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De la parabóla del sembrador
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Tema: De la parabóla del sembrador

  1. #1
    Miembro Activo Array Avatar de Paco
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    Predeterminado De la parabóla del sembrador




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    El diablo conoce el tremendo potencial de la palabra de Dios,a veces incluso más que los propios cristianos.Él mismo fue derrotado por el Señor Jesucristo cuando fue tentado mediante la "simple"utilización de esta poderosísima arma.Una de las principales lineas de combate del enemigo en el mundo en que vivimos es atacar a la palabra de Dios en todos los ámbitos y esferas posibles.Desde su fiabilidad hasta su autoridad.En el mundo en que vivimos la biblia sigue sufriendo ataques virulentos y cada vez es más difícil para el cristiano auténtico seguir aferrado a ella, ante las burlas y descalificaciones que proliferan alrededor nuestro y que nos presionan para que lo relegemos a un papel, como mínimo secundario.Así que es muy fácil de entender que Satanás esté sumamente interesado en quitar cuanto antes la palabra de la vida del creyente, y así evitar que el creyente crezca, madure y sea útil en las manos de Dios.Si logra que los creyentes sean insensibles ante la palabra de Dios, habrá logrado su mayor victoria,ya que sabe perfectamente que la Salvación no nos la va a quitar.De esa manera el creyente estará a oscuras(por cuanto es "lampara a nuestros pies")desarmado ("por cuanto es la espada del espíritu") sucio ("por cuanto no somos lavados por ella") desaliñados ("porque es un espejo en el que nos vemos").....en fin hechos un verdadero desastre.....
    Concluyo pues que:
    El próposito de la semilla, de la palabra de Dios,no es simplemente ser "escuchada".Tampoco es llegar a ser "comprendida" o "entendida", sino que su fin último es que sea asimilada por el que la oye para que produzca un resultado determinado en su vida.

    por:JROVEMAN
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  2. Los siguientes 4 usuarios agradecieron a Paco por este útil mensaje:

    bethel (07/05/2009), dori (08/05/2009), nerana (08/05/2009), Paz (07/05/2009)

  3. #2
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    Predeterminado Re: De la parabóla del sembrador




    De la parabóla del sembrador

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    Si del primer terreno nos llama la atención el hecho de que no recibe la semilla de ninguna manera, sino que la rechaza,la desprecia y finalmente es arrebatada,lo que más nos llama la atención del segundo terreno no es tanto que la reciba, sino la forma en que lo recibe.Mateo y Marcos señalan que la "semilla brotó pronto",incluso en comparación con la buena tierra,de la que no se dice semejante cosa.Y los tres evangelistas al relatar la explicación a la parabóla que el Señor mismo da, enfatizan que la reciben "con gozo",es decir con entusiasmo y con alegría.No solamente la recibe,sino que rapidamente comienza a dar pasos que apuntan a que va a dar fruto bueno y en cantidad.
    El Señor nos da la explicación cuando nos dice que ésta es la gente que
    oye la Palabra y reacciona de forma rápida, efusiva y gozosa. Y, como se ha
    afirmado desde el principio, esto se puede aplicar a la hora de sembrar cualquier
    tipo de semilla de la Palabra de Dios. Seguro que todos tenemos muchos en
    mente la reacción de personas ante la predicación del Evangelio en ciertos
    ámbitos. Grandes y espectaculares actividades evangelísticas en donde la gente,
    tras escuchar la música, o una predicación super-emotiva, se emocionan y toman
    decisiones acerca de su futuro espiritual de forma muy rápida. Pero también
    ocurre ante la exhortación de la Palabra, quizá de forma más evidente en eventos
    o ocasiones especiales. Muchos cristianos se han sentido “tocados” por un
    mensaje concreto, o en una situación concreta (campamento, retiro, conferencia,
    etc...) y han mostrado vehementemente su deseo de seguir al Señor y poner por
    obra aquello que han recibido a través de la Palabra. Enfatizar el hecho de que no
    estoy en contra de todo ello, ni mucho menos, pues ya he citado a estos
    elementos como un “arado” que en ocasiones utiliza el Señor para quebrantar
    nuestro corazón duro e insensible ante al Palabra. En ambos casos, la dura
    realidad nos muestra que la gran mayoría de las veces, esta respuesta tan rauda
    y vehemente se diluye en muy poco tiempo. Es una respuesta superficial,
    movida solamente por emociones y circunstancias y no una respuesta auténtica.
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  4. Los siguientes 2 usuarios agradecieron a Paco por este útil mensaje:

    bethel (08/05/2009), Guerrera de luz (08/05/2009)

