarle» (1 S 13.10).
En 2 Cr 6.13 se usa la forma simple del verbo: «Se arrodilló». Seis veces se usa el vocablo para indicar el acto de maldecir, como en Job 1.5: «Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones».
B. Nombre
berakah (בְּרָכָה, 1293), «bendición». La forma del radical de esta palabra se encuentra en las lenguas semíticas del noroeste y del sur de la región semítica. Se usa conjuntamente con el verbo barak («bendecir») 71 veces en el Antiguo Testamento. El término aparece con mayor frecuencia en Génesis y en Deuteronomio. La primera vez es el caso de la bendición de Dios sobre Abram: «Y haré de ti una nación grande y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición [berakah]» (Gn 12.2).
Cuando la expresa el hombre, «bendición» es un deseo o una súplica en pro de bendición futura: «Y [Dios] te dé la bendición de Abraham, y a tu descendencia contigo, para que heredes la tierra en que moras, que Dios dio a Abraham» (Gn 28.4). Esto se refiere a la «bendición» que los patriarcas antes de morir solían pronunciar sobre los hijos de Israel. La «bendición» de Jacob a las tribus (Gn 49) y la «bendición» de Moisés (Dt 33.1ss) son otros ejemplos bien conocidos de este hecho.
Bendición era lo contrario a maldición (qelalah): «Quizá me palpará mi padre, y me tendrá por burlador, y traeré sobre mí maldición y no bendición» (Gn 27.12). Una forma concreta de presentar una bendición era mediante un regalo. Por ejemplo: «Acepta, te ruego, el regalo que te he traído, pues Dios me ha favorecido y todo lo que hay aquí es mío. E insistió hasta que Esaú lo tomó» (Gn 33.11 RV-95). La «bendición» dirigida a Dios es una expresión de alabanza y gratitud, como en el caso siguiente: «Levantaos, bendecid a Jehová vuestro Dios desde la eternidad hasta la eternidad; y bendígase el nombre tuyo, glorioso y alto sobre toda bendición y alabanza» (Neh 9.5).
La bendición del Señor descansa sobre quienes le son fieles: «La bendición, si oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, que yo os prescribo hoy» (Dt 11.27). Su bendición trae justicia (Sal 24.5), vida (Sal 133.3), prosperidad (2 S 7.29) y salvación (Sal 3.8). La «bendición» es como lluvia o rocío: «Y daré bendición a ellas y a los alrededores de mi collado, y haré descender la lluvia en su tiempo; lluvias de bendición serán» (Ez 34.26; cf. Sal 84.6). El Señor envía su «bendición» en la comunión de los santos: «Como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion; porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna» (Sal 133.3).
En contados casos se dice que el Señor hizo que personas fuesen de «bendición» a otros. Abraham es bendición a las naciones (Gn 12.2). Se espera que sus descendientes sean de bendición a las naciones (Is 19.24; Zac 8.13).
La Septuaginta traduce berakah como eulogia («alabanza; bendición»). Varias versiones modernas lo traducen como «bendición o regalo».

BESTIA
behema (בְּהֵמָה, 929) «bestia; animal; animal doméstico; ganado; corcel; animal salvaje». El vocablo tiene un cognado en arábigo. En todos los períodos del hebreo bíblico encontramos behema unas 185 veces. En Éx 9.25 el término abarca hasta los «animales» más grandes, pues son todos los animales de Egipto: «Y aquel granizo hirió en toda la tierra de Egipto todo lo que estaba en el campo, así hombres como bestias». Este mismo significado se resalta también en Gn 6.7: «Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo». En 1 R 4.33 el vocablo behema pareciera excluir a las aves, los peces y los reptiles: «Asimismo [Salomón] disertó sobre los animales, sobre las aves, sobre los reptiles y sobre los peces».
El término puede referirse a todos los animales domésticos y animales exceptuando a los seres humanos: «Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie» (Gn 1.24: primer caso). Salmo 8.7 usa behema como paralelismo sinónimo a «bueyes» y «ovejas», como si ambos fuesen incluidos: «Ovejas y bueyes, todo ello, y asimismo las bestias del campo». Sin embargo, el vocablo puede referirse únicamente a ganado: «Su ganado, sus bienes y todas sus bestias serán nuestros» (Gn 34.23).
Una acepción poco usual es cuando significa «cabalgadura» tal como un caballo o una mula: «Me levanté de noche, yo y unos pocos varones conmigo, y no declaré a hombre alguno lo que Dios había puesto en mi corazón que hiciese en Jerusalén; ni había cabalgadura conmigo, excepto la única en que yo cabalgaba» (Neh 2.12).
Poquísimas veces behema representa cualquier animal salvaje de cuatro patas o sin domesticar: «Y todos sus cadáveres servirán de comida a toda ave del cielo y fiera de la tierra, y no habrá quien las espante» (Dt 28.26).

