El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. 1 Corintios 15:47

Así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. 1 Corintios 15:22


Los dos jefes de raza

En la Biblia Dios presenta dos y únicamente dos grandes cabezas de familia. Después de haber desobedecido, el primer hombre, Adán, fue descalificado y pasó a ser cabeza de una raza de pecadores. El segundo hombre, Jesucristo, perfectamente obediente, se convirtió en la cabeza de una nueva raza después de su muerte en la cruz y su resurrección.

Por lo tanto esos dos hombres son las cabezas de dos familias distintas: “Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales” (1 Corintios 15:48). La raza sigue, pues, la misma trayectoria de su cabeza: “Así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados”. Durante su vida terrenal, cada hombre descendiente de Adán está invitado a entrar en la descendencia de Cristo. “El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Juan 5:12).

El que no cree sigue en la trayectoria trágica de la raza de Adán, y “la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36). El que cree y recibe a Jesús como Salvador personal pasa a ser un hijo de Dios (Juan 1:12).

¿A qué familia pertenece usted? No corra el riesgo de que en el día del juicio se le diga: No quisisteis venir a mí para tener vida (Juan 5:40). Hoy Jesús le invita y le asegura: “El que cree en mí, tiene vida eterna” (Juan 6:47).


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