  5. #3
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    Predeterminado Re: De la parabóla del sembrador




    De la parabóla del sembrador.....(por jrove)


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    Somos “pescadores” de hombres, buscando alcanzar a otros para Cristo. Somos
    “soldados” al servicio de nuestro Señor, en lucha continua contra el Enemigo y sus
    huestes. Somos “mayordomos” de todo aquello que Dios nos da para que lo
    administremos. Y también nos convertimos en “sembradores” de la Palabra. Creo
    que, tristemente, no nos damos cuenta de esa realidad o pensamos
    erróneamente que esa es solamente responsabilidad de unos pocos.
    La realidad bíblica es que todos somos sembradores y si no hacemos el
    trabajo de siembra que nos corresponde, otros lo harán por nosotros. Esta
    “siembra” ajena podrá ser o no de nuestro gusto, así como sus resultados y no
    tendremos más remedio que aceptarlos. Muchos de los fracasos de nuestra vida
    tiene que ver con nuestra dejadez o negligencia a la hora de cumplir con nuestra
    responsabilidad de sembrar. Pero “sembrar” no tiene por qué ser necesariamente
    “predicar” o “exponer un pasaje”. Para sembrar la Palabra de Dios no hay que
    sentar necesariamente al otro en un banco y comenzarle a predicar un texto
    bíblico. Cada vez que enseñamos o inculcamos principios éticos y morales o
    exhortamos a un estilo de vida que están sacados claramente de la Palabra de
    Dios, estamos sembrando dicha Palabra. Y también mostrando un ejemplo de vida
    cuando este proviene de la Palabra de Dios, también es siembra de la Palabra.
    Por lo tanto, nadie está exento de esta responsabilidad (y también privilegio).
    “Delegar” en otros o simplemente “pasar del tema y esperar un milagro” es un
    riesgo muy grave que puede traer terribles consecuencias. Además, por muy
    bueno que sea el trabajo de siembra que hagan otros en “nuestros campos”,
    podemos llegar a estropearlo con nuestra falta de coherencia y de poco servirá.
    Sin duda alguna, sembrar es un trabajo arduo y penoso. Implica también
    un ejercicio activo de fe, pues hay muchos factores que pueden estropear la
    cosecha y que son totalmente ajenos al control del sembrador: el sol, la lluvia, el
    viento... Pero es una labor a la que nos debemos dedicar con entrega y no
    descuidarla. “Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá
    andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; Mas volverá a venir con
    regocijo, trayendo sus gavillas.” (Salmo 126:5-6).

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  6. El siguiente usuario agradeció a Paco por este útil mensaje:

    bethel (10/05/2009)

  7. #4
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    Predeterminado Re: De la parabóla del sembrador




    Cita Iniciado por Paco Ver Mensaje
    Extraido de la parabóla del sembrador

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    El diablo conoce el tremendo potencial de la palabra de Dios,a veces incluso más que los propios cristianos.Él mismo fue derrotado por el Señor Jesucristo cuando fue tentado mediante la "simple"utilización de esta poderosísima arma.Una de las principales lineas de combate del enemigo en el mundo en que vivimos es atacar a la palabra de Dios en todos los ámbitos y esferas posibles.Desde su fiabilidad hasta su autoridad.En el mundo en que vivimos la biblia sigue sufriendo ataques virulentos y cada vez es más difícil para el cristiano auténtico seguir aferrado a ella, ante las burlas y descalificaciones que proliferan alrededor nuestro y que nos presionan para que lo relegemos a un papel, como mínimo secundario.Así que es muy fácil de entender que Satanás esté sumamente interesado en quitar cuanto antes la palabra de la vida del creyente, y así evitar que el creyente crezca, madure y sea útil en las manos de Dios.Si logra que los creyentes sean insensibles ante la palabra de Dios, habrá logrado su mayor victoria,ya que sabe perfectamente que la Salvación no nos la va a quitar.De esa manera el creyente estará a oscuras(por cuanto es "lampara a nuestros pies")desarmado ("por cuanto es la espada del espíritu") sucio ("por cuanto no somos lavados por ella") desaliñados ("porque es un espejo en el que nos vemos").....en fin hechos un verdadero desastre.....
    Concluyo pues que:
    El próposito de la semilla, de la palabra de Dios,no es simplemente ser "escuchada".Tampoco es llegar a ser "comprendida" o "entendida", sino que su fin último es que sea asimilada por el que la oye para que produzca un resultado determinado en su vida.

