Estamos en adviento. Tened esperanza El desierto florecerá. Tiempo de expectación, de espera del Mesias: el desierto se alegrará y el yermo florecerá como la rosa. Las expectativas se han de cumplir. Dios cumple siempre sus promesas. El rosal lejano, al fin acabará dando la rosa esperada.


En medio de los avatares de la vida, no nos paramos a contemplar el cumplimiento de las profecias.
El tiempo de Adviento nos confirma en la esperanza de un Dios que viene
Es por eso que se pueden encontrar escritos proféticos como éste:"Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa." Al fin y al cabo la esperanza de éstos profetas estaba puesta en la llegada del Mesias, ese sería el momento en el que la rosa floreceria, como dice el himno de adviento: "Aquel rosal lejano, al fin la rosa dió...venid a ver, venid, la flor del soberano linaje de David"

Y es que, quizás, la vida no se puede soportar sin tener la mirada puesta en una luz de esperanza. Este tiempo de adviento nos afirma en ésta esperanza. El largo túnel de la vida, lleno de asperezas y espinas, no se podría recorrer si al final, la esperanza no nos mostrara una luz brillante. Por eso es que pueden decir los profetas:"El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierras d sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos". Pues bien, la luz se acerca...es tiempo de adviento.

En el pueblo de Dios siempre debe brillar la luz de la esperanza. Nada hay imposible para Dios. La justicia triunfará y su fruto será la paz. Paz en medio de un mundo lleno de violencia porque reina la injusticia, pero todo tiene su tiempo.

Por eso no debemos caer en la amargura, pero tampoco en la pasividad. La flor se acerca. Mientras, esparzamos nosotros nuestro perfume, el Señor nos da consuelo:"Consolaos, consolaos, pueblo mio, dice nuestro Dios", pero lo lógico es que nosotros también consolemos y seamos la mano tendida que esparce algo del perfume que tendrá la rosa cuando se abra, un perfume que rehabilita, que integra, que libera, que salva. Llegará el Nacimiento, la Navidad...simbolos de ese perfume

Juan Simarro


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