LOS APOSTOLES, PROFETAS, EVANGELISTAS, PASTORES Y MAESTROS
Efesios 4:11 habla de un grupo de personas que son dadas al Cuerpo; son dones que Dios dio a la iglesia, los cuales suministran a Cristo para la edificación del Cuerpo. Necesitamos prestar atención especial a este grupo de miembros.
Los apóstoles son el primer don que Dios designó en el Cuerpo de Cristo. Dios los envía para que sean representantes de la autoridad de la Cabeza y para ejecutar la voluntad de Dios en la tierra. Por lo tanto, en una iglesia que tenga el debido testimonio del Cuerpo, todos los creyentes deben someterse a la autoridad delegada. En el Antiguo Testamento Moisés no discutió con Coré cuando éste y su séquito rechazaron la autoridad de él como profeta de Dios. En lugar de eso, remitió el asunto a Dios, quien puso en claro que tocar al ungido del Señor era lo mismo que tocar al Señor mismo, y que rechazar la autoridad de Su profeta, equivalía a rechazar Su propia autoridad. El resultado de rechazar tal autoridad fue la muerte de los ofensores. Dios requiere que nos sometamos, no sólo a la autoridad directa del Señor, sino también a la autoridad de quienes representan Su autoridad en el Cuerpo. Cuando la Cabeza le ordena al brazo que se mueva, el dedo meñique tiene que moverse con todo el brazo. El brazo es un ejemplo de la autoridad delegada de Dios. Debemos mantener nuestra posición en el Cuerpo, sujetos a la autoridad de Cristo como Cabeza, y a la autoridad de los miembros del Cuerpo a quienes Dios mismo, en Su providencia, ha dado Su autoridad. Es mucho más fácil inclinarnos ante la autoridad directa de Dios que ante la autoridad de Sus representantes en el Cuerpo. Inclinarnos a la autoridad de Su representante requiere mansedumbre y humildad. No podemos pasar por alto el orden de Dios sin recibir castigo, como vemos en la carta de Pablo a los corintios (1 Co. 11:29-30). Ningún pensamiento o acción individual tiene cabida en el Cuerpo de Cristo. El Cuerpo se mueve bajo la dirección de la Cabeza. Desobedecer la ley del Cuerpo produce debilidad y muerte.
Los profetas no sólo predicen eventos futuros, sino que también proclaman la intención de Dios. Dios los envía a Su pueblo para dar a conocer Sus pensamientos. El profeta más destacado del Antiguo Testamento no fue Isaías sino Elías, porque casi todas las palabras de Isaías fueron profecías, mientras que Elías principalmente daba a conocer lo que Dios se proponía a hacer. Cuando un profeta recibe una revelación del Señor, da a conocer la intención de Dios a Su pueblo. Un profeta es aquel que conoce y declara la intención de Dios, mientras que una persona que predice, lo único que hace es vaticinar eventos futuros. En el Cuerpo hay un grupo especial de ministros que conocen la intención de Dios y la comunican a Su pueblo. Estos también son autoridades delegadas por la Cabeza.
Los evangelistas dan a conocer las compasiones de Dios en Cristo, mientras que los pastores y maestros dan a conocer las riquezas en Cristo y suministran estas riquezas a otros. Cada uno de estos ministerios es una coyuntura del rico suministro (Ef. 4:16). Ellos reciben la vida de Dios y la comunican a todo el Cuerpo. Muchos cristianos dicen: “Yo estoy en comunión directa con la fuente; yo lo puedo recibir todo de la Cabeza personalmente”. Tener tal actitud es rechazar la autoridad del Señor, quien en Su providencia ha dispuesto que los miembros dependan, no sólo de El, sino también los unos de los otros.
¿Cómo sirven al Cuerpo “las coyunturas del rico suministro”? Primeramente, ellos deben ser personas que han pasado por cierto adiestramiento bajo la mano del Señor y han sido especialmente moldeados por las circunstancias que el Espíritu ha ordenado para ellos; también deben conocer a Cristo por experiencia. Han sido puestos a prueba, han sido instruidos por Cristo y están calificados para transmitir valores espirituales. Además, tienen una historia secreta de tribulaciones, y la cruz ha forjado en ellos aquello que ministran al Cuerpo.
LOS ANCIANOS
Además, en la asamblea local hay miembros que tienen el derecho de ejercer autoridad. No sólo se les ha dado autoridad, sino que tienen autoridad. Estos son los que tienen el oficio de ancianos. Ellos ocupan esta posición no meramente porque hayan sido nombrados ancianos, sino porque en realidad lo son. El Espíritu Santo manifiesta espontáneamente aquellos que son ancianos; lo único que el hombre puede hacer es identificarlos y confirmarlos. En una iglesia espiritual, los miembros más espirituales tienen el oficio de ancianos; mientras que en una iglesia carnal, dicho oficio lo tienen aquellos que tienen las mejores cualidades naturales. Cuando un hombre se casa y tiene un hijo, se convierte en padre. Nadie puede ser nombrado para ejercer el oficio de padre. Un hombre es padre o no lo es; nadie puede hacerlo padre. De la misma manera, nadie puede hacerse anciano. O se es anciano o no se es. Los ancianos tampoco son elegidos por medio de campañas ni elecciones; se manifiestan de un modo espontáneo por la madurez en vida. Ellos deben ser más puros de corazón, buscar las cosas espirituales y el crecimiento en las mismas. Su deber es ayudar a otros a obedecer a la Cabeza. Si una persona es anciano, todo lo que la iglesia debe hacer es reconocerlo y permitirle funcionar como le corresponde.
¡Jesús es el Señor!