    por:JROVEMAN
    gracias por el texto ha sido de bendicion, y creo que como cristianos deberiamos preocuparnos mas por conocer las escrituras y obedecerlas!!!
    dlb!!!!!
    D.T.B.
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  8. El siguiente usuario agradeció a aida por este útil mensaje:

    Paco (10/05/2009)

  9. #5
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    Predeterminado Re: De la parabóla del sembrador




    De la parabóla del sembrador

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    Es muy interesante que de los tres elementos que aparecen en la parábola,
    el énfasis no recae ni en el sembrador ni en la semilla en sí misma. El Señor
    no hace ningún tipo de comentario o reflexión acerca de ellos, ni positivo ni
    negativo. Los factores que diferencian el fruto o su falta del mismo no es que la
    semilla sea buena o mala, que la semilla tenga o no capacidad de producir o que
    la semilla de fruto de mayor o menor calidad o mayor o menor cantidad. Tampoco
    habla en absoluto sobre la capacidad del sembrador, si lo hace bien o mal, o si
    podría mejorar o cómo podría hacerlo mejor. La responsabilidad última del éxito
    o del fracaso recae, en este pasaje, sobre el terreno en el que cae la semilla
    sembrada por el sembrador y no sobre la semilla ni sobre el sembrador.
    A veces nos quejamos que no hay fruto porque los sembradores son
    malos y la semilla de mala calidad. Por supuesto que no se puede eludir esta
    responsabilidad, y cualquier persona que siembra (y es una labor de todos) debe
    de hacer todo lo posible que esté en su mano y esforzarse por mejorar su
    técnica de sembrado y de buscar la mejor semilla posible. Pero es tan grande
    el poder de la Palabra de Dios en sí misma que, por malo que sea el sembrador,
    tiene la extraordinaria capacidad de producir fruto. Cuando veamos en detalle los
    diferentes “terrenos” consideraremos la problemática de cada uno e incluso el
    motivo por el cual llegaron a ser así. Pero la lectura imparcial del pasaje no deja
    lugar a dudas: la semilla tiene todo el poder y capacidad para dar fruto, el
    papel del sembrador es secundario y no tiene demasiada importancia en el
    resultado final, lo que marca la diferencia es el terreno en el que cae.
    Y Lucas al hablar tanto del terreno junto al camino como de la buena tierra
    habla del “corazón”. El corazón en la Biblia y para los hebreos no era
    simplemente el órgano que bombea la sangre y que es fundamental para la vida
    humana. El corazón habla de la personalidad del ser humano, del centro de sus
    emociones y su voluntad. El texto nos habla de cómo las personas reciben la
    Palabra de Dios, clasificándolos en 4 tipos o grupos diferentes, cada uno con su
    circunstancia y proceso especiales y describe como es eso lo que va a decidir el
    resultado final de si da fruto o no.
    Esto ocurre “mientras sembraba” o “al sembrar”. Los 4 tipos están
    presentes en la misma “sembrada”. No habla de 4 actos diferentes sobre una
    misma clase de terreno, sino un solo acto que recae en las 4 clases de
    terreno. Cuando la Palabra de Dios es sembrada, entre sus receptores u oyentes
    encontramos los diferentes tipos de persona con actitudes muy distintas ante esa
    Palabra. Y los encontrarlos simultáneamente ante un mismo acto de siembra,
    cada vez que se expone la Palabra de Dios. Ante una misma semilla y un mismo
    sembrador podemos encontrar un amplio abanico de respuestas, desde la más
    absoluta indiferencia a un resultado de buen fruto, tal como relata la parábola.
    cada uno de nosotros tendremos que
    analizarnos a la luz de la Palabra y contestar a las preguntas:
    T ¿Qué tipo de terreno soy?
    T ¿Cuál es mi actitud ante la Palabra de Dios?
    T ¿Estoy dispuesto a permitir que la Palabra de fruto en mi vida?
    Que Dios nos dé luz a todos para examinarnos con franqueza y, sobre todo,
    disposición a arreglar lo que tengamos que arreglar en nuestras vidas, a fin de que
    seamos personas sensibles a la Palabra y dispuestas a dejar que ella obre en
    nuestras vidas.