BIEN, HACER
A. Verbo
yatab (יָטַב, 3190), «ser bueno, hacerlo bien, estar contento, agradar, hacer bien». El vocablo está en varias lenguas semíticas y es muy común en hebreo, tanto antiguo como moderno. Yatab se encuentra aproximadamente 100 veces en el hebreo bíblico. Encontramos este verbo dos veces en el mismo versículo, en la historia de Caín y Abel: «Si haces lo bueno, ¿no serás enaltecido?; pero si no haces lo bueno, el pecado está a la puerta [«acechando» RV-95] y te seducirá» (Gn 4.7 RVA: primera mención).
Otros matices del verbo son: «favorecer» (Éx 1.20 RV-95), «tocar bien» [un instrumento] (1 S 16.17), «adornar, embellecer» (2 R 9.30 LBA, BJ) e «indagar bien» (Dt 17.4).
B. Adjetivo
tôb (טוֹב, 2896), «bueno». Esta palabra aparece unas 500 veces en el Antiguo Testamento. El primer caso es en Gn 1.4: «Y vio Dios que la luz era buena». Dios evalúa la obra de creación de cada día como «buena», culminando con un «bueno en gran manera» (Gn 1.31).
Tôb es un término positivo capaz de expresar varios matices de lo «bueno»: un corazón «alegre» (Jue 18.20), palabras «agradables» (Gn 34.18 BJ, BNC) y un rostro «alegre» (Pr 15.13).

BIENAVENTURADO
˒ashrê (אַשְׁרֵי, 835), «bienaventurado, feliz». De las 44 veces que aparece este nombre, 40 están en pasajes poéticos: 26 veces en los Salmos y 8 en Proverbios.
El término comunica básicamente la «prosperidad» o «felicidad» que experimentan los que son favorecidos (bendecidos) por alguien superior. En la mayoría de los pasajes, quien otorga el favor es Dios mismo: «Bienaventurado tú, oh Israel. ¿Quién como tú, pueblo salvo por Jehová» (Dt 33.29). La persona bienaventurada no siempre goza de una situación «feliz»: «He aquí bienaventurado [feliz] es el hombre a quien Dios castiga; por tanto, no menospreciéis la corrección del Todopoderoso, porque Él es quien hace la llaga, y Él la vendará» (Job 5.17–18). Elifaz no quiso decir que la condición de Job era, en sí, «feliz»; sino que Dios estaba preocupado por él, por tanto era «bienaventurado». Su situación era «feliz» porque el resultado sería bueno. Job, por tanto, debería reírse de su adversidad (Job 5.22).
A juzgar por las palabras lisonjeras de la reina de Sabá a Salomón (1 R 10.8), no siempre es Dios el causante de la «buenaventura».
Ser «bienaventurado» ante Dios puede que no siempre tenga relación con las situaciones sociales o personales que hoy en día consideramos necesarias para alcanzar la «felicidad». Si bien «bienaventurado» es la traducción correcta de ˒ashrê, hoy no se puede decir lo mismo de «feliz», que no tiene el mismo peso para los lectores modernos de la Biblia.

