En un pesebre por cuna
En un pesebre por cuna
y en un establo por casa,
tan pobre y tan desvalido
como un lirio en la nevada
--malhaya aquel mesonero
que no le diera posada!
Hubo de nacer Jesús
una fría madrugada
cuando Belén ya tenía
todas sus puertas cerradas
y se cuajaba el rocío
en caravanas de escarcha.
¿Qué corazón no se duele
al verle en penuria tanta?
Al cabo de veinte siglos
en el corazón del hombre
aún busca Jesús posada.
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Enseñanzas del Niño de Belén
Cuando pasa la Navidad
y se pierde el año viejo
le pregunto a la vida si acaso
vale la pena vivir ....
y ella vibrante me responde:
¡Sí!
¿Que si vale la pena?
Simplemente mira sin prejuicios
y dime tu respuesta:
¿No has visto como en todo
se refleja el amor?
¿Has visto las flores, los árboles, los frutos,
los pequeños cachorros juguetones,
la maravilla de una hormiga,
la grandiosidad de una célula,
la magnitud del universo,
la inmensidad de los espacios,
y que en todo se percibe
la presencia de Dios?
¿Y no has visto al ser humano?
¿No ves a los niños y a las niñas?
¿No sientes al corazón como palpita
cuando siente el amor?
¿Y no has visto la bondad de las arrugas
de ancianos venerables, tomados de la mano
prometiéndose siempre fidelidad y amor?
¿Y acaso no conoces la fuerza del trabajo,
el ingenio del sabio, la santidad de tantos
que hacen de la vida manantiales perennes
y luz resplandeciente como la luz del sol?
Vale la pena, digo,
porque corro en las venas,
porque en mí aletean los efluvios divinos,
porque somos presencia,
semejanza e imagen
del propio Creador.
Tan linda que es la vida!
tan grande, tan sublime!
tanto que el mismo Dueño
de todo lo creado,
quiso tener su Hijo, divino y humanado,
para sentir por siempre que Dios,
siendo perfecto, eterno e infinito,
buscó y habitó el vientre
de la mujer más bella
y en un establo pobre, el Sol de las Estrellas
nació para los hombres;
creció entre sus hermanos
encalleció sus manos trabajando muy duro;
predicó la palabra, nos regaló el mensaje
de las bienaventuranzas
y en la cruz clavado
nos gritó a los humanos:
Vivir vale la pena! y vale tanto, tanto,
que yo el Hijo del Hombre,
el Dios, el Infinito, la doy por mis hermanos!
Vivir vale la pena! si tu vida es servicio
si amas siempre a todos,
si vives como hermano,
si inclinas la cabeza y oras tiernamente.
Vivir vale la pena! mientras exista un niño
que requiere tu esfuerzo,
que te reclama afecto,
que grita fuertemente y clama al universo:
“Por Dios, miren al frente
supriman ya los odios,
no maltraten al débil,
levanten al caído, alivien al enfermo,
compartan las riquezas,
corrijan al que yerra,
perdonen las injurias
y paguen los impuestos".
El mensaje del niño
el de la calle o el del pesebre de Belén
resuena en las alturas,
resuena en las conciencias
y con el mismo son:
Vivir vale la pena! si cada vez que te duermes
y al despertar del día,
le dices a Dios gracias y le pides perdón!
Vivir vale la pena! si aquí te comprometes
a trabajar por los niños
y por los adolescentes;
a defender su dignidad y su inocencia,
desarrollar sus almas y su inteligencia,
que crezcan en familia, que sepan defenderse
de cualquier enemigo que trate de robarles
la dignidad humana,
la imagen que en sí tienen
del Dios, su Padre bueno y Creador.
Vale la pena! digo y grito a pulmón lleno:
que viva Jesucristo, que vivan los ancianos,
que vivan las mujeres,
los hombres y los niños,
que viva el ser humano,
que exista el universo,
el sol y las galaxias y las aguas,
y las aves y animales
que pueblan el planeta....
pero todo adquiere su sentido
si vuelves tu mirada hacia los cielos
y pregonas a todas las naciones
que sin amor no hay nada,
y con Amor lo es todo,
que valemos porque Dios nos ama
y que nuestra vida será plena
cuando amemos a todos como hermanos.
Y si así lo hicieres hermano,
como te lo enseña el Niño de Belén,
al final de tu vida podrás unirte
al coro de los ángeles que cantan:
Paz a los hombres que hacen el bien!
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Romancillo de la Buena Nueva
Una voz gritaba en el cielo limpio;
"En Belén, hermanos, esta Dios nacido".
Subid camelleros desde el Alto Egipto,
donde el Nilo acuna su canción de siglos.
Bajad, los pastores, desde el Monte Líbano.
Hoy a Belén llevan todos los caminos.
Allí mercaderes de Sidón y Tiro,
sirios y arameos, hebreos, judíos.
Magos de la Persia, brahamanes del Indo,
Y Reyes de Oriente y nubes y trinos y el río Jordán
pez de plata vivo.
Arpas y rabeles, alondras y mirlos,
nevados almendros, palmeras y ríos,
cantad mas deprisa porque sois testigos
que, a Belen, acaba de bajar Dios mismo.
Ángeles despiertos, pastores dormidos,
los que no creyeron y los que han creído,
corred mas de prisa porque es ya nacido
el clavel moreno injerto de lirio.
Milagro mas grande no verán los siglos.
!El Dios de los cielos hecho, en tierra, niño!






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