silver_maestro
26/01/2007, 01:56
Ayer aprendimos el porqué la oración es un privilegio maravilloso de los creyentes. Hoy estudiaremos el poder al que nos conectamos cuando oramos. Un Dios omnipotente, para quien nada es imposible, escucha nuestras peticiones. Tenemos acceso a la fuerza más grande del universo cuando entramos a la presencia del Padre celestial. En Su poder está el darnos cualquier cosa que pidamos, aunque Él no siempre hace eso. El Señor responde "no" a algunas de nuestras oraciones porque Él ve las consecuencias negativas de nuestros deseos equivocados. El Señor nos dará todo lo que le pidamos si Él reconoce, en Su sabiduría y amor perfectos, que es bueno para nosotros.
En la palabra, el Señor hace una comparación entre los padres terrenales y el Padre celestial. Si un padre humano, que es imperfecto y limitado, puede dar cosas buenas a sus hijos, entonces es lógico que el Padre celestial, que es todopoderoso y omnisciente, dará regalos maravillosos a Sus hijos. Es una experiencia maravillosa recibir lo que pidamos, de un Dios santo, omnipotente y amoroso.
Lo que sorprende a muchos creyentes es que el propósito de Dios con la oración no es dar regalos extravagantes. El propósito del Padre es desarrollar intimidad entre Él y Sus hijos para poder conformarnos a Su imagen. Cuando nuestra atención está centrada en el Padre y anhelamos estar en Su presencia, Él transforma nuestros corazones. El mayor beneficio de la oración no es recibir algo, sino que podemos relacionarnos con el Único que suple todas nuestras necesidades.
Bendiciones !
Ministerios En Contacto
Dr. Charles Stanley
En la palabra, el Señor hace una comparación entre los padres terrenales y el Padre celestial. Si un padre humano, que es imperfecto y limitado, puede dar cosas buenas a sus hijos, entonces es lógico que el Padre celestial, que es todopoderoso y omnisciente, dará regalos maravillosos a Sus hijos. Es una experiencia maravillosa recibir lo que pidamos, de un Dios santo, omnipotente y amoroso.
Lo que sorprende a muchos creyentes es que el propósito de Dios con la oración no es dar regalos extravagantes. El propósito del Padre es desarrollar intimidad entre Él y Sus hijos para poder conformarnos a Su imagen. Cuando nuestra atención está centrada en el Padre y anhelamos estar en Su presencia, Él transforma nuestros corazones. El mayor beneficio de la oración no es recibir algo, sino que podemos relacionarnos con el Único que suple todas nuestras necesidades.
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