BOCA
peh (פֶּה, 6310), «boca; orilla; filo; abertura; entrada; collar; palabra; orden; mandamiento; evidencia». Este vocablo tiene cognados en ugarítico, acádico, arábigo, arameo y amorita. En el hebreo bíblico aparece unas 500 veces durante todos los períodos.
En primer lugar, el término significa «boca», a menudo la «boca» humana: «Y él hablará por ti al pueblo: él te será a ti en lugar de boca» (Éx 4.16). En pasajes como Nm 22.28 el vocablo se refiere a la «boca» de un animal: «Entonces Jehová abrió la boca al asna, la cual dijo a Balaam». Cuando se menciona la boca de un ave, se tiene en mente el pico: «Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde; y he aquí que traía una hoja de olivo en el pico» (Gn 8.11). La misma palabra puede servir de metáfora. En Gn 4.11 (la primera cita), «la boca de la tierra», alude a la tierra que traga un líquido que se derrama: «Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano». Un caso semejante aparece en Sal 141.7: «Son esparcidos nuestros huesos a la boca del Seol». En este caso, Seol se concebiría como una fosa que personificadamente abre su «boca» para consumir a los que mueren.
Segundo, el término puede usarse de manera impersonal, o sentido no personificado, como una «abertura»: «Vio un pozo en el campo; y he aquí tres rebaños de ovejas que yacían cerca de él, porque de aquel pozo abrevaban los ganados … y había una gran piedra sobre la boca del pozo» (Gn 29.2). En Is 19.7 la misma palabra representa la «orilla» de un río: «Las praderas junto al río, junto a las riberas del río, y toda sementera del río se secarán, se perderán y no serán más» (RV-95. Génesis 42.27 usa peh para referirse a un orificio, o sea, el espacio entre los bordes de un costal: «Vio su dinero que estaba en la boca de su costal». Un caso similar aparece en Jos 10.18, donde el vocablo se refiere a la «boca» o «abertura» de una cueva. No solo peh significa una abertura que se cierra de todos lados, sino también una puerta de ciudad que se abre desde arriba: «Junto a las puertas, a la entrada de la ciudad» (Pr 8.3 RV-95). Éxodo 28.32 se vale de este término para significar la «abertura» en una túnica con cuello tejido: «En su centro, por arriba, habrá una abertura, alrededor de la cual tendrá un borde de obra tejida, como el cuello de un coselete, para que no se rompa» (RV-95). Job 30.18 usa el vocablo para referirse solamente al «cuello»: «La violencia deforma mi vestidura; me ciñe como el cuello de mi túnica» (cf. Sal 133.2).
En varios pasajes peh significa filo de espada, tal vez porque con ello se consume y/o muerde: «Y a Hamor y a Siquem su hijo los mataron a filo de espada» (Gn 34.26).
Varias expresiones idiomáticas dignas de mención incorporan a peh. En Jos 9.2 «concertar» o «de común acuerdo» es literalmente «con una sola boca»: «Se concertaron para pelear contra Josué e Israel». En Nm 12.8 «cara a cara», la frase que traduce el hebreo «boca a boca», describe la insólita comunicación divina. Una construcción semejante aparece en Jer 32.4 (cf. 34.3, que tiene la misma fuerza): «Y Sedequías rey de Judá no escapará de la mano de los caldeos, sino que de cierto será entregado en mano del rey de Babilonia, y hablará con él boca a boca, y sus ojos verán sus ojos». La frase «de boca en boca» o «boca a boca» puede significar «de punta a punta»: «Y entraron en el templo de Baal, el cual se llenó de extremo a extremo» (2 R 10.21 RVA). La frase «a boca llena» hace hincapié en el consumo egoísta: «Del oriente los sirios, y los filisteos del poniente; y a boca llena devorarán a Israel» (Is 9.12). «Taparse la boca con la mano» es un gesto de silencio (Job 29.9). «Preguntar a la boca de alguien» es indagarle personalmente: «Vamos a llamar a la muchacha y a preguntarle su opinión [preguntar a su boca]» (Gn 24.57 NBE).
Este vocablo también puede representar «palabra» u «orden»: «Tú estarás sobre mi casa, y por tu palabra se gobernará todo mi pueblo» (Gn 41.40). «Por dicho [boca] de testigos» significa «testimonio»: «Cualquiera que diere muerte a alguno, por dicho [boca] de testigos morirá el homicida» (Nm 35.30). En Jer 36.4, «de boca de» significa «dictar»: «Y escribió Baruc de boca de Jeremías, en un rollo de libro, todas las palabras que Jehová le había hablado».
Peh, cuando se usa con varias preposiciones, tiene significados particulares. (1) Con ke, significa «según». En Lv 25.52 esta misma construcción se matiza como «conforme a»: «Y si queda poco tiempo hasta el año del jubileo, entonces hará un cálculo con él, y devolverá su rescate conforme [en proporción a] a los años que falten» (RV-95). «Según» aparece también en pasajes como Nm 7.5: «Recíbelos de ellos: serán para el servicio del tabernáculo de reunión. Los darás a los levitas, a cada uno según [RV-95; «conforme a» RVR; «de acuerdo con» RVA] su ministerio». En Éx 16.21, peh, con el sentido de «cuanto», se traduce como «según» en la mayoría de las versiones (RVR, RVA, RV-95, BJ, NBE). Un matiz diferente se encuentra en Job 33.6: «Heme aquí a mí en lugar de Dios, conforme a tu dicho [«como tú» BJ, RVA; «lo mismo que tú» RV-95, NBE; «igual que tú» BLA]». (2) Cuando a la palabra la precede un le, tiene significados bastante parecidos a los anteriores. En Lv 25.51 significa «conforme a». Jeremías 29.10 le da al vocablo el sentido de «según»: «Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años», puede leerse literalmente «según el cumplimiento de los setenta años de Babilonia». (3) En relación con ˓al, el vocablo significa «según» o «en proporción a» (Lv 27.18).
La frase pi senayim (literalmente, «dos bocas») tiene dos acepciones diferentes. En Dt 21.17 quiere decir «doble porción» (dos partes): «Reconocerá al hijo de la mujer aborrecida como primogénito para darle una doble porción de todo lo que tiene» (RVA). La misma frase también puede significar «tres partes»: «Y acontecerá en toda la tierra, dice Jehová, que dos tercios serán exterminados y se perderán, mas el otro tercio quedará en ella» (Zac 13.8 RV-95).

