Aquí en la ribera, en el margen de este desafío me encuentro, intentando cruzar mi propio Jordán.


15 DE NOVIEMBRE DE 2012
Cuando los que llevaban el arca entraron en el Jordán y los pies de los sacerdotes que llevaban el arca se mojaron en la orilla del agua (porque el Jordán se desborda por todas sus riberas todos los días de la cosecha), las aguas que venían de arriba se detuvieron y se elevaron en un montón, a una gran distancia en Adam, la ciudad que está al lado de Saretán; y las que descendían hacia el mar de Arabá, el mar Salado, fueron cortadas completamente. Y el pueblo pasó frente a Jericó . (Josué 3:15-16)

Sé que no es fácil extender los brazos y depositar mi espera en ti.

No resulta sencillo confiar plenamente en tu hombro divino y descansar mientras los enemigos acechan.

Pero, es eso lo que tú me pides. Que camine con fe por un adusto sendero depositando toda mi confianza en ti.

Tengo frente a mí un río caudaloso. Las aguas están a punto de desbordarse y yo temo ser arrastradas por ellas.

Aquí en la ribera, en el margen de este desafío me encuentro, intentando cruzar mi propio Jordán.

Si cierro los ojos y emito una oración estoy segura de que mi voz no quedará flotando inerte en el aire, como siempre, la acogerás y me darás una pronta respuesta.

Estoy aquí ante este río, y tú tienes un plan para conmigo.

Me sobrecoge la idea de verme rebasada por la turbación. Sentir el desconcierto que precede al temor y comenzar a dudar de que tú vas por delante.

Respiro… ¡Dios mío no me abandones!

En cuanto uno de mis pies pise la orilla del río, las aguas serán abiertas.

En el instante preciso que decida dar el primer paso, tú separarás milagrosamente las aguas.

El prodigio surgirá si yo confío en que sea realizado. Si desalojando dudas me posiciono ante las aguas caudalosas y confío plenamente en tu poder.

Tú no vas a intervenir si yo no doy el primer paso.

Tú no vas a hacer nada si yo sigo titubeando, pensando rudamente que no voy a poder.

Si muestro coraje y valor, me enfrentaré al problema con la gallardía suficiente para vencerlo.

Si solamente me atrevo a ir adelante y con valentía me arraigo a tus promesas, todo esto pasará. Huirá de mí como huyen los enemigos ante invencibles adversarios. Desaparecerán dejando una estela de palabra cumplida.

Todos tenemos nuestro propio Jordán. Todos podemos cruzarlo si confiamos en aquel que nos ha dado poder para hacerlo.

Muchas son las veces en las que nos limitamos porque hay voces que nos instan a permanecer inmóviles, inactivos. No podemos obviar que somos lo que Dios dice que somos y podemos hacer todo lo que Él dice que podemos hacer. Nunca subestimes el poder de Dios en tu vida. Somos más que vencedores en su nombre, por lo tanto, podemos hacer proezas.

Autores: Yolanda Tamayo
©Protestante Digital 2012