Buenas noches, este es mi primer tema en este foro. Quisiera contarle toda mi experiencia desde que me convertí en cristiano y quisiera que me dieran su opinión, consejo, palabra de aliento. Realmente me siento desesperado, solo, deprimido y frustrado.

Bueno, soy un joven estudiante universitario, tengo 26 años y soy de Venezuela. En mi vida pasada no tuve vicios como drogas, alcohol ni cigarrillo, pero tampoco era un santo, peleaba mucho con mi mamá, tenía discusiones muy fuertes con ella y le decía cosas muy feas que se que la hirieron, era muy asiduo a la pornografía y la masturbación, realmente lo recuerdo y me siento un depravado completo. A Dios lo tenía muy lejos de mí, tanto así que mi mamá pensaba que yo era ateo o algo parecido, en realidad si creía en Dios pero era muy soberbio en ese aspecto. Mi relación con mi papá no era nada buena, le guardaba mucho rencor, siempre que él me buscaba lo despachaba con insultos y ofensas muy hirientes y con su actual esposa tampoco tenía buena relación.

Siempre los cristianos (de toda denominación) me invitaban a sus congregaciones, pero yo era muy reacio. Sentía que dar el paso era un compromiso aterrador para mí y prefería mi vida simple. Todo era así hasta que cierto día me apareció una mancha negra en una uña del pie izquierdo, al momento no le di importancia pero a los días por curiosidad investigué en Internet la posible causa de esa mancha y una de la respuesta que conseguí fue la palabra cáncer. En ese momento mi mundo se vino abajo, mi vida completa pasó por mi mente en un instante, me imaginé mi futuro postrado en una cama muriendo. Pasé una semana psicológicamente mal, no dormí por 4 días completos, no podía concentrarme en lo más mínimo en la universidad, mi mente estaba completamente consumida por el miedo a morir de cáncer. Así que en mi miedo decidí buscar el afecto de mis seres queridos, y entre ellos mi papá. Mi miedo me impulsó a dejar atrás los rencores contra él y su esposa. Decidí pasar un fin de semana con él, conocí a mis hermanas y todo fue muy bien el ambiente afectivo me llevó a olvidarme un poco de mi miedo pero aún seguía ahí. Esa noche oré a Dios, no recuerdo bien lo que le dije. El domingo fuimos a la iglesia y allí ocurrió todo. Me despedacé y me rendí ante Dios y recuerdo que tan solo dije una frase en mi mente: No puedo con mi propia vida, toma control de ella por favor y guía mis pasos. Con tan solo esa frase sentí que algo salía de mí, desde mi pecho, un dolor, un ahogo algo... Ese domingo salí de la iglesia distinto, ya no sentía miedo, aunque era consciente de que la mancha seguía allí ya no tenía miedo a la muerte. Ese domingo celebramos con un almuerzo y llegué a mi casa eufórico de alegría.

Al día siguiente todo era perfecto, me sentía invencible. Como si estuviera realmente vivo. Me reuní con unos compañeros en la universidad, una de ellos cristiana desde hace 12 años y otro compañero cristiano desde un poco antes que yo. Estuvimos hablando sobre varios temas y los compañeros que estaban allí estaban muy atentos con lo que hablábamos, era como si la presencia del Espíritu Santo estuviese allí.