BOTÍN
shalal (שָׁלָל, 7998), «botín; presa; saqueo; despojos; ganancias»). Esta palabra aparece 75 veces durante todos los períodos del hebreo bíblico.
Shalal significa literalmente la «presa» que un animal rastrea, mata y come: «Benjamín es lobo arrebatador; a la mañana comerá la presa [shalal], y a la tarde repartirá los despojos» (Gn 49.27: la primera vez que aparece).
El vocablo significa «botín» o el «despojo de guerra», lo que incluye cualquier cosa y todo lo que un soldado o ejército capturan y toman de un enemigo: «Solamente las mujeres y los niños … todo su botín tomarás para ti» (Dt 20.14). Una nación entera puede ser «botín» o «despojo de guerra» (Jer 50.10). Salvarse la vida «por despojo» significa que se le ha perdonado la vida (cf. Jer 21.9).
En algunos pasajes, shalal tiene la acepción de «despojo» personal: «¡Ay de los que dictan leyes injustas, y prescriben tiranía, para apartar del juicio a los pobres, y para quitar el derecho a los afligidos de mi pueblo; para despojar a las viudas, y robar a los huérfanos!» (Is 10.1–2).
El término puede también representar «ganancia personal»: «El corazón de su marido está en ella confiado, y no carecerá de ganancias» (Pr 31.11).