    Bendiciones
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  10. El siguiente usuario agradeció a Paco por este útil mensaje:

    bethel (10/05/2009)

  11. #6
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    Predeterminado Re: De la parabóla del sembrador




    PARÁBOLA DEL SEMBRADOR

    No Enlazar

    Mateo 13:1-9, 18-23
    Marcos 4:1-20
    Lucas 8:4-15

    SESIÓN 1: INTRODUCCIÓN
    Jesús, sin duda alguna, era un extraordinario maestro. No tenía los

    elementos técnicos que tenemos hoy día, pero utilizaba los que existían en su

    época de una forma única para que sus oyentes captasen la enseñanza y la

    pudieran retener fácilmente en sus mentes. Una de sus principales herramientas
    a la hora de enseñar era la parábola. Es una sencilla historia sacada de una

    escena de la vida cotidiana para ilustrar una verdad o enseñanza espiritual de

    forma clara y precisa. En este caso, Jesús pone delante de sus oyentes (que son
    personas que viven en una cultura eminentemente agrícola y ganadera) una

    escena de la siembra. Un sembrador que esparce su semilla sobre los campos y
    como el éxito o fracaso va a depender del tipo de suelo sobre el que cae la

    semilla. Esta es la enseñanza principal de este pasaje.

    Es una parábola muy conocida y predicada, pero la gran mayoría de las

    veces se utiliza como texto para la predicación del Evangelio. Evidentemente,

    es un pasaje que sirve perfectamente para este propósito, pero notemos que la
    semilla que se siembra no dice que sea “el evangelio” (aunque Mateo la define

    como “la palabra del reino”) sino que es “la palabra de Dios” (Lc. 8:11). Por

    supuesto que el Evangelio es palabra de Dios, pero no toda la palabra de Dios es
    Evangelio. La misma Palabra refiriéndose a sí misma afirma que “es útil para

    enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en toda justicia, a fin de que
    el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (1ª
    Tim. 3:16-17). La parábola describe los efectos o las consecuencias, el fruto que
    produce o deja de producir cualquier porción de la Palabra de Dios,

    independientemente del pasaje, contenido temático o del objetivo que se busca.
    Hay que tener muy claro que la semilla tiene como finalidad producir un

    resultado o fruto. Si plantamos semillas de trigo, no importará lo alto que sea el
    tallo si no da granos de trigo. Si plantamos semillas de flores, no importará el

    tamaño o color de sus hojas, si al final no salen flores. De la misma forma, toda
    exposición de la Palabra de Dios tiene un objetivo final y último (o al menos

    así debe de ser), un “blanco al que se apunta” quien la proclama. Si predicamos
    Evangelio, por supuesto que ese fin último es que la persona se convierta y sea
    salva. No es suficiente con que esa persona “conozca” la historia y sienta una

    cierta inquietud o se preocupe por el más allá. El fruto o resultado buscado será
    la conversión. Pero si estamos compartiendo un pasaje de Proverbios, como

    hemos hecho últimamente, el objetivo es que el cristiano tome decisiones

    correctas y viva en sabiduría. Por lo tanto, en este caso, el fruto serán vidas de
    sabiduría. Y así es con cualquier propósito a la hora de compartir la Palabra de

    Dios. Hay que tener muy en cuenta que, dependiendo del tipo de semilla que

    plantemos, deberemos valorar los frutos que se esperan y los veremos o no.

    En consecuencia de todo lo dicho anteriormente, el sembrador no va a ser

    exclusivamente el evangelista o el que hace dicho ministerio. El sembrador será
    toda aquella persona que comparte la Palabra de Dios con otros. Y esto no

    es solamente labor de los predicadores, de los líderes de la congregación, de la

    Escuela Dominical o de cualquier persona que tenga un ministerio relacionado con

    la exposición o enseñanza de la Biblia. Una de las muchas cosas que han ocurrido

    en nuestras vidas al ser salvos es que tenemos que “trabajar” en muchos oficios.
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