Todo estaba bien hasta que la compañera mencionó una parte en la Biblia que habla sobre un pecado que no tiene perdón y que quien lo comete es reo de condenación eterna: La blasfemia contra el Espíritu Santo. Al momento de descubrir ese pasaje no sentí nada. Pero al día siguiente cuando uno de los compañeros cristianos me hablaba sobre los hermanos de su congregación cuando los toma el Espíritu Santo (demostrándome los movimientos que hacían), pasó por mi mente un pensamiento de burla y yo sentí pánico de inmediato. Ese día seguíamos charlando pero yo sentía terror dentro de mí. Ese día lo sentí horrible, como si Dios estaba en todas partes intentando destruirme. En la noche corrí a la PC a buscar algo que me calmara y conseguí una frase consoladora: Quien siente haber cometido el pecado imperdonable, realmente no lo ha cometido Eso me tranqulizó, pero empezaron a llegar más pensamientos contra Dios. Eso desató días de ansiedad y fobia hacia Dios. Le tenía terror a Dios porque con mis pensamientos sentía que estaba pecando y al ser constantes los pensamientos blasfemos "pecaba una y otra vez" contra Dios alejándome de Él. Todo prosiguió en días de ansiedad, pánico, angustia, pensamientos de toda clase contra Dios (burlas, desafíos, incluso pensamientos irreverentes como: Por qué te tienes que arrodillar ante Dios cosas como salidas del mismo enemigo). Hasta que un día realizando labores en mi casa, tuve un pequeño accidente y exclamé: ¡Bendito sea Dios! por alguna razón en mi mente sentía que había blasfemado contra Dios y eso puso a mi mente fuera de control. Intenté calmarme pero mi mente estaba aún inquieta. Esa noche fui a ducharme y entre la lluvia de pensamientos, ansiedades y demás vino una idea a mi mente muy violenta que hasta me causó un ataque de pánico: Tanto que te preocupas de no ofender a Dios y tal vez ni existe. En ese instante sentí como si todas mis creencias respecto a Dios se quebraran como un muro de vidrio. Al día siguiente me tocaba ir a la iglesia pero ya no sentía lo mismo, era como si ya no creyese en Dios. Fui por obligación. Pasaron los días y estaba desesperado por buscar algo que me ayudara a recobrar mi fe. Busqué por internet pero solo encontraba argumentos científicos en contra de Jesús (que solo fue un invento, que fue una leyenda, que era un simple hombre, etc.) y no se por qué todo eso caló en mí. Mi concepto de Jesús se fue distorcionando, sentimientos en contra de Él y ni siquiera se por qué. Fue algo demasiado extraño.

En ese momento de fe moribunda mi mirada se fue enfocando cada vez más en lo mundano, lo carnal y caí nuevamente en las amarguras, las disensiones con mi mamá pero sin groserías (esta vez a causa de las diferencias de creencias) y en el porno y la masturbación.

Estaba tan enfocado en lo carnal que simplemente no podía resistirme a la tentación de masturbarme otra vez. Cuando llegaba el deseo simplemente sucumbía, me entraba un desespero, ansiedad pensamientos como: No lograrás resistir por siempre y terminaba cayendo. En medio de aquellos momentos de inmundicia siempre me venían pensamientos de remordimiento de conciencia que me recordaban a Dios, pero yo simplemente los enfrentaba y continuaba. En esos momentos estaba cegado por el deseo y rechaza a Dios. Cuando se consumaba todo solo quedaba una enorme culpa:Has traicionado a Dios...Lo volviste hacer. Mientras más repetía aquello era como si más me alejaba de Dios (más de lo que ya estaba con mi crisis de fe).

Pero con el paso de los días me invadió un malestar, una necesidad de buscar de Dios y le pedí que me ayudara a vencer ese vicio. Oré y oré por días hasta que un día ya no sentí ese deseo de pecar. Pero ahora mi comunión con Dios está rota. Hace días leí un escrito sobre el daño que le hacemos a Dios cuando pecamos arbitrariamente y sentí dolor. Le pedí perdón por haberlo ofendido, por haberle hecho afrenta a las tiernas advertencias que el Espíritu Santo me hacía.

Quiero recobrar mi comunión con Dios, pero siento que estoy espiritualmente muerto. Me he arrepentido del pecado que cometí y entendí que hice mal. Pero el problema sigue siendo mi mente, los pensamientos ofensivos contra Dios siguen ahí, y también sentimientos de flojera de apatía por adorarle, impulso por evitarlo. Quiero estar cerca de Él, pero mi mente me aparta de Él. Oro todas las noches para que pueda recuperar mi fe en el Señor, para que todas los argumentos diabólicos que se formaron en mi mente desaparezcan. Que yo pueda continuar en los caminos de Dios. Pero nada pasa.

Realmente siento que Dios me abandonó. Que ya no tengo esperanza de nada. Hasta mi madre que no es creyente me dice que estoy amargado y apagado.

Perdonen por tan laaaargo escrito. Pero no tengo con quien hablar de esto sino con Dios... y a veces siento que Él no me responde y su silencio solo alimenta mi tristeza.