BRAZO
zerôa˓ (זְרוֹעַ, 2220), «brazo; poder; fuerza; ayuda; socorro». Hay cognados de zerôa˓ en los lenguajes del noroeste y sur semítico. Son 92 los casos de zerôa˓ a través de todos los períodos del hebreo bíblico. Un cognado, ˓ezrôa˓, aparece dos veces (Job 31.22; Jer 32.21). En el arameo bíblico encontramos los términos dra˓ y ˓edra una vez cada uno.
Zerôa` significa «brazo», una extremidad del cuerpo: «Dijo acerca de Gad: ¡Bendito el que hizo ensanchar a Gad! Como león habita, y arrebata el brazo y aun la coronilla» (Dt 33.20 RVA). En Gn 49.24 (primera mención), el vocablo se refiere a brazos: «Mas su arco se mantuvo poderoso, y los brazos de sus manos se fortalecieron». La fuerza de sus brazos le permitió tensar el arco. En algunos pasajes, zerôa˓ se refiere específicamente al antebrazo: «Será como cuando el segador recoge la mies y con su brazo siega las espigas» (Is 17.5). En otros casos, el vocablo representa el hombro: «Pero Jehú tensó su arco e hirió a Joram por la espalda» (2 R 9.24 RV-95).
Zerôa˓ connota el «origen de la fuerza»: «Quien adiestra mis manos para la batalla, para entesar con mis brazos el arco de bronce» (Sal 18.34). En Job 26.2, los pobres que no tienen poder son como brazos sin fuerza.
La fuerza de Dios se describe metafóricamente mediante antropomorfismos (atribución de partes del cuerpo humano), tales como «brazo extendido» (Dt 4.34) o «brazo fuerte» (Jer 21.5). En Is 30.30, el término pareciera representar relámpagos: «Y el Eterno hará oír su majestuosa voz, mostrará el descenso de su brazo, con ira encendida y llama de fuego consumidor; con torbellino, tempestad y granizo» (NRV; cf. Job 40.9).
Con frecuencia, el brazo es símbolo de fuerza, tanto del hombre (1 S 2.31) como de Dios: «Aun en la vejez y en las canas, no me desampares, oh Dios, hasta que proclame a la posteridad las proezas de tu brazo [«tu poder» RV-95, NRV], tu poderío a todos los que han de venir» (Sal 71.18 RVA). En Ez 22.6 zerôa˓ puede traducirse «poder»: «He aquí que los príncipes de Israel, cada uno según su poder, se esfuerzan en derramar sangre». «Ayuda» («socorro») es un tercer matiz: «También el asirio se ha juntado con ellos; sirven de brazo a los hijos de Lot» (Sal 83.8).
El término puede también representar fuerzas políticas o militares: «Y las fuerzas del sur no podrán sostenerse, ni sus tropas escogidas, porque no habrá fuerzas para resistir» (Dn 11.15; cf. Ez 17.9).
En Nm 6.19 zerôa˓ es el muslo o espaldilla de un animal: «Después tomará el sacerdote la espaldilla del carnero cocido» (cf. Dt 18.3).

BUENO
A. Adjetivo
tôb (טוֹב , 2896), «bueno; favorable; festivo; agradable; encantador; bien; bueno; mejor; correcto». El término se encuentra en acádico, arameo, arábigo, ugarítico y en sudarábigo antiguo. Aparece en todos los períodos del hebreo bíblico unas 559 veces.
El adjetivo denota «bueno» en todo el sentido de la palabra. Por ejemplo, tôb se usa con el significado de «agradable» o «encantador»: «Vio que el lugar de descanso era bueno y que la tierra era placentera, e inclinó sus hombros para cargar» (Gn 49.15 RVA). Una extensión de esta acepción se puede ver en Gn 40.16: «Viendo el jefe de los panaderos que había interpretado para bien (cf. NRV, BJ; «favorable» RVA, BLA; «bien» NBE), dijo a José». En 1 S 25.8, se enfatiza el matiz de «deleite» o «festivo»: «Por tanto, hallen gracia ante tus ojos estos mis jóvenes, porque venimos en un día de fiesta» (RVA, BJ, BLA; «buen día» RV-95, NRV; «día de alegría» NBE). A Dios se le describe como «bueno», es decir, alguien que da «deleite» y «placer»: «Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; he puesto en Jehová el Señor mi esperanza, para contar todas tus obras» (Sal 73.28).
En 1 S 29.6, el término describe la conducta humana: «Vive Jehová, que tú has sido recto, y que me ha parecido bien tu salida y tu entrada en el campamento conmigo». Tôb puede referirse a la belleza natural, como en 2 R 2.19: «He aquí, el lugar de esta ciudad es bueno, como lo ve mi señor; pero las aguas son malas, y la tierra es estéril» (RVA). Segundo de Crónicas 12.12 se vale de un matiz similar cuando aplica el vocablo para describir las condiciones en Judá bajo el rey Roboam después que este se humillara delante de Dios: «Las cosas fueron bien».
Tôb a menudo sirve de calificativo de un objeto o actividad común, pero desprovisto de matices éticos. En 1 S 19.4, tôb describe las palabras de Jonatán en favor de David: «Y Jonatán habló bien de David a Saúl su padre, y le dijo: No peque el rey contra de su siervo David, porque ninguna cosa ha cometido contra ti, y porque sus obras han sido muy buenas para contigo». En 1 S 25.15 se dice que un pueblo es «amistoso» o «útil»: «Y aquellos hombres han sido muy buenos con nosotros, y nunca nos trataron mal, ni nos faltó nada en todo el tiempo en que anduvimos con ellos, cuando estábamos en el campo». A menudo, el término tiene un énfasis aun más fuerte, como en 1 R 12.7, donde «las buenas palabras», además de amistosas, hacen que la vida de los siervos sea más llevadera. La «buena palabra» de Dios promete vida en medio de la opresión e inseguridad: «Ninguna palabra de todas sus promesas que expresó por Moisés su siervo, ha faltado» (1 R 8.56). A menudo tôb describe alguna declaración como importante para salvación y prosperidad (real o imaginaria): «¿No es esto lo que hablamos en Egipto, diciendo: Déjanos servir a los egipcios? Porque mejor nos fuera servir a los egipcios, que morir nosotros en el desierto» (Éx 14.12). Dios juzgó que la situación del hombre sin una esposa o «ayuda idónea» no era «buena» (Gn 2.18). En otro pasaje, tôb es una evaluación del bienestar de alguna persona, situación o cosa: «Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas» (Gn 1.4: primera vez que se usa).
Con tôb se describe también la tierra y la agricultura: «Y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena [fértil] y ancha, a tierra que fluye leche y miel» (Éx 3.8). Lo anterior indica el potencial que tiene aquella tierra para sostener la vida (Dt 11.17). Con la expresión «tierra buena» se está comentando su productividad, tanto presente como futura. En contextos como este, la tierra se considera un aspecto de las bendiciones de salvación que Dios promete; fue por esto que Dios no permitió que Moisés cruzara el Jordán a la tierra que su pueblo heredaría (Dt 3.26–28). También quedan incluidos en este aspecto de la «buena tierra» matices de su productividad y de su «encanto»: «Asimismo tomará lo mejor de vuestras tierras, de vuestras viñas y de vuestros olivares» (1 S 8.14).
Tôb sirve para describir a hombres y a mujeres. En ciertas ocasiones se refiere a un «cuerpo élite» de personas: «Tomará vuestros siervos y vuestras siervas, vuestros mejores jóvenes, y vuestros asnos» (1 S 8.16). En 2 S 18.27, se describe a Ahimaas como «hombre de bien» cuando llega con «buenas» nuevas. En 1 S 15.28 el término implica matices éticos: «Jehová ha rasgado hoy de ti el reino de Israel, y lo ha dado a un prójimo tuyo mejor que tú» (cf. 1 R 2.32). tôb describe la apariencia física en otros pasajes: «La joven era muy hermosa [literalmente, «de buena apariencia»; «de muy buen ver» BJ]» (Gn 24.16). Cuando el vocablo se refiere al corazón de las personas, describe «bienestar» en lugar de estado moral. Por lo que la idea paralela es «alegre y gozoso»: «Se fueron a sus moradas alegres y gozosos de corazón, por todos los beneficios que Jehová había hecho a David» (1 R 8.66). Morir «en buena vejez» es un calificativo temporal (edad avanzada) antes que una evaluación moral; indica un tiempo cuando, gracias a las bendiciones divinas, morimos satisfechos (Gn 15.15).
Tôb indica que una palabra, circunstancia o hecho dado contribuyen en forma positiva a la condición de una situación. A menudo este juicio no significa que aquello sea en realidad «bueno»; es apenas una evaluación: «Viendo el jefe de los panaderos que había interpretado para bien» (Gn 40.16). El criterio puede ser moral: «No es bueno lo que hacéis. ¿No andaréis en el temor de nuestro Dios, para no ser oprobio de las naciones … ?» (Neh 5.9). El término puede también representar «estar de acuerdo» o «concordancia»: «De Jehová ha salido esto; no podemos hablarte malo ni bueno» (Gn 24.50).
A veces, tôb se usa conjuntamente con ra˓ah («malo»; «perverso») con la intención de resaltar un contraste: «Cómo es la tierra habitada, si es buena o mala» (Nm 13.19). En este caso, la evaluación serviría para determinar si la tierra es capaz de mantener al pueblo. En otros contextos puede referirse a «cualquier cosa entre lo bueno [favorable] y lo malo [hostil]», que es una forma de decir que «no es nada en absoluto».
En Gn 2.9, el contraste entre tôb y la maldad implica matices éticos: «También el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal». La degustación del fruto de este árbol revelaría la diferencia entre lo moralmente malo y lo «bueno». La cita también sugiere que, al comer de esta fruta, la primera pareja intentó determinar para sí mismos el «bien» y el mal.
B. Verbos
yatab (יָטַב, 3190), «ir bien», agradar, estar encantado, ser feliz». Este verbo aparece 117 veces en el Antiguo Testamento. El significado del término, tal como lo expresa Neh 2.6, es «agradar».
tôb (טוֹב, 2895), «estar alegre, contento; agradar; ser apropiado, atractivo, bueno, precioso». Tôb, que tiene cognados en acádico y en arábigo, aparece 21 veces en el Antiguo Testamento. Job 13.9 nos ofrece un ejemplo de su significado: «¿Sería bueno que él os escudriñase?»

BUSCAR
A. Verbos
baqash (בָּקַשׁ, 1245), «buscar, procurar, consultar». Este verbo aparece en ugarítico, fenicio y hebreo (tanto bíblico como posbíblico). Se encuentra en la Biblia unas 220 veces y en todos los períodos.
Fundamentalmente baqash significa «buscar» con el fin de hallar algo que está perdido o que falta, o al menos cuya ubicación se desconoce. En Gn 37.15 un hombre le pregunta a José: «¿Qué buscas?» Un matiz particular de esta acepción es «buscar dentro de un grupo; escoger, seleccionar» a algo o a alguien aún no identificado, como en el caso de 1 S 13.14: «Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón». Buscar el rostro o cara de alguien es «procurar» entrar en su presencia o tener una audiencia favorable con él; todo el mundo «procuraba ver» la cara de Salomón (1 R 10.24 NRV). En un sentido similar uno puede «consultar» el rostro de Dios orando en la presencia de Dios en el templo (2 S 21.1).
El sentido de «procurar para asegurase» enfatiza la búsqueda de un deseo o el logro de un plan. Moisés preguntó a los levitas que se habían rebelado en contra de la posición privilegiada de Aarón y sus hijos: «¿Procuráis también el sacerdocio?» (Nm 16.10). Esto puede tener un matiz emotivo (antes que informativo), tal como, «aspirar o dedicarse a» y «estar preocupado por». Dios pregunta a los hijos de los hombres (seres humanos): «¿Hasta cuándo volveréis mi honra en infamia, amaréis la vanidad, y buscaréis la mentira?» (Sal 4.2). En un contexto cultual se puede «procurar» o «asegurarse» del favor o ayuda de Dios: «Y se reunieron los de Judá para pedir socorro a Jehová» (2 Cr 20.4). En estos casos, el elemento intelectual no es, por lo general, de interés primordial; no es información lo que se busca. Hay una excepción en Jue 6.29: «Y buscando [baqash] e inquiriendo [darash], les dijeron: Gedeón hijo de Joás lo ha hecho». En contadas ocasiones el verbo se usa con el sentido de buscar información de Dios (Éx 33.7). Con un sentido parecido se puede «buscar» el rostro de Dios (2 S 21.1). En este caso baqash claramente connota procurar información (una búsqueda cognitiva). Véase también la búsqueda de sabiduría (Pr 2.4).
La connotación de «buscar seguridad» puede referirse a la búsqueda de la vida (nepesh). Dios dijo a Moisés: «Vé y vuélvete a Egipto, porque han muerto todos los que procuraban tu muerte» (Éx 4.19).
Baqash puede usarse con este mismo matiz, pero sin nepesh (como cuando Faraón «procuró matar a Moisés» [Éx 2.15]). Solo hay dos casos en que este matiz del vocablo se refiere a procurar el bien, como, por ejemplo, en Sal 122.9: «Por amor a la casa de Jehová nuestro Dios buscaré tu bien» (en general se usa darash cuando se trata de procurar el bien propio).
Unas 20 veces baqash tiene la acepción de responsabilizar a alguien por algo sobre lo cual el sujeto tiene un derecho legal (real o imaginario). En Gn 31.39 (el primer caso del verbo en la Biblia) Jacob se defiende con Labán: «A mí me lo cobrabas», refiriéndose a animales destrozados por fieras.
Muy pocas veces baqash se refiere a buscar o trasladarse hacia algún lugar. José «buscó dónde llorar; y entró en su cámara, y lloró allí» (Gn 43.30).
El verbo puede usarse teológicamente, no solo en el sentido de procurar un espacio delante del Señor (o sea, estar delante de Él en el templo buscando su bendición), pero también puede referirse a una actitud: «Pero cuando desde allí busques a Jehovah tu Dios, lo hallarás, si lo buscas de todo tu corazón y con toda tu alma» (Dt 4.29 RVA). En casos como este donde el verbo se usa en un paralelismo sinónimo con darash, ambos verbos tienen el mismo significado.
darash (דָּרַשׁ, 1875), «buscar, indagar, consultar, preguntar, requerir, frecuentar». Este verbo es un término semítico común que se encuentra en ugarítico y siríaco, y también en el hebreo de varios períodos. En hebreo moderno se usa comúnmente en los verbos, «interpretar» y «exponer», y también en los derivados de los nombres «sermón» y «predicador». Darash aparece más de 160 veces en el Antiguo Testamento, comenzando con Gn 9.5: «Porque ciertamente demandaré la sangre de vuestras vidas». A menudo tiene la connotación de venganza por ofender a Dios o por derramamiento de sangre (véase Ez 33.6).
Un uso bastante frecuente del término es en la expresión «consultar a Dios», que a veces indica una búsqueda en oración privada de la dirección divina (Gn 25.22); a menudo se involucra un profeta como instrumento de la revelación divina (1 S 9.9; 1 R 22.8). En otras ocasiones la expresión se usa en relación con el Urim y el Tumim cuando el sumo sacerdote procuraba descubrir la voluntad de Dios lanzando las piedras sagradas (Nm 27.21). Exactamente lo que esto involucraba no está claro, pero suponemos que las respuestas serían «sí» o «no» según cayeran las piedras. Los pueblos paganos y aun israelitas apóstatas «indagaban» de dioses paganos. Por lo que el rey Ocozías instruyó a sus mensajeros: «Id y consultad a Baal-zebub dios de Ecrón, si he de sanar de esta enfermedad» (2 R 1.2). En flagrante violación de la Ley Mosaica (Dt 18.10–11), Saúl acudió a la adivina de Endor para «consultar» (RVA) con ella, lo cual en este caso implicaba convocar al difunto profeta Samuel (1 S 28.3ss). Saúl procuró a la adivina de Endor como último recurso, diciendo: «Buscadme una mujer que tenga espíritu de adivinación, para que yo vaya a ella y por medio de ella pregunte» (1 S 28.7; «consulte» RVA).
Con frecuencia, el vocablo se usa para describir la «búsqueda» del Señor en el sentido de establecer con Él una relación de pacto. A menudo los profetas se valieron de darash mientras convocaban al pueblo a dar un giro completo en sus vidas, diciendo: «Buscad a Jehová mientras puede ser hallado» (Is 55.6).
B. Nombre
Midrash puede significar «estudio; comentario; historia». El vocablo aparece unas pocas veces en el hebreo bíblico tardío (2 Cr 13.22); se usa corrientemente en el judaísmo posbíblico para referirse a los diversos comentarios tradicionales por los sabios judíos. Un ejemplo de cómo el término se encuentra está en 2 Cr 24.27: «En cuanto a los hijos de Joás, y la multiplicación que hizo de las rentas … he aquí está escrito en la historia [comentario] del libro de los reyes».

Benito Var
04/10/2007, 01:25
que significa selah

VIDENTE007
09/10/2007, 20:53
5542. סֶלָה Séla; de 5541; suspensión (de música), i.e. pausa:—Selah.

analitico
14/08/2008, 21:25
muy buen recurso, atte analitico

jaimeccr
12/11/2008, 23:29
gracias hermanos por el mensaje

calmuna
23/11/2008, 19:41
gracias por el gran aporte.

tonnyweb
17/03/2009, 06:30
hum muy interesante

H CASTRO
20/05/2009, 02:18
Muchas gracias hno